Relato y silencios a un año de gobierno
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En medio del tembladeral socioeconómico ahondado por la pandemia, los problemas se aceleraron. El relato pretendió sustituir la falta de iniciativa política o mantener el equilibrio en un frente gobernante en el que ya no se disimulan las diferencias.
El gobierno presidido por Alberto Fernández cumple un año de gestión. No cualquier año por cierto. Un año dominado por la pandemia del Covid 19 que obligó a establecer medidas sanitarias draconianas durante mucho tiempo, que paralizaron la ya dañada economía nacional hasta llegar a profundidades pocas veces vista, más allá de la siempre floreciente costumbre argentina de ahondar los problemas y postergar las soluciones.
El gobierno debió equilibrar muchos ámbitos de la vida nacional en estos largos meses de cuarentena. Asumió en un momento también crítico desde lo social y lo económico hace 365 días. Es preciso señalar este aspecto para establecer que los problemas del país no comenzaron en diciembre pasado.
Pero tampoco debe desconocerse que se remontan a décadas de retroceso en la que nadie en la dirigencia política está en condiciones de arrojar la primera piedra. Meses después llegó la pandemia y las decisiones sanitarias, no siempre coherentes, determinaron una cuarentena casi perenne que hizo estragos en la trama social y en determinados muchos sectores de la actividad productiva.
En medio del tembladeral socioeconómico ahondado por la pandemia, los problemas se aceleraron. No hubo clases presenciales y el deterioro educativo se puede haber profundizado a pesar del enorme esfuerzo del sistema por mantenerlo funcionando. La inseguridad -especialmente en los grandes centros urbanos- fue ganando terreno y preocupando. La inflación no se detiene. La incertidumbre sobre el tiempo de cambio permanece. Y la pandemia nos ubicó en el sexto lugar a nivel mundial en materia de contagios y también entre los primeros al compararse fallecidos por millón de habitantes.
Ninguno de aquellos problemas ha sido resuelto, aunque algunas medidas puntuales pudieron contener el ambiente social en medio de las restricciones sanitarias. En verdad, algunas disposiciones ayudaron a paliar en parte los problemas que se iban presentando.
Pero en otros, el relato pretendió sustituir la falta de iniciativa política o mantener el equilibrio en un frente gobernante en el que ya no se disimulan las diferencias. También merece un destacado el acuerdo con los acreedores para renegociar la deuda externa. Y las conversaciones que se mantienen con el FMI en el mismo sentido.
De todos modos, se cumple un año y es tiempo de algún balance. Provisorio por cierto. Limitado quizás teniendo en cuenta las situaciones por las que debieron atravesar las decisiones de gobierno. Lejano es el tiempo en el que el Presidente gozaba de alta popularidad en las encuestas cuando, con tono pedagógico y acompañado de gobernantes de distinto signo, iba anunciando las medidas sanitarias.
Con los meses ha crecido una duda que no ha podido ser desterrada. Una sospecha que fue cobrando fuerza con el correr de los acontecimientos y se resume en un solo interrogante: ¿quién conduce el gobierno?
Es que la agenda política se ve dominada por temáticas que no forman parte de la preocupación de la mayoría de la sociedad. El Presidente es un equilibrista que procura no molestar a ninguna de las facciones de su frente político. Al mismo tiempo, acepta casi con resignación que se dé marcha atrás con iniciativas del Ejecutivo, se expongan contradicciones evidentes o se presenten situaciones en las que directamente se decide no emitir opinión con el consabido costo que esto implica.
Los temas que se engloban en este panorama van desde la reforma judicial, pasando por las investigaciones por corrupción, cuestionadoras cartas públicas, anécdotas lamentables como la de un ministro que "inventó" un diálogo de una reunión en la que no estuvo y hasta la postura oficial del país en relación con Venezuela. Tanto, que en algunas de estas cuestiones, los especialistas en generar relatos prefieren el silencio. Que, por supuesto, dice mucho más aún.
