Pirotecnia cero para las fiestas
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La pirotecnia cero para estas fiestas tan especiales por lo vivido en 2020 no puede ser un eslogan. Tiene que convertirse en una realidad que marque el comienzo de una era distinta en estas tradicionales celebraciones.
Una añeja costumbre, no por ello buena, marcaba que la alegría por las fiestas de Navidad y Año Nuevo debía expresarse en ruidos ensordecedores y explosiones de cualquier tipo. Así, el uso de la pirotecnia fue, durante mucho tiempo, un hecho ineludible cuando promediaba diciembre. Petardos, bombas de estruendo, detonaciones con efectos lumínicos y hasta fuegos artificiales eran almacenados en buena parte de los hogares antes de las festividades para utilizarlos cuando la familia había terminado el brindis.
Durante años también, la primera misión periodística en el día de Navidad o el 1 de enero era consultar a los centros asistenciales sobre la cantidad de heridos que había arrojado el uso de estos materiales explosivos. Algunas personas sufrieron severas consecuencias por la manipulación incorrecta y otras -muchas veces menores de edad- fueron víctimas del mismo erróneo y a veces irracional comportamiento de los mayores. Se transformaba así el festejo en un drama familiar que, en algunos casos, tuvo consecuencias graves.
En este año tan particular, en el que debimos modificar pautas de conducta y relacionamiento social por la presencia del virus pandémico, aquellas pautas que señalaban que no había fiestas sin pirotecnia también está camino a desaparecer. Esta vez porque una ordenanza que entró en vigencia en julio pasado así lo determina. Vale recordar que el 13 de diciembre de 2019, se aprobó la ordenanza 7.155 que establece la prohibición, pero que recién entró en vigencia efectiva el pasado 1 de julio.
En un informe publicado hace pocos días, se señaló que la norma ya tuvo sus consecuencias: este año no se ha solicitado ni otorgado permiso alguno para la comercialización de artículos de pirotecnia en el ámbito local. Además, desde la municipalidad se reconoció como un hecho importante la adhesión de la ciudad de Frontera que sancionó una norma similar, así como el aporte de instituciones que trabajan en pos de la defensa de los derechos de los animales y las que conforman padres de personas con trastornos del espectro autista, siempre afectados por el ruido, a veces insoportable, de los elementos explosivos.
En este marco, para que exista definitivamente una nueva etapa en este tema, se requieren dos variables centrales. Por un lado, la toma de conciencia de la población acerca de que la pirotecnia causa inconvenientes. En este punto, las campañas de concienciación parecen haber dado sus frutos. Por el otro, el necesario control del cumplimiento de las disposiciones de la ordenanza municipal que deben ser sistemáticos y, si se comprueban violaciones a la legalidad, contener las sanciones que correspondan.
La pirotecnia cero para estas fiestas tan especiales por lo vivido en 2020 no puede ser un eslogan. Tiene que convertirse en una realidad que marque el comienzo de una era distinta en estas tradicionales celebraciones.
