Resisten como viejo zapato de cuero
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Las cosas cambiaron bastante para los zapateros pero el oficio sigue vigente. Se combinan muchas veces con otros arreglos, sin embargo, la esencia está y, a diferencia de los materiales que hoy tienen los calzados, ellos siguen fuertes como el cuero que identificó toda una época en este trabajo.
Por Ivana Acosta | LVSJ
Si tu abuelo fue zapatero, siguió tu papá, los tíos también y naciste el día en que se conmemora a quienes realizan este trabajo quizás la vida te haya hecho un guiño. Esa es la interesante anécdota de Ignacio Giménez que junto con su madre Raquel y sus hermanas Silvia y Mercedes llevan adelante un negocio de compostura de calzados con 66 años de trayectoria, ni más ni menos.
En este tiempo ellos siguen haciendo arreglos de calzados y cambio de cierres con las valijas, mochilas y bolsos, se tuvieron que adaptar porque el zapato clásico de cuero que muchos pedían que se reparara ya no existe más, aunque eso no significa que la gente precise de un buen zapatero.
El pater familias, don Armando Giménez, llegó a San Francisco cuando tenía 20 años y ahí inició su negocio propio que ahora lleva adelante su familia. La fundación del taller de compostura de calzado sigue vigente con la esencia de hace 66 años y algunos "parches" que se hicieron para trascender en el tiempo.
Ignacio sabía arreglar zapatos de cuero y ahora ya no los ve más llegar al taller, por el contrario, hay más zapatillas y materiales totalmente diferentes. El trabajo lo divide con una de sus hermanas que también sabe componer calzado, la otra se encarga de la costura, el recambio de cierres y en el mismo espacio su mamá Raquel atiende al público y organiza los pedidos.
Raquel es la que cuando su esposo se fue siguió fuerte para que el taller pueda seguir adelante sabiendo que materia prima había y la necesidad de un buen zapatero es estructural en el mercado.

Una familia dedicada a mantener el legado que inició Armando Giménez
Nunca falta
Ignacio dijo que el trabajo siempre está en el negocio, alguien llega en busca de soluciones para un par de zapatillas o zapatos, las consultas son varias cuando se trata de bolsos, camperas, valijas que están nuevos pero el cierre dijo basta. A veces hasta pueden componer eso y no cambiarlo.
¿En cuánto se cuantifica? No hay una cartilla estándar, pero en muchas ocasiones son todas cosas que tienen solución en un taller de compostura y no se requiere una nueva para reemplazarla.
Ahí quizás radique la esencia de este negocio desde donde dijeron: "Nosotros mantenemos clientela desde siempre, vienen personas de todos los niveles sociales porque tienen la costumbre de hacerlo".
Las crisis no les han traído nuevos clientes o, mejor dicho, "no por eso llegan más personas" sino que puede responder a una recomendación, por ejemplo.

Los zapatos están en la sangre de los Giménez
Se trabaja como siempre
San Francisco pasó un buen lapso de tiempo cauto pero sin casos de coronavirus, algo que cambió notablemente en el último mes y va en ascenso. Eso lleva a las personas a tomar algunos recaudos y muchas veces eligen quedarse en casa.
"Cuando se empezaron a incrementar los casos se ve menos gente en la calle y hay una merma, pero es algo que les pasa a todos los comerciantes, la gente se cuida de salir un poco más", contó Ignacio sobre la situación actual.
Los medios de comunicación como el teléfono y WhatsApp sirven en estos casos para hacer el pedido llevarlo al negocio y volver a buscarlo, sin muchas vueltas. No obstante, eso priva a las personas que no saben que aun hay talleres de compostura de calzados de consultar porque lo vieron en la calle.
En los inicios del aislamiento, cuando se decidió implementar para los negocios el famoso "take away", en este taller decidieron implementar el delivery, sistema que no permanece más vigente porque retornaron a la atención al público tradicional, pero en ese momento fue una herramienta de gran importancia para poder trabajar.

Ni la pandemia pudo parar a los zapateros
Sobrevivir al tiempo
El negocio que fundó don Armando comenzó a trabajar en 1954, está entre los más antiguos de la ciudad entre todos los rubros y también en el propio. El trabajo la familia lo aprendió simplemente porque pasaron gran parte de su vida viéndolo y los "genes" se activaron.
"Nosotros nos hemos criado, empieza como un juego y cuando nos hicimos grandes tuvimos el oficio como opción. Yo tuve negocio por mi cuenta, pero siempre volvimos al taller y hoy en día estamos acá. En general, el que es zapatero se dedica a hacerlo desde joven", relató el joven.
Hoy en día hay menos reparadores de calzado, "después de los '90 mermó mucho el trabajo, no todos se pudieron aggiornar" y en esta época los materiales clásicos de un zapato se reemplazaron por otros más económicos.
Así "la compostura del calzado cambió mucho", antes eran zapatos ahora zapatillas. Lo mismo sucedió con los materiales que antes eran de cuero pero en este tiempo son sintéticos.
Como el cuero de aquella época las casas con talleres de reparación de calzado siguen resistiendo, es un trabajo donde se mezcla un arte clásico a pesar de que los materiales no sean los de antes.
