Nuevo tiempo en Chile
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El nuevo tiempo del país trasandino avizora cambios sustanciales en discursos y acciones de gobierno que son -y serán- motivo de lógica discusión política. Pero mantendría el rasgo esencial del republicanismo, el respeto por la opinión ajena y el alejamiento de las aspiraciones personalistas. Es de esperar que se consolide esta visión.
La asunción del nuevo presidente de Chile, Gabriel Boric, trae aparejada una serie de interrogantes acerca del futuro del país hermano. La moderación con la que ha actuado en este período, abre la puerta para especular con que se pueden ir apagando las voces que sueñan con el retorno de la izquierda radicalizada al Palacio de la Moneda.
El populismo de izquierda latinoamericano celebró como propia la victoria electoral del nuevo mandatario chileno, pero a poco de andar quedó descolocado ante las posturas terminantes manifestadas en torno a temas candentes. Boric fue enfático en condenar la invasión rusa a Ucrania y categórico en sus cuestionamientos a los regímenes de Nicaragua y Venezuela.
El nuevo tiempo que comienza en Chile está plagado de desafíos, no obstante. Los analistas chilenos señalan que, luego de su triunfo en las urnas, Boric "puso la pelota contra el piso" y admitió que algunas de sus propuestas no podrán concretarse en su mandato, principalmente porque se halla en minoría en el Congreso y también porque existe incertidumbre sobre el resultado de la convención constituyente que está redactando una nueva Carta Magna para el país trasandino.
Miembros del equipo del nuevo gobierno manifestaron a la prensa chilena que en el primer discurso del nuevo mandatario se plantearon los grandes desafíos que deberá asumir en su gobierno. "Fue el mensaje del presidente de los cambios en Chile", indicaron. Pero de inmediato aclararon que "fue un discurso muy republicano, que le hablará a todos con mucho realismo y humildad". El uso del adjetivo republicano adquiere, en este caso, una connotación trascendente ante la avalancha de entusiasmos que suscita la asunción de Boric entre los populistas de la región, no muy proclives a respetar los principios que forjan una república.
La transición política de estos meses en Chile mostró una faceta diferente a las que se exhiben en los mismos períodos en la Argentina. Por caso, la cuestión sensible de la violencia mapuche en el sur chileno tendrá, ciertamente, medidas diferentes a las que hoy imperan. Por ejemplo, quien será ministra del Interior, Izkia Siches, anuncio que se reunirá con quienes tuvieron participación en el conflicto mapuche en el actual gobierno para recoger su experiencia. Aun con modificaciones importantes que proponen, no desdeñan las nuevas autoridades el diálogo y la posible continuidad de algunas disposiciones.
El tiempo dará su veredicto y establecerá con claridad si es real esta predisposición republicana que se observa en el nuevo gobierno de Chile. Los meses que siguieron a la elección permitieron tomar nota de algunas instancias en las que los principios republicanos estuvieron por encima de cualquier disquisición ideológica y de la tentación populista. El nuevo tiempo del país trasandino avizora cambios sustanciales en discursos y acciones de gobierno que son -y serán- motivo de lógica discusión política. Pero mantendría el rasgo esencial del republicanismo, el respeto por la opinión ajena y el alejamiento de las aspiraciones personalistas. Es de esperar que se consolide esta visión.
