Pintar "las 200": el único tesoro de la ciudad
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Un grupo de jóvenes, habitantes del barrio Hipólito Bouchard empezaron a pintar su barrio, "las 200". Qué la plaza quede más linda fue el primer objetivo de un proyecto que ahora se mete barrio adentro, para pintar lo que haga falta dejar más lindo.
Por Manuel Ruiz
Pablo Cortez y Belén Lencina vivieron muchos años de su vida
a la vuelta. Eran vecinos. No lo supieron hasta muy poco tiempo atrás, cuando a
través de Facebook se dieron cuenta que ambos habían caminado, jugado, vivido,
las mismas calles del barrio "Hipólito Bocuhard", de "las 200".
Fue eso que escribieron en la virtualidad, lo que los hizo volverse analógicos, encontrarse en carne y hueso, conocerse como los vecinos que habían sido durante muchos años de su vida.
Ese encuentro tenía al barrio como eje, las ganas, la idea, la necesidad de que ese barrio, de que "las 200" sea un lugar mucho más agradable para mirar. Que el barrio se vuelva más bonito. Fue por eso, por ese simple concepto que solo parece estético, que presentaron la propuesta al Centro Vecinal del barrio, que recogió el guante y dijo que sí para que Pablo y Belén empiecen a pintar.

"Lo esencial siempre fue decorar el barrio, darle un poco de color, hacerlo más bonito a la vista que creo que es muy importante para todos. Me gusta que el barrio pueda tener color. Hace poco me mude de vuelta para acá y me parecía que le hacía falta color", explica Pablo, mientras sostiene una botella cortada con pintura blanca que hasta hace un instante utilizaba para pintar una jirafa geométrica en esa pared que hasta hace poco era un montón de aerosol, tapado con más aerosol.
"La idea comenzó por embellecer la plaza. Esta primera pared que estamos pintando, estaba todo escita con aerosol, toda manchada de más, y es la primera pared que ven los chicos cuando salen de la escuela, dijimos de arrancar acá, pero la idea es pintar todas las paredes de la plaza. Nos gustaría meternos en la escuela y el jardín de la "Bouchard", y en el barrio, las esquinas son muy anchas, con mucha pared para colorear", cuenta Belén esquivando el sol de la siesta que pega fuerte en la plaza de "las 200" y en su cara mientras habla con LA VOZ DE SAN JUSTO.

Mientras ellos, los jóvenes, hablan con el diario, alrededor
un grupo de seis chicos que no superan los diez años de edad van y vienen con
pedazos de gomaespuma teñidas de verde que utilizan para pintar lo que sería la
continuación del pasto de la plaza en el pared de atrás, ahora empapada de
color, del Centro Vecinal.
Esos niños, que ahora pintan y que un rato antes mientras pintaban, se subían y bajaban de la bici, resultan una parte trascendental del proyecto. Porque hay una trascendencia tácita del sentido de pertenencia: los de 30 pintan con los menos de diez, los más grandes del barrio, pintan con el futuro del barrio.

"La idea, al principio era que nosotros comenzáramos a pintar en la plaza y los chicos del barrio se sumaran. Por suerte, no hizo falta invitarlos, nos vieron pintar y se fueron sumando solos. Las palabras que están pintadas, son palabras que a ellos quisieron escribir. Lo que usamos es lo que nació de ellos, y eso está buenísimo", comenta Pablo con los ojos clavados en la pintura y los chicos.
"Ese fue uno de los objetivos. Que los chicos se metan en la pintada, que se sientan parte, mas allá del arte, que tengan un sentido de pertenencia con el mural y con el barrio, aparte es un tiempo de recreación que ellos ahora usan para activar por el barrio", cierra Belén.
"De la idea que partimos, si queres podes ponerla, es de una
frase que dice: el único tesoro de la ciudad, es el barrio", dice Lencina antes
que nos vayamos.
Y el tesoro, en este caso, es para que lo disfruten los que lo construyen en esa parte del sur de la ciudad, donde el barrio vale lo mismo que el oro.
