Análisis
Nombrar la historia construye identidad
Sportivo Belgrano decidió colocarle el nombre de Mateo Eladio Rodríguez a la platea alta de su estadio. Cuando un club decide a quién recordar, educa y fortalece identidad hacia el futuro. Proyecta la imagen de que la institución tiene claros cuáles son los valores que debe transmitir.
Es una noticia que bien puede no haber tenido gran trascendencia, salvo para quienes palpitan a diario la vida de una institución como Sportivo Belgrano. Sin embargo, la decisión de colocar el nombre de Mateo Eladio Rodríguez a la platea alta del estadio de barrio Alberione es una decisión que excede el marco de un simple gesto, por más significativo que sea.
En principio, porque ese tramo del “Juan Pablo Francia” ya tenía nombre. Y quien había sido homenajeado tuvo un gesto que lo enaltece y merece ser reconocido. Ex goleador, expresidente y actual secretario técnico del club, Juan Manuel Aróstegui cedió el honor a otra gran figura de la historia de Sportivo Belgrano. De otro tiempo, es verdad. Pero cuyo aporte a la grandeza de la institución de barrio Alberione ha tenido similar gravitación que la del delantero que le dio el único ascenso a la segunda categoría del fútbol argentino.
Se trata de una conducta poco frecuente en estos tiempos. Aróstegui renunció a un reconocimiento personal en favor de otro referente “verde”. Su gesto exhibe una comprensión profunda del legado que un deportista puede dejar. No pierde protagonismo. Al contrario, lo resignifica y demuestra su convicción de que la institución está por encima de cualquier nombre propio.
Yendo más allá del caso puntual, es valioso que las instituciones deportivas hayan retomado una costumbre sana como la de colocar nombres de grandes atletas o dirigentes de clubes sanfrancisqueños a los espacios deportivos. Además del homenaje que significan este tipo de decisiones, se afianza el marco formativo que cualquier institución debe contener. Porque la denominación de un espacio trasmite la historia a las nuevas generaciones, genera sentido de pertenencia y construye referencias culturales bien locales. Así se fortalece la identidad y el vínculo con una institución.
A lo largo de los años, los clubes de San Francisco han tenido la virtud de homenajear a sus grandes figuras o a quienes contribuyeron a engrandecerlas. Varios son los estadios o espacios que llevan el nombre de personas destacadas. Sin embargo, en el último tiempo especialmente, la tendencia ha sido homenajear solo a figuras recientes o cercanas. Frente a ello, muchas generaciones anteriores quedan invisibilizadas y, con ello, se pierde la posibilidad de que los jóvenes conozcan a quienes fueron los pioneros.
Como exceden lo inmediato, el homenaje a las trayectorias de Eladio Rodríguez y el Patrullero Vidal -cuyo nombre ahora tendrá una de las canchas del predio de entrenamiento- permiten recrear un pasado plagado de éxitos, demostrando que la historia deportiva -y la de cualquier otra índole- es acumulativa y no se basa solo en episodios aislados.
La decisión de Sportivo Belgrano es un gesto que merece ser replicado en las demás instituciones. Porque cuando un club decide a quién recordar, educa y fortalece identidad hacia el futuro. Y el gesto de Juan Manuel Aróstegui tiene que ser valorado como corresponde. Porque demuestra su humildad y bonhomía, así como trasciende a su persona y proyecta la imagen de que la institución de barrio Alberione tiene claros cuáles son los valores que debe transmitir.
