Pedalear para disfrutar: la historia de Alcides Funes
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El ciclista sanfrancisqueño lleva cerca de una década ligado al mountain bike y hace cinco años comenzó a competir de manera más habitual. En el 2026 logró podio en prácticamente todas las carreras que disputó y recientemente consiguió el tercer puesto en el Trasmontaña, una de las pruebas más exigentes y convocantes del país. Pero para él, los resultados son apenas una parte de una historia que tiene al disfrute como principal motor.
A los 60 años, Alcides Funes no necesita demasiadas excusas para subirse a una bicicleta. Puede haber frío, lluvia, viento, cansancio o una carrera exigente por delante. Siempre encuentra una razón para salir a pedalear. Y, sobre todo, una razón para disfrutar.
Su vínculo con el ciclismo comenzó de manera casi casual, con algo de cicloturismo y recorridos tranquilos. Su hija está casada con un ciclista y, a partir de acompañarlos y ayudarlos en algunas carreras que organizaban, empezó a meterse cada vez más en el mundo de la bicicleta de montaña. Eso ocurrió hace unos ocho o nueve años.
Unos cuatro o cinco años después llegó el salto hacia la competencia. Primero fueron algunas carreras y, de a poco, comenzó a apuntar a los grandes desafíos del calendario cordobés: Río Pinto, Alta Cumbres, Los Reartes y otras pruebas de mountain bike que reúnen a cientos de participantes.
Desde entonces, la bicicleta pasó a ocupar un lugar central en su rutina. Y este 2026 viene siendo particularmente especial. Alcides cuenta que ya disputó alrededor de diez carreras durante el año y que en todas consiguió subirse al podio.
Sin embargo, hay algo que deja claro cuando habla de sus resultados: no corre obsesionado con ganar. “Si viene un podio, bienvenido”, resume. Su objetivo principal es disfrutar. “Si salí primero, salí tercero o salí último, me da lo mismo. Me divierto, me gusta, lo hago de esa forma”, explica.
Detrás de esa tranquilidad hay, de todos modos, una preparación que poco tiene de improvisada.
Alcides entrena prácticamente todos los días entre dos horas y media y tres horas, y durante los fines de semana suele afrontar fondos que pueden alcanzar los 100, 110 o incluso 130 kilómetros. No tiene entrenador: organiza sus trabajos, se suma a distintos grupos y aprovecha las salidas colectivas para completar buena parte de su preparación.
En San Francisco también forma parte de “la escuelita”, un grupo sin fines de lucro en el que ciclistas de diferentes grupos se reúnen para entrenar. A veces también sale a la ruta con otros compañeros y adapta las distancias y los recorridos de acuerdo con los objetivos que tenga por delante.
La disciplina se extiende a la alimentación y a las pequeñas decisiones cotidianas. Un asado puede estar en la mesa, pero si al día siguiente hay un entrenamiento largo, Alcides sabe que deberá moderarse. Arroz, fideos, pollo y huevos forman parte de una rutina que, reconoce, puede ser aburrida, pero que entiende como el combustible necesario para afrontar las carreras.
“Cuando fijás un objetivo, tenés que prepararte para eso. Llegás a eso y después vemos qué viene”, explica.
En ese camino, además, hay un equipo que juega un papel fundamental: su familia. Su hija y su yerno están ligados al ciclismo y suelen acompañarlo en la planificación de las competencias. Su esposa, en tanto, ocupa un lugar central en la organización diaria y en la alimentación.
“Mi principal equipo está en casa”, resume.
El Trasmontaña, otro capítulo especial
El último gran desafío fue el Trasmontaña, una competencia que disputó por cuarta vez y que este año tuvo un condimento extra: debió cambiar de compañero después de que su primo, con quien había corrido anteriormente, sufriera una lesión.
A través de conocidos llegó Juan Schnidrig, oriundo de San Francisco y radicado en Esperanza, con quien finalmente armó pareja para afrontar la carrera.
La preparación fue específica. Unas dos o tres semanas antes viajaron para reconocer las partes nuevas del recorrido y también participaron en el Campeonato Tucumano, donde Alcides consiguió el triunfo y ambos realizaron un destacado 1-2.
Después llegó el Trasmontaña, una competencia que reúne a los mejores exponentes del país y que, para Alcides, tiene un atractivo difícil de explicar. “Todos quieren estar. No sé qué tiene, pero todos queremos estar”, cuenta sobre una prueba que considera comparable con el Río Pinto por su convocatoria y exigencia.
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El clima hizo todavía más duro el desafío. Durante el sábado llovió y el domingo amaneció con apenas 2 grados. La largada fue con ropa liviana porque, después, el calor y la humedad de la selva iban a transformar por completo las condiciones.
La estrategia también fue importante. La carrera, explica, había que hacerla “de menor a mayor”, cuidando energías para llegar con resto a los últimos kilómetros. Y salió como lo habían planeado.
El final tuvo incluso algo de suspenso. Cuando llegaron, se había cortado la luz y los tiempos oficiales todavía no estaban disponibles. Alcides y su compañero solo podían guiarse por sus propios dispositivos y por las referencias de las otras parejas.
Finalmente, la clasificación confirmó lo que habían empezado a sospechar: tercer puesto en su categoría, con un tiempo de 3 horas, 54 minutos.
El podio fue la recompensa a una carrera durísima, pero también a todo lo que había detrás. Entrenamiento, alimentación, sacrificio, organización y, sobre todo, ganas.
Todavía hay kilómetros por delante
Lejos de pensar en parar, Alcides ya tiene nuevos objetivos. Entre sus próximas carreras aparecen Santa Rosa de Calamuchita, una prueba de gran convocatoria que reunirá a más de mil participantes, y posteriormente otros desafíos antes del cierre del año.
La recuperación después de una competencia como el Trasmontaña no es sencilla. El propio Alcides cuenta que los brazos y las manos quedaron muy castigados por las bajadas, los golpes y la tensión permanente sobre la bicicleta. Pero también sabe que quedarse quieto no es la solución.
Apenas unos días después de la carrera ya había vuelto a pedalear.
Porque, en definitiva, esa parece ser su fórmula: fijar un objetivo, prepararse, competir y disfrutar el camino.
A los 60 años, Alcides Funes sigue pedaleando casi todos los días. No para demostrar que puede ganarle a alguien. No para perseguir una estadística. Lo hace porque encontró en la bicicleta una forma de sentirse bien, compartir con otros y seguir poniéndose metas.
Y mientras haya un camino por delante, todavía habrá motivos para pedalear.
