Que la derrota no opaque todo lo logrado
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El resultado final sin dudas no es el esperado. De todo modos, el crecimiento institucional y deportivo es por demás notorio. El balance, por estas horas de "calentura" tiene que ser sumamente positivo.
No se dio. San Isidro alcanzó a tocar las puertas del cielo pero esta vez le abrieron a otro. Y a otro lado se fue la alegría. Platense aprovechó la localía, hizo casi todo bien y con una actitud ganadora sacó una diferencia que supo administrar con la tranquilidad de jugar en un reducto que siempre le fue favorable.
San Isidro dejó pasar la gran chance el último domingo en casa, quizás presa de los nervios y la ansiedad. Anoche recién en el último cuarto se despojó de la presión y pudo hacer algo de lo que había mostrado durante toda la temporada.
Eso que "mostró" no fue otra cosa que la identidad de un club que supo encolumnar a toda una ciudad tras de sí, no solo en base a buenos rendimientos deportivos sino también a un orden dirigencial e institucional que es la continuación de un trabajo que lleva años haciendo.

Y es precisamente eso lo que no debe perderse de vista al calor de la derrota. Como señaló el presidente Alejandro Aimaretti, el objetivo siempre fue que la gente se identificara con el equipo y ello sucedió.
Las imágenes del estadio Severo Robledo desbordando de gente, las colas de gente haciendo cola para no quedarse afuera de los juegos claves o despidiendo al equipo en cada viaje que emprendió.
Fueron 60 partidos, 7.000 kilómetros recorridos solo en los play off, series interminables definidas en el quinto punto. Fue una lucha de un puñado de hombres, un técnico que se ganó el respeto de todos y de una dirigencia que siempre la remó contra todo.
Los Halcones hicieron quedar bien a la ciudad, enarbolaron los valores que siempre exigimos y nunca bajaron los brazos. Hoy la derrota duele y más pensar que hay que volver a empezar. Pero la peor derrota sería no volverlo a intentar. Felicitaciones San Isidro por habernos hecho vivir una temporada inolvidable.
