"No sé qué sería mi vida sin el deporte"
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Con el gran objetivo de estar en los Juegos Parapanamericanos de Colombia, la jugadora sanfrancisqueña de paravoleibol, Ana Belén bertello, enfrenta un año lleno de desafíos. Más allá de lo que significa esta meta, su pasión por el deporte va mucho más allá.
La
sanfrancisqueña Ana Belén Bertello tiene una gran meta por delante, nada menos
que ser convocada a la selección nacional de paravoleibol que estará siendo
parte de los Juegos Parapanamericanos de Bogotá, Colombia, que se van a
desarrollar en el mes de junio.
De todas maneras, esta es una historia que va más allá de lo netamente deportivo, hay un entusiasmo y una superación por una actividad que la apasiona y a la cual quiere estar vinculada aún cuando "mi edad ya no me lo permita jugarlo".
Ana Belén Bertello sufrió la amputación de una de sus piernas y desde hace algunos años practica paravoleibol, deporte que tiene que hacer en Córdoba Capital ya que en San Francisco no existe esta posibilidad y la propia jugadora sostiene que sería una gran alternativa para muchas personas que podrían hacerlo y se pierden la chance.
En una extensa charla con LA VOZ DE SAN JUSTO, con mucha simpleza, Ana explicó cuáles son sus objetivos deportivos para este 2023, además de dar un pantallazo de que se trata la disciplina, que significa en su vida y la importancia que sería tenerla en San Francisco.

El sueño Panamericano
- En este año va a comenzar a finales de este mes con una concentración, donde nos van a evaluar para ver quiénes están con más habilidades y desarrollo deportivo para poder llegar al Panamericano qué es en junio de este año. Una vez que se hace la lista se seguirán haciendo concentraciones solo con los jugadores que queden seleccionados para el gran proyecto que tenemos este año, que es el Panamericano de Bogotá. Para mí sería una emoción gigante poder estar en esos juegos, representar a mi país, ponerme la camiseta de Argentina y saber que lo estoy haciendo en un deporte que me apasiona tanto sería inimaginable. Hoy en día estoy en la selección de Córdoba, juego en el "Kempes", voy a entrenar a Córdoba Capital y también lo hago en mi casa, porque en San Francisco no hay un club que practique el paravoleibol, solo hay vóley convencional. En un principio comencé con el vóley en El Ceibo, pero al tener una discapacidad motriz me hablaron de la posibilidad de esta disciplina adaptada, que se juega igual, nada más que sentado en el suelo. En su momento lo probé, me gustó y hoy estoy muy metida de lleno en la actividad.
Su llegada a esta actividad
- El paravoleibol apareció en mi vida cuando jugaba en El Ceibo. Mi entrenador era Mario Comes, a él lo habló Laura Cometto, qué es la directora del paravoley en Argentina, para hacerme saber la posibilidad de que había un deporte adaptado a mis capacidades. En ese momento tenía 12 años, dije que no, me negué, quería seguir con lo que estaba haciendo, tenía mis amigas era chica y no me animaba todavía. Después empecé a buscar información, fui viendo vídeos, me llamaron otra vez cuando tenía 14 años y estaba haciendo natación para la Agencia Córdoba Deportes. Volvió a aparecer esta opción, me invitaron a probarlo, la verdad que me gustó mucho, conocí a mis compañeros actuales, Jonathan que era un chico de San Francisco, Belén y Luz, que son los que están conmigo en Córdoba. A este deporte lo puede jugar cualquier persona que tenga una discapacidad motriz, que haya sufrido alguna amputación, que tenga carencia de movilidad o algo que sea tomado como una discapacidad que le dificulta jugar parado al vóley. En lo personal puedo jugar al vóley convencional, pero desde ya que no tengo la posibilidad de llegar a una selección Argentina, en cambio en este deporte adaptado a mis capacidades tengo esa gran posibilidad, que es por la que estoy peleando ahora.
No lo tiene cerca
- En San Francisco no hay clubes que realicen paravoleibol, desde ya que hay convencional, pero un chico que está en silla de ruedas o alguien que no pueda pararse para jugar, se pierde la oportunidad de hacer un deporte qué es hermoso, que a mí me encanta y me llena. Tuve la posibilidad en algún momento de hacer el deporte convencional, pero para el que no pueda, mirarlo desde afuera siendo espectador y pensar que le gustaría entrar a la cancha es otra cosa, sería bueno que exista esta opción en algún club. Se puede jugar en cualquier lugar donde haya una cancha de básquet, te sentás, ponés una red, no hace falta que haya reglas excepcionales y se puede entrenar en cualquier piso dónde nos podamos deslizar. Lamentablemente acá no está esa posibilidad, por eso lo hago en Córdoba. Hay muchos que no lo conocen al deporte, ese era mi caso y eso que soy una persona con discapacidad. Cuando me lo mostraron empecé a investigar, al no hacerse en la ciudad no tenía donde verlo y solo tenía a mano videos de otros países. En su momento irme a Córdoba era un trabajo enorme, más que todo para mí que empecé a los 14 años, en cambio si hubiese estado en la ciudad era más accesible, podía ir a un club, pasaba la tarde y entrenaba, pero no existe esa chance.

En deporte en su vida
- No sé qué sería mi vida sin el deporte. El deporte me cambió, al principio era más del arte, tocaba la guitarra, el órgano, pintaba, quería hacer danza pero nunca empecé. Desde chica hice natación por una cuestión de salud, no por competencia hasta que un día surgió esa posibilidad. Todas mis amigas del secundario iban a vóley y me encantó, el deporte te cambia, te saca de tu mundo y te pone en otro que es una maravilla, tu mente queda en blanco, todas las cosas que tengas en la cabeza, ya sea del colegio o problemas personales, lo que sea, haciendo deporte desaparece, se esfuma por todo el tiempo que dura el entrenamiento, incluso yendo a un gimnasio. El deporte te alegra el día en cierta forma.
Siempre predispuestos
- Por suerte nunca nadie me dijo que no podía hacer algo, sobre todo en mi familia, mi mamá y mi papá me alentaron a intentarlo todo, total no perdía nada. Creciendo con eso desde la familia es más fácil, nunca existió otra persona que me haya dicho que no, lo mismo con mis amigos, uno puede creer que en la primaria podés sufrir bullying o cosas que pueden traumarte de grande, pero nunca me pasó, no me discriminaron o me dijeron que soy distinta a los demás. Cuando iba a El Ceibo, Mario entrenaba conmigo de la misma manera que con las demás jugadoras, quizás adaptada algunos ejercicios, pero hacía lo mismo que las demás, nunca me hizo quedar al costado esperando.
Una gran consejera
- Una vez me tocó hablar con Jonathan cuando le amputaron las piernas. Él ya era grande, esto a mí me pasó cuando tenía un año y medio entonces me fui acostumbrando a todo lo que conlleva, el hecho de utilizar prótesis. A Jonathan le pasó de grande y es distinto, fuimos una vez a su casa para explicarle y decirle cómo era ahora su vida. La discapacidad no te cambia, solo tenés que adaptarte, le dije que no tenga miedo, qué no sé encierre, que nunca se sienta distinto a nadie. Lo pedí que salga adelante, que haga lo de antes y lo que le digo a todo el mundo es que al deporte lo pueden hacer todos, hay muchas posibilidades. Siempre que me cruzo con alguien que no hace deporte y lo aliento a empezar, a probar, y que se quede en el que le guste, le va a hacer bien.

La ayuda de profesionales
- Desde chica siempre fui a rehabilitación por una cuestión de que necesitaba adaptar mi cuerpo a poder utilizar una prótesis, primero empecé en Alpi con mi fisioterapeuta Marilí, después pasé a trabajar con Javier y hoy en día voy a Instituto Ambar, con todo el grupo de chicas que trabajan ahí, con quiénes hago lo físico. Desde ya que en la selección también contamos con fisioterapeutas que nos ayudan con diferentes problemas. Cuando era chica fui a la psicóloga, después dejé y ahora de grande empecé de nuevo, porque siempre se necesita ayuda y poder hablar con alguien de tus cosas. El apoyo de la familia es esencial, si ellos te apoyan y te alientan a seguir adelante es más fácil, qué es lo primordial. Mi mamá y mi papá siempre me enseñaron que podía hacer todo, que no tenía ninguna limitación, desde ya que tengo mi manera de hacer las cosas, pero siempre fueron muy importantes.
El anhelo del futuro
- Terminé el colegio secundario, ahora me anoté para ingresar la carrera de psicología y después de ahí quiero especializarme en psicología deportiva. Me gustaría mucho poder estar en un equipo o una institución, dónde hay un respaldo y se trabaje con un equipo de profesionales. Me encantaría poder seguir en el deporte cuando mi edad ya no me lo permita jugarlo, también pensé en hacer cursos para ser entrenadora de vóley ya qué es algo que me apasiona y es muy lindo transmitir los conocimientos a otras personas.
