Relajamiento y mediocridad
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Para la mirada presidencial, el sistema de salud -en especial el privado- se desanudó la corbata y comenzó a atender otras patologías en lugar de dedicarse exclusivamente a la lucha contra el Covid. La reflexión es tan ilógica como irresponsable. Es una obviedad que la gente también sufre y muere por otras enfermedades que deben ser atendidas.
La dinámica de la vida política del país impide hacer reflexiones más allá del mínimo corto plazo. Las peripecias que se viven en la vertiginosa realidad argentina son tantas que se hace complicado el intento de encontrar explicaciones a palabras, acciones y decisiones que se suceden una tras otra casi sin ningún orden lógico. Se prefiere el barullo a la discreción, lo que genera un torbellino imparable de desatinos.
El anuncio de las nuevas restricciones por la presencia amenazante del Covid 19 que hizo el presidente de la Nación días atrás resumió este inefable y confuso estado de cosas. Si bien algunas medidas pueden ser atendibles y otras se prestan a las polémicas, lo cierto es que los enredos principales se generaron por la falta de argumentaciones y evidencias que las sustenten y por algunas expresiones desafortunadas -para no utilizar otros términos más fuertes- del primer mandatario.
Un verbo se convirtió, así, en protagonista de innumerables comentarios. La alusión a la supuesta relajación del sistema de salud en la lucha contra el virus en el discurso dio pie a las más variadas reacciones y cuestionamientos. Más tarde el propio presidente pretendió aclarar los alcances del uso de este término. Y oscureció aún más el panorama. Lo mismo hizo el gobernador de Buenos Aires, convertido en prácticamente el único exégeta de la visión del primer mandatario sobre la gestión de la pandemia.
Relajar proviene del verbo latino "relaxare", que significa aflojar intensamente. Es decir, para la mirada presidencial, el sistema de salud -en especial el privado- se desanudó la corbata y comenzó a atender otras patologías en lugar de dedicarse exclusivamente a la lucha contra el Covid. La reflexión es tan ilógica como irresponsable. Es una obviedad que la gente también sufre y muere por otras enfermedades que deben ser atendidas.
A decir verdad, hay varias otras facetas de la política nacional que están relajadas. Y son amenazas para el país. Por ejemplo, relajada está la vigencia de las instituciones democráticas por actitudes autoritarias, cómodas en algunos casos e interesadas en otros. Aflojadas intensamente están las cuentas públicas que dispendian a los cuatro vientos los recursos aportados por los contribuyentes. Bien relajada se encuentra una inflación que no conoce de cinturones. El relax se nota también en la llegada espasmódica de las vacunas y en la mediocridad de los argumentos que se ofrecen en el debate público reveladoras de que no se hace mucho esfuerzo intelectual en determinados círculos de la política nacional.
José Ingenieros fue quien describió hace muchas décadas al hombre mediocre. Y escribió sobre la política de las piaras, "hostil a la firmeza y propicia al relajamiento", en la que los ideales se pierden y "los espíritus subalternos medran con torpes intrigas de antecámara". Una realidad en la que "nadie se sonroja cuando todas las mejillas pueden reclamar su parte en la vergüenza común".
