Vóley
Raúl “Tuca” Juncos: “Formar fue siempre más importante que figurar”
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Con perfil bajo y una vocación sostenida durante décadas, “Tuca” construyó una trayectoria clave en el vóley de San Francisco. Su salida de El Tala cierra un proceso de 18 años marcado por la formación y el trabajo silencioso, y abre una nueva etapa con la misma convicción que lo acompañó siempre.
Durante casi toda su vida adulta, el vóley fue mucho más que un deporte para Raúl “Tuca” Juncos. Fue una manera de vivir, de trabajar y de entender los procesos. “El vóley es mi vida, mi pasión, mi mundo”, resume sin vueltas. Y esa frase alcanza para explicar una trayectoria construida lejos del protagonismo, pero profundamente influyente en la ciudad y la región.
Nacido en San Francisco, su vínculo con el deporte comenzó desde muy chico. Primero como jugador, impulsado por el entorno familiar y por profesores que lo invitaron a probar. “Empecé casi sin darme cuenta, siguiendo a mis hermanos, y después no paré más”, recuerda. Con los años, el vóley se volvió rutina, entrenamiento y competencia. Integró equipos, vivió torneos, viajó, se exigió. “Yo disfruté esa etapa de jugador, pero siempre me quedaba algo: mirar el entrenamiento, ver cómo mejorar”, cuenta.
Aun dentro de la cancha, su mirada ya estaba puesta en otro lugar. “Siempre me gustó el proceso, el entrenamiento, el día a día”, explica. Por eso el paso a la conducción no fue abrupto: fue una consecuencia. Colegas y entrenadores lo alentaron a capacitarse y a asumir responsabilidades desde afuera. “Me decían que tenía condiciones para enseñar, para transmitir”, repite.
Sus primeros años como entrenador los transitó acompañando proyectos y aprendiendo el oficio desde adentro. “Siempre estuve rodeado de muy buenos profesores y muy buenas personas, y eso te hace crecer”, destaca. De esa escuela se llevó un estilo que lo define: profesionalismo, respeto y perfil bajo. “Yo nunca quise destacar. A mí me importaba que el equipo sea el protagonista”, dice. Y en esa idea hay una ética: “Con mis jugadoras tengo un trato, con los padres otro, con el club otro. Cada cosa en su lugar”.
Uno de los capítulos más largos de su carrera se desarrolló en El Tala, donde trabajó durante 18 años. Allí se desempeñó principalmente en el vóley formativo femenino, con mini vóley y categorías Sub 12, Sub 13 y Sub 14. “Yo siempre trabajé desde abajo hacia arriba, nunca quise estar por encima de nadie”, señala. Para él, la formación no es un eslogan: es el corazón del deporte. “Mi deber no era que jueguen porque sí, sino corregir para que sean mejores”, afirma.
La exigencia, en su mirada, es parte de aprender. “Hay chicas que venían de lo recreativo y pasar a lo federado es un cambio enorme”, explica. “En recreativo el error da lo mismo; en competencia hay que corregir, hay que construir. Algunas lo entendieron y otras no”. Pero incluso en esa exigencia hay cuidado y método: “Yo les enseñé a separar lo que es competencia, lo que es concentración. Afuera de la cancha soy uno; cuando vamos a jugar, estoy concentrado para que tengan resultados”.
Trabajar con edades tempranas también implica comprender procesos personales. “No es fácil entrenar nenas que están pasando a la adolescencia”, admite. Por eso siempre se sintió cómodo en la base: “Yo me acostumbré a comunicar, a transmitir. Las chiquitas escuchan y aprenden; las grandes ya imponen”. Su perfil, dice, siempre fue ese: “Yo soy formador. No soy un profe que se quiere imponer”.
El aporte de Juncos al vóley local, además, no se limitó al femenino. Durante años, junto a Juan Manuel "Choco" Almada, fue fundamental en el desarrollo del vóley masculino en San Francisco y la región. “Con el Choco trabajamos mucho tiempo juntos”, subraya. “Armamos estructuras, sostuvimos equipos, empujamos para que el vóley masculino crezca”. En esa construcción hubo horas de gimnasio, viajes, torneos y un trabajo muchas veces invisible: ordenar, formar, sostener. “Lo importante era que los chicos tengan un lugar donde aprender y competir”, resume.
Con el paso del tiempo, los ciclos también se cumplen. Juncos sintió que su etapa en El Tala había llegado a su fin. “Ya no me estaba gustando cómo se estaban haciendo algunas cosas y decidí dar un paso al costado”, explica. La decisión fue personal y profesional. “Yo no soy quién para cambiar nada. Siempre respeté a los de arriba”, sostiene. El cierre no fue el que imaginaba. “Fue una salida sorpresiva, pero yo me quedo con todo lo bueno”, dice. Y aclara su postura, sin dramatizar: “No tengo problemas con la institución. Pero sí hubo cosas que me hicieron mal. Por eso elegí correrme”.
Esa transición no fue fácil. “Tuve una semana muy fea, me costó olvidar rápido”, confiesa. En ese tramo, el sostén del ambiente fue clave. “Mis compañeros y colegas me ayudaron mucho, me dijeron que no me bajonee. Que los clubes son clubes y no todos trabajan igual”, cuenta. Hoy, con la cabeza puesta en el futuro, se prepara para comenzar una nueva etapa en El Ceibo. “Voy a tratar de hacer todo lo que sé, formar y aportar desde donde me toque”, afirma. El desafío será distinto: “Arranco de arriba”, explica, en referencia a que se va a hacer cargo del primer equipo. “Pero estoy contento. Me va a exigir y eso también te hace crecer”.
A esta altura de su vida, sigue viviendo el vóley con la misma pasión. “Miro vóley todo el tiempo, voy a la cancha, disfruto desde la tribuna”, cuenta. Celebra el crecimiento del deporte en la ciudad y valora los procesos largos. “Cuando las cosas se hacen bien, los resultados llegan”, sostiene. Y se permite una alegría compartida: ver a San Francisco asomando en el mapa nacional. “Me pone feliz que haya clubes de la ciudad como San Isidro compitiendo arriba. Es señal de que se está trabajando”, asegura.
Nunca pensó en irse de San Francisco. “Tuve propuestas de otros lados, muy buenas, pero quise quedarme acá”, afirma. La ciudad, dice, le dio mucho. Y el reconocimiento también llegó, incluso en gestos simbólicos como el torneo nacional que lleva su nombre. “Eso fue muy lindo”, admite. “Hace tres años que el Nacional lleva mi nombre y vienen equipos de todo el país y de afuera. Es un orgullo, un recuerdo que te queda”.
El ciclo en El Tala se cerró. “Por algo se dio”, repite, sin rencor. Lo que queda es una trayectoria coherente, marcada por la formación y el trabajo silencioso. Y lo que viene será otro desafío. Porque, como él mismo define, “mientras haya una cancha y alguien con ganas de aprender, yo voy a seguir formando”.
