Restricciones, vacunación e hipérboles
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Tras esta etapa dura en la que se espera que las medidas den resultado y la segunda ola deje de enseñar los dientes, tendrá necesariamente que llegar un tiempo en el que la vida de la sociedad no se rija solo por la evolución de las curvas de contagios y de fallecidos. Son varios los parámetros que tendrían que intervenir para la toma de decisiones después de las próximas semanas.
La prolongación y ampliación de restricciones anunciada por el gobierno nacional en la lucha contra el Covid 19 mereció numerosas reacciones y, seguramente, tendrá nuevos capítulos de debate político entre actores que no comparten visiones y, por momentos, se trenzan en disputas que aumentan la confusión y la incertidumbre.
Al mismo tiempo, sorpresa provocó la propaganda oficial que "celebra" la llegada de 10 millones de dosis al país a fines del mes de abril. Vale recordar que la promesa era que ese número iba a ser el de vacunados efectivamente en la Argentina cuando el 2020 viviera sus últimos días. Es decir, lo que hoy se festeja como un logro debió haber acontecido hace 4 meses. Quizás el país se hubiera evitado algunas de las penurias que ha vivido en estas últimas semanas.
Más allá de las circunstancias expuestas, esta reflexión no tiene la intención de cuestionar las restricciones impuestas. Sí de comprender que luego de esta etapa dura en la que se espera que las medidas den resultado y la segunda ola deje de enseñar los dientes, tendrá necesariamente que llegar un tiempo en el que la vida de la sociedad no se rija solo por la evolución de las curvas de contagios y de fallecidos. Son varios los parámetros que tendrían que intervenir para la toma de decisiones después de las próximas semanas. Por ejemplo, el golpe a la educación de niños, niñas y adolescentes que ya lleva casi un año y medio, la angustia de numerosos sectores que no pueden desarrollar sus actividades con alguna normalidad, los riesgos de hartazgo y depresión -individual y social- y el invierno que se avecina bastante hosco, entre otros.
Aprender de lo ocurrido entre el desconfinamiento tras la larga cuarentena de 2020 y la impresión de que la amenaza a la salud había desaparecido en el verano. Pero el virus siempre estuvo, mutó y se hizo más contagioso. Por ende, peligroso incluso para sectores de la población que aún no lo perciben de ese modo. Y para enfrentarlo, la vacuna asoma como la primera estrategia, por encima incluso de las restricciones de circulación y reunión.
Celebrar cuatro meses después de lo prometido la llegada de 10 millones dosis, no la vacunación de ese número de argentinos, asoma como exagerado. Se trata de una hipérbole que, si bien enfatiza que la vacuna es esencial para encontrar el camino hacia la normalidad, su masividad lejos está de ser una realidad. Se recuerda que esta figura retórica consiste en aumentar o disminuir de manera excesiva un aspecto, característica o propiedad de aquello de lo que se habla.
La acción prioritaria, en consecuencia, tiene que ser la de vacunar a la población rápidamente. De lo contrario, podría transformarse en un búmeran la hipérbole que pretendió mostrar como una hazaña haber llegado a 10 millones de dosis, exagerando un logro que no asoma como tal. Y si no se alcanza la esperada masividad en los operativos de inmunización, la hipérbole serviría lo mismo para describir lo que aconteció hasta ahora en este tema. Se podría describir, como Mario Vargas Llosa lo hace con un personaje en "La Guerra del fin del mundo" que la vacunación en la Argentina es "tan flaca que parece siempre de perfil".
