Paredes que no olvidan
El artista Ramón "Monchito" Cortez plasma en paredes de San Francisco y Frontera murales tributo a jóvenes y otras personalidades que fallecieron. Para no olvidar, para siempre tenerlos presentes.
Por Stefanía Musso | LVSJ
En San Francisco y Frontera, cada vez son más las paredes que nos muestran retratos de jóvenes acompañados por un nombre y una frase. Al verlos, uno se moviliza y se pregunta qué pasó con ellos.
Cada vez más familias y amigos eligen recordarlos con un mural tributo, para que su historia se conozca y no quede en el olvido.
En Catamarca al 50, en barrio La Milka, el profesor y artista de artes visuales Ramón "Monchito" Cortez, hizo su retrato número 15. Se trata del de Gino Ponce, que falleció el pasado 4 de octubre tras quitarse la vida, aunque la familia y amigos sostienen que fue un homicidio.
En medio de ese dolor, "Monchito" fue el artífice de eternizar la sonrisa del joven de 19 años como tantos otros que hay en distintas paredes.

El retrato de Gino Ponce es el último mural que pintó Monchito a pedido de la mamá y los amigos del joven fallecido.
"Para mí es muy fuerte hacer esto porque soy de Frontera. Siempre viví y conviví con la marginalidad. Lo sentí en carne propia a la hora de estudiar y como te hacen sentir la gente cuando te cruzas para el lado de San Francisco. Te miran distinto por el lugar de donde venís, pero también por el aspecto", dijo Ramón.
Pero el artista reacciona y transforma esa discriminación en algo artístico. "Desde ahí y con esa opresión, la transformó en energía, en ganas y arte", confió.
Para Cortéz, "el retrato es eso y un compromiso con la persona, no por el valor monetario que tiene este trabajo que es simbólico sino por lo emocional. Temes en tus manos la responsabilidad de hacer un retrato para darle paz y alivio a un alma que perdió a un ser querido".
El joven lleva ya 15 retratos de personas que perdieron la vida, así como el de Diego Maradona o Juan Manuel Aróstegui que son anecdotarios. Hoy pintará el mural de Gastón Kwieton, el joven que falleció mientras jugaba al fútbol en enero pasado.
Empatía desde el arte
Movilizado por lo social y lo que le pasa al otro, Cortez se compromete con este tipo de trabajo. "En el momento en que me dan la foto, pregunto quién era. Es importante conocer su historia porque una foto no deja de ser fría y en la pintura, hay que plasmar el sentimiento, tratar que la otra persona vea a esa que se fue y que sienta que le dice algo".
"Es captar la esencia de la persona y eso no solo se percibe con lo que vemos sino también con lo que sentimos", contó.
Después de pintar, "Monchito" aseguró que se lleva una carga emocional muy fuerte a casa. "No cuento a nadie lo que me pasa y lo que vivo, pero lo que más me duele es que no puedo hacer nada más que escuchar y acompañar".

Mariano Ariel Maidana fue baleado frente a una casa de calle 18 al 400, de barrio Acapulco en Josefina, a fines de diciembre de 2018.
Cortez comenzó en 2015 a realizar estas obras. "Nunca quise hacer esto en la calle porque no me sentía tan preparado, pero en los 15 murales puse todo de mí. La motivación más grande no es el desafío de hacer algo nuevo sino de tratar que los otros vean a esa persona que se fue en un mural".
Pintar estos murales "me hace pensar la vida de las personas en la vorágine que nos vemos envueltos día a día. Me duele que sean jóvenes y que se los deshumanice. Los chicos son incomprendidos, pero cada uno reacciona a lo que ve o lo que tiene. A veces, no recibieron una educación como nosotros. Muchos no logran sobreponerse a las tentaciones que hay en la calle y eso te enseña los dos caminos, el bueno y el malo", concluyó.

Franco Albornoz falleció en un accidente de tránsito en 2017. Su retrato, ubicado en una plaza de barrio La Milka, tiene retoques de Ramón.
"Es lo más grande que pude hacer por mi hijo"
Todos los días, Alejandra Dotta sale de su casa para mirar una de las paredes de la misma. Esa es la pared donde está plasmado el retrato de su hijo Gino Ponce, quien se habría quitado la vida el 4 de octubre de 2020 aunque la familia sostiene que fue un homicidio.
En esa pared, así y sonriente, lo vio la última vez esta mamá a su hijo, quien lo saludó a las 5.45 de la fatídica noche.
"Es como tenerlo en casa. De una forma u otra, tenerlo conmigo y necesitaba tener algo de él. Es un sentimiento. Ese retrato no es una foto, es plasmar donde estuvo la última vez", dijo Alejandra. "Gino era así como en el retrato, un joven sonriente, amigable, respetuoso y no solo lo digo yo porque es mi hijo, pero sus mismos amigos y la madre de ellos me lo dicen. Tras la muerte de Gino, ellas me dicen que cambiaron, que son otros".

En calle 100 y 13 de Frontera, un mural recuerda a Rubén Bailo, de 35 años, que murió trágicamente el 15 de julio de 2019.
El apoyo de los amigos
El dolor plasmado de esta madre fue gracias al apoyo incondicional de todos los amigos de Gino, quien su casa, era el lugar de reunión y hoy lo sigue siendo, para no olvidarlo. "Este era el rincón donde los chicos estaban siempre. A veces, estaban en casa, pero cuando llegaba, ellos me respetaban y salían.
La idea del retrato surgió del llanto de esta mamá. "Estaba en un mar de lágrimas y en ese dolor, le pedí a los chicos un recuerdo de Gino en el último lugar donde lo vi parado por última vez a la madrugada. Me saludó, cruzó el campo para ir a la casa de un amigo y no lo vi más. Fue la última vez".
"En el Facebook, todos me escribían que lo llame a "Monchi" para que pinte el mural y los amigos de mi hijo me dijeron que me iban a ayudar".
El miércoles, sin dudar, los chicos pintaron las paredes de blanco y "Monchi" allí estuvo para recrear la imagen del joven de 19 años. "Había poco sol, vino la lluvia del norte y Monchi seguía pintando. Yo le decía a él que Gino lo estaba haciendo renegar porque era muy tímido", confió esta madre.
"En ese momento, con la lluvia y plasmando a mi hijo es lo que me devuelve la vida. No es una imagen que imprimí, es el rostro de Gino vivo".
Alejandra mira el retrato una y otra vez. "Gino me está diciendo que está contento, pero era vergonzoso y por eso, hizo llover".
Tanto la mamá como todos los chicos, lo llevan tatuado en la piel. "Es lo más grande que pude hacer por mi hijo, de demostrarle mi amor porque no me lo van a devolver más porque cuando se fue esa madrugada, me dormí vestida esperando su regreso y no fue así", concluyó Alejandra.

