Fútbol
Román Carobolante y el valor de insistir
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Formado en el baby local y con paso por Lanús, el volante regresó a San Francisco para no perder continuidad y hoy pelea un lugar en la cuarta división de Sarmiento de Junín. A los 19 años, sostiene una convicción que no negocia.
Román entrena por la mañana en Junín y atiende el teléfono con la naturalidad de quien todavía se siente un pibe del barrio. Pero su recorrido ya tiene capítulos importantes. Desde Tarzanito hasta Lanús, desde la pandemia al regreso a La Milka, y ahora una nueva oportunidad en Sarmiento, su historia está atravesada por una convicción clara: no quiere hacer otra cosa que no sea jugar al fútbol.
“Arranqué a los 3 o 4 años en Tarzanito”, recuerda. Vivía en La Milka y la cancha le quedaba a pocos metros. De ahí pasó por Proyecto Crecer, tuvo un breve regreso a Belgrano cuando su categoría comenzó a competir por los puntos y volvió otra vez a Crecer antes de cerrar su etapa de Baby Fútbol en El CADO.
En El CADO disputó sus últimos años del Baby y jugó el Nacional con la 2006 y con la 2007. “Perdimos en octavos los dos torneos, pero fue una experiencia hermosa”, cuenta. Aquellos campeonatos le dieron visibilidad y marcaron un antes y un después.
El salto a Lanús llegó de manera inesperada. Mientras disputaba un Nacional, un captador intentó comunicarse con él. “Nos llamaron como a las 12 de la noche y no atendimos porque estábamos volviendo a la cancha. Al otro día vimos el mensaje: era un captador de Lanús que tenía información mía y me invitaba a una prueba”, relata.
Viajó en febrero. El club le cubrió pasajes, hospedaje y comida. “Me dieron una semana y quedé. Al mes siguiente volví para fichar”, explica. Durante el primer año iba una o dos veces por mes porque no había lugar en la pensión. “Iba una semana, jugaba y me volvía. Era raro porque no terminaba de generar relación con mis compañeros. Después, cuando sabían que yo iba seguido, cambió”.
En 2020 logró ingresar a la pensión, pero la pandemia frenó todo. “Estuve de enero a marzo y nos volvimos pensando que eran dos semanas. Después nos encerraron. Entrenábamos por Zoom, todo físico, nada de fútbol”, recuerda.
Recién en 2022 retomó la competencia formal. “Jugué novena, séptima y sexta. Tuve continuidad y muchos minutos”. Volante central, se define como un jugador adaptable: “Fui de cinco, de ocho, también de dos y de cuatro. Igual, donde más cómodo me siento es en el medio”. Y detalla: “Si jugamos 4-3-3 me gusta más de ocho; si es 4-4-2, de cinco”.
Con el paso del tiempo, la continuidad empezó a disminuir. “Venía de un año jugando poco. Iba al banco, entraba cinco minutos o a veces no me citaban. Preferí buscar minutos en otro lado”, admite. Se fue de Lanús con el pase en mano y volvió a su ciudad.
La experiencia en La Milka tuvo un peso emocional enorme. “Fue hermosa. Yo voy a la cancha de La Milka desde que tengo cuatro años. Tiene un valor sentimental muy grande”, afirma. En el Absoluto encontró minutos, confianza y el respaldo del barrio.
Hijo de Víctor, albañil, y Laura, empleada doméstica, Román es el del medio de tres hermanos. “Mi familia me apoyó siempre. Sin ellos no podría haber hecho nada de esto”, reconoce. Gianella, la mayor, y Victoria, la menor, siguen de cerca cada paso.
La nueva oportunidad llegó a través de su representante, Luciano Picardi, de Rosario. “En Sarmiento habían cambiado la coordinación y buscaban jugadores con experiencia en AFA. Vine a una prueba, me acompañó mi mamá, y después me avisaron que había quedado”, cuenta.
Hoy compite en cuarta división y está anotado para el torneo de AFA. En su puesto hay varios futbolistas. “Somos cuatro o cinco. Es cuestión de pelearla”, asegura. Ya sumó minutos en amistosos y en el último fue titular. “De a poco me voy ganando mi lugar”.
Sobre el club, destaca la organización. “Es ordenado, planifican bien los entrenamientos y los viajes. No es lo que era Lanús, que es otro nivel, pero está bastante bien”, compara.
Román no se imagina haciendo otra cosa. “Quiero vivir de esto. Apuesto todo por el fútbol. Después si me dará o no, se verá con el tiempo”, sostiene. El objetivo inmediato es claro: “Quiero llegar a Reserva antes de que termine el año. Y si se puede, hacer pretemporada con Primera. Si no, con Reserva ya sería un lujo”.
Desde La Milka lo siguen de cerca. “Siempre que subo algo me mandan un mensaje. En el barrio están re contentos”, cuenta. Y cuando el club atravesó momentos difíciles, también lo vivió en carne propia. “Es un club muy de barrio, donde van muchos chicos que antes de estar en la calle van y se divierten un rato”.
Román también entiende que el fútbol no es solamente talento. Es constancia, paciencia y cabeza fuerte. Haber pasado por un club como Lanús, vivir en pensión y atravesar la pandemia le dejó aprendizajes que hoy valora. “En Lanús aprendí lo que es la competencia de verdad. Todos quieren jugar, todos son buenos y nadie te regala nada. Eso te obliga a crecer”, explica.
El regreso a su ciudad tampoco lo vivió como un retroceso. “Llegar a La Milka no fue bajar un escalón, fue seguir jugando. Yo necesitaba minutos. Prefiero jugar antes que quedarme esperando”, afirma con madurez. Ese paso le permitió recuperar confianza y mostrarse nuevamente.
Hoy, en Sarmiento, siente que está otra vez ante una oportunidad grande. Vive lejos de su familia, en una pensión que no es la del club sino una particular que cubre su representante, y organiza sus días entre entrenamientos, descanso y preparación física. “Es un esfuerzo, pero lo hago convencido. Yo sé lo que quiero”, sostiene.
Cuando se le pregunta qué se imagina de acá a cinco años, no duda demasiado: “Me imagino jugando en Primera. Después si es acá, en otro club o donde toque, no lo sé. Pero me veo viviendo del fútbol”. Y si algo lo define es esa determinación silenciosa que arrastra desde chico. El mismo nene que corría en Tarzanito, el que viajaba de madrugada a una prueba sin saber qué iba a pasar, el que entrenaba por Zoom en plena pandemia soñando con volver a pisar una cancha, es el que hoy pelea un lugar en AFA.
Porque para Román el sueño no es una frase hecha. Es una decisión. “Apuesto todo por el fútbol”, repite. Y en esa frase, simple pero contundente, está resumido todo su presente y su futuro.
