Renders y recorridos virtuales: una mirada local sobre cómo explorar espacios antes de construirlos
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La arquitecta María Emilia Bonetti explicó cómo estas herramientas permiten anticipar decisiones y comprender mejor un proyecto antes de llevarlo a la obra. “Si no lo visualizás, no te lo podés imaginar”, sostuvo.
La posibilidad de ingresar a una vivienda antes de que esté construida, desplazarse entre sus ambientes, observar las dimensiones de cada espacio y descubrir las vistas desde sus ventanas ya forma parte de las nuevas herramientas de visualización arquitectónica. Los recorridos virtuales y las experiencias en 360 grados permiten que un proyecto deje de ser solamente un plano o una imagen para convertirse en una experiencia interactiva.
A través de estas tecnologías, una persona puede explorar un departamento, conocer cómo se conecta el estar con las habitaciones o imaginar cómo se verá una casa una vez terminada. La herramienta también permite observar materiales, mobiliario, iluminación y detalles del entorno, aspectos que muchas veces resultan difíciles de interpretar para quienes no están familiarizados con los planos.
La arquitecta María Emilia Bonetti se dedica al modelado 3D, la producción de renders y los recorridos virtuales. En diálogo con LA VOZ DE SAN JUSTO, explicó que estas propuestas están recuperando protagonismo, especialmente entre desarrolladoras inmobiliarias que las utilizan para presentar sus proyectos como una especie de showroom virtual.
“Con un video, que es una acumulación de renders, la persona ya se siente parte del espacio o puede vivirlo. El movimiento de la cámara, una cortina que se mueve, la vegetación o una persona que camina hacen que la experiencia sea distinta. El lugar se percibe más cálido y genera una mayor sensación de pertenencia que un render fijo”, explicó.
Entrar y recorrer un espacio que todavía no existe
Una de las principales diferencias entre una imagen estática y un recorrido virtual está en la posibilidad de interactuar con el proyecto. En una visualización de 360 grados, el usuario puede girar sobre su propio eje y observar el ambiente desde distintos ángulos. En otras experiencias, también puede desplazarse de un sector a otro, como si estuviera recorriendo físicamente la propiedad.
Esta posibilidad cobra especial importancia al momento de comprender las dimensiones y las relaciones entre los ambientes. Para una persona que no trabaja en arquitectura, interpretar qué representa un espacio de dos, tres o seis metros a partir de un plano puede resultar complejo. La visualización permite trasladar esas medidas a una experiencia más cercana y comprensible.
“Vos vas interactuando y parece que estuvieras en el mismo lugar, en esa casa, departamento o edificio que se está construyendo. Podés estar en el estar comedor y después ir a la habitación para ver cómo es. Así también entendés las dimensiones”, señaló Bonetti.
La herramienta no se limita a mostrar el interior de una propiedad. También permite conocer las vistas, los edificios cercanos, la vegetación y el entorno. De esa manera, quien evalúa comprar una vivienda puede tener una idea más completa de cómo será habitarla, incluso antes de que comiencen los trabajos de construcción.
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La posibilidad de mostrar los proyectos a través de páginas web y redes sociales amplía, además, su alcance comercial. Una desarrolladora puede presentar un edificio sin necesidad de que el potencial comprador se traslade hasta el lugar, mientras que una inmobiliaria puede ofrecer una experiencia más detallada de una propiedad que todavía está en etapa de proyecto.
Del plano a la imagen
Detrás de una imagen que muestra cómo podría quedar una vivienda o un edificio hay un proceso de trabajo que comienza mucho antes de obtener el resultado final. La producción de un render parte de los planos arquitectónicos, que sirven como base para construir una representación tridimensional del espacio. En esa etapa se incorporan paredes, aberturas, mobiliario, colores y texturas. Después se definen otros aspectos, como la entrada de luz natural, la iluminación artificial, los materiales y la escala de los objetos, para lograr una imagen que se aproxime lo más posible al proyecto terminado.
“Una persona puede llegar a creer que uno aprieta un botón y se crea el render, pero no es así. Primero hay que tener una base de planos, después modelar en 3D la volumetría y, a partir de ahí, empieza la confección de las imágenes. Es un proceso bastante largo”, explicó Bonetti.
La importancia de este trabajo está en hacer visible algo que todavía existe como una idea, un plano o un proyecto. “Si no lo visualizás, no te lo podés imaginar”, resumió la arquitecta. A través de estas imágenes, quienes encargan una obra pueden comprender mejor las dimensiones de los ambientes, observar cómo se relacionan los distintos elementos y evaluar alternativas antes de avanzar con la construcción.
En ese proceso también puede intervenir la inteligencia artificial, que Bonetti incorpora como una herramienta para mejorar el realismo de las imágenes y explorar posibilidades de diseño. Puede sugerir materiales, aportar ideas para un ambiente o trabajar sobre un render ya elaborado. Sin embargo, su utilización requiere conocimientos para orientar los resultados y determinar si las propuestas son adecuadas para cada proyecto.
“Para mí, la inteligencia artificial es una herramienta de apoyo. Hay que saber cómo usarla, qué pedirle y tener un ojo profesional para darse cuenta de ciertas cosas”, sostuvo.
En ese sentido, advirtió que estas herramientas también pueden incorporar elementos que no corresponden al diseño original o que no responden a las necesidades del espacio. Por eso, aunque la tecnología amplía las posibilidades de trabajo y agiliza algunas tareas, la mirada profesional sigue siendo necesaria para revisar, corregir y definir el resultado final.
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Una herramienta que acompaña las decisiones de diseño
La evolución de los programas de visualización también plantea nuevos desafíos para quienes trabajan en esta especialidad. Bonetti considera que la realidad virtual y los showrooms digitales tendrán cada vez más presencia, especialmente porque permiten conocer un proyecto desde una computadora o un teléfono, sin necesidad de estar físicamente en el lugar.
“Creo que todas las herramientas digitales que permiten usar la inteligencia artificial y los programas de renderización se van a ir mejorando. Uno tiene que adaptarse y actualizarse a lo que se usa, porque si no, se queda atrás”, afirmó.
De todos modos, la arquitecta remarcó que los renders no deben interpretarse como una representación exacta de lo que finalmente se construirá. Los materiales, las texturas y los colores pueden presentar diferencias respecto de la imagen digital, que funciona como una referencia para anticipar el resultado.
Su utilidad, en cambio, está en facilitar el intercambio entre el profesional y quien encarga el trabajo. A partir de una visualización, el cliente puede pedir cambios en el mobiliario, probar otra combinación de colores o comparar cómo se ve un ambiente durante el día y la noche. Esas modificaciones pueden realizarse antes de avanzar con la obra.
“Cuando entrego un render, le digo al cliente que lo mire y me diga qué le parece. Puede pedirme cambiar una madera, poner una silla de otro color o ver cómo queda el ambiente de noche. Entonces lo corrijo y se lo vuelvo a entregar”, contó.
Los renders también resulta útil en proyectos de menor escala, como la remodelación de una habitación, una cocina, un patio o un local comercial. No es necesario construir desde cero para aprovechar una visualización tridimensional. En todos los casos, permite probar alternativas y anticipar posibles desaciertos.
“Si remodelaste una habitación o una cocina sin tener una visualización, después podés darte cuenta de que algo no quedó bien y la obra ya está hecha. El render ayuda a tomar decisiones previas y a saber si lo que uno imaginaba realmente funciona”, concluyó Bonetti.
Así, los avances tecnológicos permitieron ampliar las posibilidades de las herramientas de visualización arquitectónica. A partir de varios renders, hoy es posible crear recorridos virtuales que integran imágenes, movimiento e interacción para que una persona pueda desplazarse por ambientes, observar detalles y explorar un proyecto desde distintas perspectivas. La evolución de los programas de diseño y la incorporación de nuevas tecnologías, como la inteligencia artificial, hacen que estas experiencias sean cada vez más realistas y accesibles. De esta manera, la arquitectura ya no solo puede mostrarse a través de imágenes, sino también ofrecer la posibilidad de recorrer y experimentar espacios antes de que sean construidos.
