Para recrear el espíritu de las fiestas
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La ornamentación navideña no es solo una manifestación estética. Simboliza el espíritu alegre que renueva la vida y manifiesta la esperanza en un futuro más fraterno y humano.
El diciembre que estamos atravesando muestra varias caras. En medio del fervor que despierta la actuación de la selección argentina en el Mundial de Qatar, algunas otras noticias apagan el ánimo y devuelven cierta sensación de agobio frente a una realidad que no mejora. Entre estas, las derivadas de la situación sanitaria por el Covid, de los entuertos políticos, de determinadas decisiones judiciales que involucran a dirigentes de altísimo perfil, de la sequía que impacta gravemente y de la inflación sin freno.
Este es el marco en el que estamos viviendo el último mes del año. Caliente por donde se lo mire, no solo por las altísimas temperaturas que se vienen registrando. El clima social no parece ser el mejor, aunque la llegada de las fiestas de fin de año podría ser un bálsamo para renovar la esperanza y encontrar el sendero que permita al país encaminarse en otra dirección.
Son las fiestas las que vuelven a reunir a la familia y despiertan lo mejor de cada ser humano. Cada comunidad tiene formas particulares de celebrarlas, que se expresan de variadas maneras. Pero en todas ellas, hay elementos que no faltan para "vestir" los hogares, los barrios y la ciudad toda. Desde siempre, la ornamentación navideña no es solo una manifestación estética. Simboliza el espíritu alegre que renueva la vida, que se hace eco del mensaje de Belén y manifiesta la esperanza en un futuro sin tantas complicaciones, más fraterno y humano.
Es preciso valorar en su justa medida a las representaciones navideñas, tanto en los domicilios particulares como en comercios o edificios públicos. Su mensaje es muy convincente. Forjado en la convicción de que, más allá de las creencias religiosas, el nacimiento de Jesús engloba un conjunto de valores que devuelven la esperanza en el género humano. Y que, al mismo tiempo, exigen el compromiso de renovar la vida y compartir con alegría el reencuentro con el semejante.
Todos los adornos navideños, los árboles, el Pesebre y tantas otras prácticas conocidas son elementos importantes a la hora de reeditar el profundo sentido de las celebraciones que se avecinan. Recrear estas tradiciones será un estupendo ejercicio que hará honor al nombre de la ciudad. Es que San Francisco de Asís, nuestro santo patrono, tenía especial devoción por la fiesta de la Natividad. "Si pudiera hablar con el emperador, le suplicaría que firmase un decreto obligando a todas las autoridades de las ciudades y a los señores de los castillos y villas a hacer que en Navidad echaran trigo y otras semillas por los caminos, para que, en un día tan especial, todas las aves tuvieran algo que comer. Y también pediría, por respeto al Hijo de Dios, reclinado por su Madre en un pesebre, entre la mula y el buey, que se obligaran esa noche a dar abundante heno a nuestros hermanos bueyes y asnos. Por último, rogaría que todos los pobres fuesen saciados esa noche", expresó.
Es posible que, al interpretarse que esta frase del santo de Asís, consiga abarcarse en plenitud el sentido de los festejos que nos aprestamos a vivir. Porque, mucho más en este tiempo, el mejor modo de celebrarlos es transitando el camino de respeto y cuidado de la naturaleza y de empatía y conmiseración para con el que más necesita.
