Qatar: elogios y contradicciones
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Al igual que Rusia en el Mundial de 2018, haber sido buen anfitrión de una excelsa competencia deportiva no exime a Qatar de cuestionamientos por su régimen limitador de las libertades públicas.
En declaraciones a Cadena 3, el ex presidente Mauricio Macri se mostró extasiado con el presente de Qatar, país que goza de un altísimo nivel de ingresos por sus exportaciones de petróleo y gas licuado. "Qatar está en una evolución fenomenal. El eje de modernización que sigue el Emir es muy potente, ellos no tienen complejos, traen a los mejores educadores, están haciendo una revolución, todo se mide, se evalúa, se capacita", destacó. En el mismo tono, prosiguió: "Esto es todo lo que queremos hacer en la Argentina y los gremios se oponen. Acá no hay gremios y los chicos reciben cada vez mejor educación". Además, Macri resaltó la infraestructura de la ciudad de Doha, y remarcó que para construir los edificios "han traído a los mejores arquitectos del mundo, los mejores materiales.
Los conceptos del ex presidente refuerzan la noción de que la falta de sentido común es una característica de la dirigencia política sin distinción de banderías o ideologías. El abrazo con el Emir de Qatar al término de la final intentó ser aprovechado por los seguidores de Macri, para reforzar la idea de que los contactos internacionales con gobernantes "exitosos" benefician diplomática y comercialmente a la Argentina. Una idea con algunos visos de certeza, pero que origina un dilema que, al parecer, no se comprende.
Los elogios sin ambages que se desplegaron para con el gobierno del país organizador del Mundial de Fútbol abren dudas sobre la defensa de valores centrales de la vida democrática que los autócratas gobernantes de muchos países, entre ellos Qatar, ignoran y desprecian. En este sentido, las muestras de cercana relación con el Emir qatarí se asemejan a la sumisa postura que exhibió el presidente Alberto Fernández en su última reunión personal con el líder ruso Vladimir Putin, cuando ofreció a nuestro país para ser la puerta de ingreso de aquella Nación a Sudamérica tan solo unos días antes de que se emprendiera la irracional invasión a Ucrania.
Aquel encuentro de febrero de 2021 fue duramente criticado -y con razón- por quienes hoy celebran la efusividad demostrada hacia Macri por el gobernante del país organizador de la Copa del Mundo. Y también destacan virtudes de un país que organizó con éxito este evento gracias a su monumental capacidad económica, sin adoptar ningún reparo en torno a posiciones autoritarias que lejos están de los principios republicanos que proclaman.
Qatar, es cierto, gracias a su extraordinaria capacidad económica, organizó un Mundial de excepción. Que fue corroborado con encuentros de fútbol de altísimo nivel y una final para la historia. En este contexto, hasta es posible que, gracias al contacto con visitantes de buena parte del mundo libre, la familia reinante allí pueda haber comprendido los beneficios de la vigencia de los derechos humanos que, más allá de aspecto culturales que deben ser respetados, ha venido negando a muchos de sus ciudadanos y a extranjeros -mano de obra mal pagada que pretendió invisibilizarse en estos días-. Es que será difícil para ese país conseguir el mismo éxito para "lavar" su imagen cuando, además, ha sido sospechado de "comprar" la sede y se ha visto ahora involucrado en un sonado escándalo de corrupción que salpicó a las máximas autoridades del Parlamento Europeo.
Al igual que Rusia en el Mundial de 2018, haber sido buen anfitrión de una excelsa competencia deportiva no exime a Qatar de cuestionamientos por su régimen limitador de las libertades públicas. Quienes pretenden encarnar la voluntad popular en nuestro país deberían obligarse a tomar nota de la contradicción que significa defender los valores republicanos y, sin ruborizarse, elogiar con fruición a regímenes autocráticos.
