Planes de contingencia contra el frío extremo
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El diseño y la implementación de planes de contingencia contra el frío extremo será imprescindible en el futuro. También lo es hoy, a la luz del luctuoso saldo de hechos derivados de las primeras olas polares que han llegado al centro del país.
Informes periodísticos de medios de la capital cordobesa refieren que en mayo pasado se registraron 5 fallecimientos a causa de incendios producidos en viviendas y que tuvieron origen en el uso inadecuado de algunos elementos para calefaccionar los ambientes ante la aparición de los primeros fríos invernales.
Debido a estas situaciones tan lamentables se ha ido incrementando la preocupación por los efectos trágicos que el frío extremo puede causar si no se adoptan las prevenciones que exigen revisar todos los aparatos de calefacción y no utilizar medios que puedan generar incendios o intoxicaciones fatales con monóxido de carbono.
La grave situación socioeconómica determina que sean numerosos los hogares que no pueden acceder a sistemas de calefacción que permitan sobrellevar las gélidas temperaturas que se han registrado y las que vendrán. Al mismo tiempo, han disparado la cantidad de personas que viven en situación de calle y que padecen de modo cruel las condiciones del tiempo. Asimismo, el coronavirus sigue presente y las enfermedades respiratorias crecen en casos, algunos de ellos bastante graves. Los dolores que hemos vivido en los dos años de pandemia pueden repetirse si no existe una acción de los poderes públicos tendiente a reducir los efectos negativos de las olas polares que, invariablemente, llegarán.
Aún no ha llegado el invierno. Pero las olas de aire frío ya han provocado dolorosas circunstancias. Las carencias a las que, lamentablemente, nos estamos resignando a padecer en la Argentina amenazan con multiplicar los episodios en los que la muerte se hace presente y el frío extremo es una de las causas. Por ello, la acción de los organismos competentes debe centrarse en la ayuda a los sectores que carecen de posibilidades para darse una calefacción adecuada en sus viviendas, así como de las prestaciones médicas y sanitarias que son necesarias para salvar todas las eventualidades.
Es que las consecuencias de las temperaturas muy bajas no pueden solo ser paliadas con la acción de voluntarios y la solidaridad social. Es más que plausible el esfuerzo de quienes tejen abrigos para quienes los necesitan y de los que recorren las noches glaciales para atender a los que viven en la calle. Lo mismo el empeño que ponen los equipos de salud para minimizar los efectos de las patologías respiratorias, en especial atendiendo a los más vulnerables que son los niños y los ancianos.
Vivimos una época dominada por el cambio climático y el aumento constante de la temperatura en el planeta. Pero esto no significa que el frío vaya a desaparecer. Las olas gélidas continuarán marcando los inviernos. Al mismo tiempo que nos vayamos adaptando al calentamiento global, a las temperaturas más altas, quizás nos iremos desacostumbrando al frío, no tomaremos las medidas que corresponden. Por ello, el diseño y la implementación de planes de contingencia contra el frío extremo será imprescindible en el futuro. También lo es hoy, a la luz del luctuoso saldo de hechos derivados de las primeras olas polares que han llegado al centro del país.
