Nuestra “triple frontera”
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Pasaron dos décadas y las palabras siguen superando a los hechos. Casi nada se ha logrado en materia de seguridad. Así, aprovechándose de la inacción y de las restricciones que impone la frontera provincial en barrio Acapulco, las bandas criminales, la droga y el delito son protagonistas principales de una realidad que duele y agravia.
La noticia tuvo impacto nacional y sus repercusiones aún continúan. Al menos cuatro heridos fue el saldo de un tiroteo ocurrido en barrio Acapulco, entre las calles 5 y 12. Según testigos del hecho, sobre una de esas cuadras había varios adultos y niños en la vereda, cuando de repente autores ignorados comenzaron a disparar, aparentemente usando escopetas en lo que sería un ajuste de cuentas.
Varios fueron los heridos que debieron ser hospitalizados, lo que también provocó comentarios de todo tipo en cercanías del Hospital Iturraspe. Los efectos de la noticia también se esparcieron por las redes sociales y allí se manifestó una vez más la incontinencia de muchas personas que profieren todo tipo de acusaciones sin fundamentos. La opinión por sobre la argumentación es uno de los fenómenos anómalos de este tiempo.
Volviendo al caso, llamó la atención la declaración del máximo jefe policial de la zona oeste de la provincia de Santa Fe. El titular de la Unidad Regional V, con sede en Rafaela, dijo a este diario que se trató de se trató de un enfrentamiento entre bandas antagónicas que "se dirimen el negocio del narcomenudeo". Y agregó que la verdad no se puede esconder, "no podemos tapar el sol con las manos".
La sinceridad del uniformado abre la puerta a cavilaciones de variada especie. Por un lado, es casi una confesión de la incapacidad de las fuerzas de seguridad de la vecina provincia para tener algún éxito en la lucha contra el negocio de las drogas en determinadas poblaciones como Josefina. Por el otro, no es posible asumir una postura resignada ante el espectáculo de las balaceras y la muerte.
Cientos de vecinos de barrio Acapulco y otros sectores del conglomerado urbano conformado por Josefina, Frontera y San Francisco padecen a diario situaciones violentas causadas por estas bandas de narcos que se disputan el territorio. La particular situación administrativa que supone la existencia de la frontera interprovincial ha sido, desde siempre, un elemento favorecedor del crecimiento delictivo. Salvo algunas contadas circunstancias en las que se pudo obviar el límite jurisdiccional, la acción de las fuerzas de seguridad se ve restringida. Para peor, el máximo jefe de la policía que debe actuar allí admite las condiciones limitadas del accionar de la fuerza.
La problemática también implica un desafío mayúsculo para los tres gobiernos municipales y los dos provinciales. Es hora de que se aborde definitivamente un plan de acción conjunto para luchar contra el delito y el narcotráfico. En agosto se cumplirán 20 años del lanzamiento de la Región Centro. A pocos metros de donde ocurrió el brutal tiroteo, los entonces gobernadores de Córdoba y Santa Fe se comprometieron a unificar criterios y a trabajar mancomunadamente en procurar de atender las demandas de la población. Pasaron dos décadas y las palabras siguen superando a los hechos. Lo peor es que casi nada se ha logrado en materia de seguridad. Así, aprovechándose de la inacción y de las restricciones que impone la frontera provincial en nuestra "triple frontera", las bandas criminales, la droga y el delito son protagonistas principales de una realidad que duele y agravia.
