Región Centro: ¿20 años no son nada?
:format(webp):quality(40)/https://lvdsjcdn.eleco.com.ar/Imagenes/Image8ea303081ebc4d4caa67b716f153101b.jpg)
La unión de tres provincias fue una respuesta ideal a la supremacía porteña y un esbozo palpable de que el federalismo puede hacerse visible.
San Francisco fue escenario, hace hoy exactamente 20 años, de un hecho trascendente en la lucha por alcanzar el tan declamado federalismo. Los gobernadores de Córdoba y Santa Fe, por entonces Ramón Mestre y Jorge Obeid, firmaron aquí la creación de la Región Centro, plasmando en los papeles una idea que existió desde los orígenes de la organización nacional.
En aquel tan recordado acto concretado a pocos metros del Camino Interprovincial y de la ruta nacional 19, se sentaron las bases de una iniciativa que estaba destinada a modificar la vida de los habitantes de ambas provincias, mediante la integración en ámbitos variados. Fue el comienzo de un período en el que se hicieron muchas promesas y hubo pocas concreciones.
Lo más positivo de haber llegado a 20 años de la Región Centro es, precisamente, mantener vigente la idea de la integración. Porque aunque falta mucho para plasmar en la realidad aquellas intenciones firmadas en San Francisco, el espíritu de integración existe aún en los habitantes de ambas jurisdicciones, en especial quienes viven en el oeste santafesino y el este cordobés. Lo negativo es que durante mucho tiempo se hicieron anuncios que luego no se concretaron y que están pendientes de realizar.
En esta columna se ha advertido en reiteradas ocasiones sobre la necesidad de fortalecer los lazos entre Córdoba y Santa Fe -y también luego Entre Ríos- en el convencimiento de que el valor de la Región Centro tanto desde lo económico como de lo político y social está fuera de discusión. Porque la unión de las tres provincias fue una respuesta ideal a la supremacía porteña y un esbozo palpable de que el federalismo puede hacerse visible. Sin embargo, 20 años, la Región Centro está plagada de buenas intenciones "pero sufre el mal de las escasas concreciones", se escribió aquí hace algunos años.
El sueño de la integración tuvo algunos tibios avances. Se llevaron a cabo varias cumbres de gobernadores -San Francisco fue incluso sede de varias de ellas-, una cantidad imposible de enumerar de reuniones, foros y comisiones integradas por legisladores y funcionarios de las tres provincias, así como deliberaciones de casi todos los sectores sociales y misiones comerciales conjuntas a países extranjeros, algunos de ellos muy lejanos.
Sin embargo, las deudas de la integración son muchas. No se consiguió unificar criterios en torno a políticas fiscales homogéneas, tampoco en materia de seguridad o salud en las fronteras jurisdiccionales y, mucho menos, en obras de infraestructura. En este último caso, la autopista que correría desde Concordia hasta Córdoba es el más saliente, quizás, de los blasones oscuros del proceso integrador.
Con motivo de celebrarse la primera década de este proceso, el constitucionalista y dirigente de la UCR, Antonio María Hernández, aludió al significado de la Región Centro y a la necesidad de hacer tangible el federalismo. Escribió hace 10 años: "Hay que comprender que es fundamental aunar esfuerzos para detener el proyecto centralista que ha producido la notoria dependencia política y económica de las provincias y de los municipios y también de las regiones. Por ello, se necesita imperiosamente dar cumplimiento al gran proyecto federal de la Constitución y superar el extraordinario grado de centralización del país, mediante una política arquitectónica que produzca un cambio sustancial de nuestra decadente realidad. Creemos que ello debe plantearse desde Córdoba y desde la Región Centro, pues es la mejor preparada para iniciar tan vasto proceso de cambio, indispensable para la plena vigencia de la república federal argentina".
Estos principios siguen siendo los mismos, así como la realidad por momentos agobiante de un centralismo que no cede un ápice. Recordar hoy aquel acto inaugural de la Región Centro es una obligación. Porque se requiere volver a la primera fuente y desandar otra vez el camino para que no se sienta la sensación de que, como en el tango, 20 años no fueron nada.
