Poder y verdad
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En el proceso electoral que se está viviendo en la Argentina, mientras se van conformando las fórmulas de candidatos -presidenciales especialmente-, se asiste a un espectáculo de declaraciones encontradas, confusas y a apelaciones al archivo que prácticamente nadie resiste. La verdad va cambiando con las circunstancias y se desvanece casi totalmente cuando la lucha es por el poder.
Las dos palabras del título remiten a discusiones filosóficas tan antiguas como enmarañadas. La relación entre el poder y la verdad ha sido analizada a lo largo de la historia por los más prominentes pensadores que han intentado dilucidar aspectos de la realidad a través de las redes de poder y el uso particular de las distintas verdades.
El introito se relaciona con el proceso electoral que se está viviendo en la Argentina. Mientras se van conformando las fórmulas de candidatos -presidenciales especialmente-, se asiste a un espectáculo de declaraciones encontradas, confusas y a apelaciones al archivo que prácticamente nadie resiste. Entonces, la sensación es que la verdad va cambiando con las circunstancias y se desvanece casi totalmente cuando la lucha es por el poder.
Michel Foucault postuló que existen estrechas relaciones, por ejemplo, entre investigación jurídica, metodología científica y formas cotidianas de buscar la verdad, es decir, entre dispositivos de poder y formas de acceso a la verdad. En este punto, el minucioso estudio del poder que hizo este pensador francés no refiere directamente al poder político sino a las múltiples relaciones de poder que se tejen en una comunidad humana. Los dos conceptos tienen una relación complicada desde siempre, es evidente.
De todos modos, para algunos poseer la verdad transmite poder. Pero para otros la verdad nada tiene que ver con el poder. Estos últimos sostienen que mientras se ejerce el poder se trata de hacer valer las verdades propias y suelen rechazarse las ideas ajenas como falsas. Más allá de las circunstancias, haber afirmado una cosa antes y desdecirse totalmente ahora parece ser considerada una virtud en la sociedad actual. Por cierto es positivo que se cambie de posición si se demuestra que la verdad estaba en la vereda de enfrente, pero eso no es frecuente. La sensación es que la verdad se acomoda a los intereses de quienes buscan el poder.
El sociólogo israelí Yuval Noah Harari, en un artículo reciente publicado en Estados Unidos, brinda argumentos que bien podrían haber sido extraídos de la realidad política actual de la Argentina. Sostiene que "si la lealtad política se mide a través de la creencia en una historia verídica, cualquiera puede fingir tal lealtad. Pero creer historias ridículas y extravagantes exige un costo mayor y, por ende, es una mejor señal de lealtad. Si le crees a tu líder solo cuando ella o él dice la verdad, ¿qué prueba eso? En cambio, si le crees a tu líder incluso cuando construye castillos en el aire, ¡eso sí es lealtad! Los líderes astutos algunas veces dicen de manera deliberada insensateces a fin de identificar a los devotos confiables de los seguidores condicionales". La verdad, dice Harari, "suele ser dolorosa y perturbadora". "De ahí que -agrega- quien se apega a la realidad pura tiene pocos seguidores. Un apego absoluto a la verdad es una práctica espiritual admirable, pero no es una estrategia política ganadora".
Para más, el polémico Jaime Durán Barba en su libro sobre la política en el siglo XXI enfatiza que los discursos se escuchan poco por más fundados que estén. Es decir, no son atendidos aunque haya verdades incontrastables en ellos. "Lo que se dice es el quinto de lo que se percibe, los otros cuartos son cómo se dice", plantean. Y hace hincapié en que las nuevas tecnologías cambiaron la manera de las relaciones humanas y con ello los liderazgos políticos. Asimismo, que la opinión pública se ha vuelto incontrolable con millones de personas interconectadas.
Podrían extenderse las consideraciones sobre el tema con la visión de muchos otros pensadores, pero puede incluirse en el criterio de verdad el hecho de que el laberinto formado por la relación de ella con el poder ha existido siempre y ha sido tortuosa. Y que en este tiempo agitado parece favorecer el crecimiento de las grietas y asfixiar la capacidad de reflexión.
