Día del Padre
Primero papá
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Eduardo “Mara” Blengini lleva años formando jugadores dentro de una cancha de básquet. Pero cuando habla de Matteo y Gaetano, sus hijos, deja de lado el rol de entrenador para ponerse en el lugar que más disfruta.
De las 24 horas del día, en la familia Blengini al menos 16 se hablan de básquet. La cuenta la hace Matteo entre risas, mientras mira a su padre Eduardo “Mara” Blengini y a su hermano menor Gaetano. Nadie parece dispuesto a discutirla. Después de todo, el deporte atraviesa buena parte de la vida cotidiana de los tres.
La pasión nació de distintas maneras. Matteo reconoce que la descubrió acompañando a su padre cuando dirigía equipos y pasaba gran parte de sus días dentro de un club. “Creo que él me instaló la pasión por el básquet. Desde muy chico me gustó este deporte”, cuenta. Gaetano, en cambio, asegura que siguió primero los pasos de su hermano mayor. Con el tiempo, ambos encontraron su propio lugar dentro de una cancha.
Para Matteo hubo una etapa en la que cargar con el apellido Blengini no fue sencillo, sobre todo cuando comenzó a jugar en equipos dirigidos por su padre. “Hasta los 15 o 16 años sentía mucho eso de ser el hijo del entrenador. Tenía miedo de que pensaran que jugaba por eso”. Con el tiempo aprendió a convivir con esa situación y a construir su propia identidad.
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Actualmente comparte el día a día con Mara en Asociación El Ceibo, donde el histórico entrenador conduce al plantel superior y Matteo forma parte de la estructura deportiva del club. Gaetano, en cambio, desarrolla su carrera en El Tala. Esa diferencia hace que cada vínculo tenga sus particularidades. Con uno comparte entrenamientos, partidos y decisiones deportivas; con el otro, el rol es exclusivamente el de padre que acompaña, observa y alienta desde afuera.
La convivencia entre padre, entrenador e hijo tampoco fue sencilla al principio. “Cuando entramos al club él deja de ser mi papá y pasa a ser mi entrenador”, explica Matteo. Esa diferencia, que hoy parece natural, llevó tiempo construirla. “Al principio se mezclaban los roles. Por ahí yo le contestaba como hijo y él me estaba hablando como entrenador”.
Pero cuando Mara intenta definir su rol, no duda demasiado: “Primero soy papá, después soy papá, tercero soy papá y después soy entrenador”.
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La frase resume buena parte de la historia. Porque detrás de los entrenamientos, los partidos y las competencias aparece algo mucho más simple. “Verlos jugar me emociona un montón”, reconoce. Gaetano lo confirma desde el otro lado: “Siempre está. Si no puede venir a verme, cuando termina el partido me manda un mensaje”.
A medida que avanza la charla, el entrenador va dejando cada vez más espacio al padre. Habla de los torneos, de los desafíos deportivos y de los sueños que todavía persiguen sus hijos, pero también reconoce que ya no son aquellos chicos que lo acompañaban todo el día al club. Matteo tiene 19 años, Gaetano 15, y cada uno empieza a construir su propio camino.
“Para mí siguen siendo mis nenes. Disfruto llevarlos al club, volver a casa, compartir una comida o una charla. Sé que en algún momento cada uno va a hacer su vida y es parte de lo que tiene que pasar”, admite.
Entonces hace una pausa y agrega una frase que resume todo: “Lo único que quiero es que sean felices”.
