Otra cantina que se cierra por la pandemia en San Francisco
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Una nueva familia dedicada a la atención gastronómica en una cantina de la ciudad se despide de su fuente de trabajo a causa de la imposibilidad de atender a sus clientes por la pandemia.
"No nos pudimos despedir de los clientes, pero a todos les decimos `Muchas gracias", dijo Patricia Oviedo a LA VOZ DE SAN JUSTO.
Patricia
Oviedo (47) y su esposo Gerardo Luna (48) le dijeron adiós a seis años de asados, picadas, vermut y diversión a la cantina del Club Atlético Presidente Roca en calle Deán Funes
al 1500, barrio Vélez Sarsfield. Al
igual que ocurrió con la familia Saluzzo que cerró sus puertas del comedor en
las instalaciones del Club Sportivo Belgrano, los Luna se convierten en una nueva
víctima económicas que deja la pandemia del coronavirus por no poder afrontar
los gastos fijos como impuestos y alquiler. "Hace
tres meses que no trabajamos, que la gente no viene a comer, que los chicos del
fútbol no nos piden el asadito después del partido o alguien viene a jugar a
las cartas", dijo Patricia. Con un
alquiler que pagar de $4.000 más facturas de luz de $6.000 entre otros gastos,
la situación no dio para más. "Veníamos
manteniendo el pago de los impuestos como el agua y la luz y aunque nos
perdonaron un mes de alquiler, ahora tenemos que pagar y la verdad, no se
puede", explicó Oviedo.
"Los que trabajamos, queremos trabajar y hacemos aportes; siempre somos los que más sufrimos", expresó con dolor la mujer.

No se puede más
En las paredes de la cantina está la imagen del recordado docente y dirigente del Frente de Izquierda, Julio Cabrera, con quien los Luna comenzaron a dar sus primeros pasos en la cantina ya que en ese momento él era quien estaba en el cargo de presidente de la comisión del Club Presidente Roca.
Gerardo era el encargado de preparar el asado a los muchachos que terminaban sus partidos de fútbol o aquellos que simplemente querían divertirse y pasarla bien tomando unos tragos. Pero todo eso se esfumó con el cierre por completo de los espacios de reunión masiva y con eso, el adiós a tanto esfuerzo. "Veníamos trabajando muy bien porque la gente nos elegía. Los sábados abríamos a las 9 de la mañana y cerrábamos a las 11 de la noche para cumplir con todos", recordó Patricia.
Ayer en club quedaba poco porque Gerardo está llevando sus cosas a la rotisería que pertenece a Patricia y otras quedarán guardadas esperando, tal vez, volver después de toda la pandemia. "Él tiene la esperanza de volver a abrir y yo no creo que eso suceda porque es muy difícil volver a abrir un negocio".
Por el momento, Gerardo hará las veces de delivery en la rotisería de su esposa, una ayuda muy importante para ella ya que Patricia trabaja con su hermana Zulma y necesitan la mano de un hombre para mantener también su emprendimiento que está tan golpeado como cualquier otro del rubro gastronómico, habiéndose reinventado como proveeduría y venta de menúes fijos.
Con lágrimas en los ojos, Gerardo solo asintió con la cabeza con resignación contagiando el dolor y la angustia en su esposa de saber que en el momento en que cierren la puerta con llave del club presidente roca, será el adiós para siempre.