Análisis
Océanos calientes, decisiones frías
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Frente al calentamiento global, el “calentamiento político” debilita las respuestas posibles a este fenómeno y acrecienta las chances de que las transformaciones advertidas sean incluso más graves.
El estudio científico de los océanos permitió conocer la importancia que tienen para la vida humana en numerosos aspectos. Las corrientes que desplazan las enormes masas de agua permiten el equilibrio de las temperaturas y el desarrollo de ecosistemas que han favorecido la vida humana y ha generados beneficios sociales, económicos y culturales que enriquecieron la existencia.
La función reguladora del clima global es una faceta trascendente que hoy se halla amenazada. La elevación del nivel del mar y las variaciones de las corrientes son el resultado del proceso de calentamiento global que la comunidad científica ha venido comprobando en los últimos años. El impacto que tendrá en el planeta ya puede ser medido y exige la atención de la comunidad internacional frente al riesgo que supone para numerosas regiones costeras.
Un ejemplo ilustrativo de este problema es el desplazamiento de la corriente de Kuroshio, "río negro" del Pacífico, y sus efectos para las costas de Japón. Debido al calentamiento global, esta corriente sufre alteraciones sin precedentes, con un desplazamiento de hasta 480 km hacia el norte entre 2023-2024, trayendo aguas cálidas inusuales a costas japonesas. Este fenómeno ha elevado temperaturas del agua 6°C en varias zonas de la isla asiática. Las consecuencias incluyen la reconfiguración de ecosistemas marinos, impactos en la pesca y riesgos de inundación costera en Japón.
Es muy posible que la evidencia científica de este caso se replique en otras zonas del planeta, con consecuencias también medibles. Ello es así porque los océanos son el termómetro del cambio climático. Absorben el 90% del exceso de calor, por lo que la expansión térmica que se verifica en prácticamente todo el globo determina el aumento del nivel de las aguas y la suba de la temperatura en las costas.
En tiempos en los que algunos líderes niegan las consecuencias del fenómeno producido por los gases de efecto invernadero, existen hoy fundamentos científicos que desarman la idea de que estos fenómenos son coyunturales. Por el contrario, están provocando crisis severas en la industria pesquera, un desplazamiento nunca visto de especies marinas, acidificación y destrucción de las barreras de coral, entre otras alteraciones.
Asimismo, el problema ambiental afecta modos de vida y culturas milenarias. Provoca además episodios climáticos extremos, aumento de las migraciones y amenaza la seguridad alimentaria en varias regiones. Algunas ya lo están sintiendo. Y otras lo sufrirán en el futuro si no se adoptan medidas concretas para abordar estos fenómenos. En este punto, la ciencia proyecta que el aumento del nivel del mar podría ser de casi 40 centímetros hacia fines de este siglo.
La evidencia empírica y científica, cada vez más contundente, se da de bruces con la parálisis política que ha hecho retroceder los compromisos asumidos por las naciones y afectó la cooperación internacional para dar respuesta al calentamiento global. Este “calentamiento político” debilita las respuestas posibles. Y acrecienta las chances de que las transformaciones advertidas sean incluso más graves.
