Resultado de la “guerra” contra la inflación
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Una panadería de la ciudad lanzó una "promoción" por la cual quienes les entreguen billetes "chicos" recibirá medialunas como agradecimiento. El dato, que puede parecer simpático, es el triste colofón al que estamos arribando como producto de la inflación que no cesa y de una economía signada por la incertidumbre.
Una panadería de San Francisco lanzó una "promoción" por la cual quien entregue determinada suma de dinero en billetes "chicos" recibirá medialunas como agradecimiento. El dato, que puede parecer simpático, es el triste colofón al que estamos arribando como producto de la inflación que no cesa y de una economía signada por la incertidumbre que lleva a la desazón generalizada.
Lo cierto es que "el problema por la falta de billetes de más baja de nominación influye notoriamente en el comercio minorista, sobre todo debido a los montos que se manejan en cada compra, lo que provoca que muchas veces el comerciante deba resignar cierto margen de ganancia", se publicó en estas páginas. En esa nota, autoridades del Centro Unión Comerciantes Minoristas de San Francisco explicaron que "la falta de billetes de baja denominación en el comercio minorista es un verdadero problema porque no se consiguen y lo que conseguís están prácticamente deshechos". Las demás actividades diarias en las que debe manejarse la moneda sufren los mismos obstáculos.
El billete de máxima denominación no alcanza siquiera para comprar medio kilo de helado, se publicó hace poco en el referido informe de este diario. Y los billetes de menor valor prácticamente han desaparecido. Ni qué hablar de las monedas, hoy solo buscadas por los coleccionistas. La destrucción de la moneda nacional es el resultado tangible de la "guerra" que el gobierno nacional declaró a la inflación hace ya mucho tiempo.
Una declaración rimbombante, estruendosa. Fruto de un relato que no tiene ni siquiera un guion ordenador. Un compendio de excusas y acusaciones que, por cierto, ninguna autocrítica incluye. Mucho menos un plan coherente, despreciado desde el principio por la verborragia a vaivenes del presidente y varios de sus ministros, varios de ellos más adversarios que colaboradores. Una narrativa plagada de excesos y de cambios de frente que repiten -con distinta denominación- maniobras y recetas que siempre fueron ineficaces para detener el alza de los precios, de instalación de temáticas y ejecución de acciones que deterioran a las instituciones de la democracia, que agigantan la grieta, que pretenden reflotar enfrentamientos ya superados y que, como es lógico suponer, no solucionan ninguno de los acuciantes dramas que vive el país.
Mientras, sin ningún rubor, continúan el derroche y el despilfarro de billetes que cada día valen menos, al igual que los ingresos de millones de compatriotas angustiados porque su mesa está cada día debe hacer repetidos ajustes. Palabra esta última odiada por quienes siguen haciendo mal las cuentas y expresan a cada paso su ineptitud.
Esto es lo que "fue" la guerra contra la inflación. La anécdota de las medialunas es el espejo en el que se asoma una derrota es tan estrepitosa como gravosa para todos los argentinos.
