Nuestra moneda no tiene peso
:format(webp):quality(40)/https://lvdsjcdn.eleco.com.ar/Media/202302/Image4b4c30df338b41d081965eed82ef450e.jpg)
Se mantiene la idea de "hacer la plancha" hasta las elecciones presidenciales de octubre. Y ver qué pasa luego. Mientras tanto, los precios siguen subiendo, el déficit fiscal crónico se mantiene y el Banco Central sigue colocando papeles que algún día tendrá que pagar, que engrosan las billeteras pero día tras día, pierden valor.
Más por presión de los bancos que por convicción, el gobierno nacional anunció que emitirá billetes de 2 mil pesos que estarán en la calle a partir de junio próximo, aproximadamente. Es decir, cuando valgan la mitad de hoy, de acuerdo a las estimaciones de inflación que se posicionan en un porcentaje similar o superior al 100%.
Se procura de este modo descomprimir la enorme cantidad de billetes de la que debe disponer el sistema bancario para atender la demanda de la población. Los cajeros se traban con facilidad y son numerosas las sucursales que no tienen espacio físico para albergar la enorme cantidad de papeles que se requieren cada jornada. La demanda creciente está originada en el alza sostenida de los precios, un asunto sin solución desde hace varias décadas y que no encuentra remedio por la ineficacia de las políticas económicas y la impericia de gobernantes que no comprenden, o no quieren comprender, que el origen del problema está en el despilfarro fiscal y la emisión incontrolable.
La historia de la actual moneda de nuestro país tiene poco más de 30 años. Nació como un peso convertible en 1992. Es decir, un peso valía un dólar. El final de esta política que consiguió controlar la inflación durante bastante tiempo, pero -se afirma- generó otros desequilibrios importantes, diez años después, inauguró un tiempo inflacionario que hoy vive su momento más difícil. Vale señalar que, en poco más de 20 años, el índice de precios al consumidor creció casi 22.000%.
Un artículo del economista Manuel Adorni recuerda que "al momento de su creación, el billete de $1.000 equivalía a 52 dólares. El nuevo billete de $2.000 va a nacer algo más atrás: si hoy estuviese en nuestros bolsillos, tener uno de la nueva denominación anunciada equivaldría a poseer 5,30 dólares, apenas una décima parte de lo que en su momento representaba el billete de $1.000 cuando nació". Y agrega: "Si hoy nuestra tuviésemos un billete de $37.700 (equivalente a 100 dólares), con la dinámica inflacionaria actual en 5 años ese billete tendrá el mismo poder adquisitivo que hoy tiene uno de $1.000".
En este contexto, el billete de $ 2.000 tiene un pronóstico corto de existencia. Al menos en lo referido a su utilidad para efectuar las transacciones cotidianas. Aun cuando rinda homenaje a dos figuras importantes de la historia de la medicina argentina, su aparición no constituye ningún remedio para la patología inflacionaria que destroza los bolsillos y las esperanzas de millones de argentinos.
Así las cosas, se mantiene la idea de "hacer la plancha" hasta las elecciones presidenciales de octubre. Y ver qué pasa luego. Mientras tanto, los precios siguen subiendo, el déficit fiscal crónico se mantiene y el Banco Central sigue colocando papeles que algún día tendrá que pagar. Por supuesto, con más emisión de billetes que engruesan las billeteras y que, día tras día, pierden valor. Es que aquella moneda convertible nacida en 1992, luego de un par de experiencia de hiperinflación, hoy ya no existe. Lamentablemente, no tiene ningún peso.
