No se puede naturalizar la violencia
Las crónicas que llegaron desde los paisajes paradisíacos del sur cordillerano señalaron que una lluvia de piedras impactó sobre el vehículo que trasladaba al presidente de la Nación hacia un acto y la seguridad presidencial debió sacarlo inmediatamente del lugar.
Las crónicas que llegaron desde los paisajes paradisíacos del sur cordillerano señalaron que una lluvia de piedras impactó sobre el vehículo que trasladaba al presidente de la Nación hacia un acto y la seguridad presidencial debió sacarlo inmediatamente del lugar. Este fue el segundo ataque que recibe el actual primer mandatario: basta recordar que en agosto pasado en Mar del Plata sufrió un atentado similar.
El incidente se produjo en la localidad neuquina de Villa Traful, donde Macri interrumpió sus vacaciones para participar en la inauguración del Centro de Interpretación e Información Turística local junto al gobernador Omar Gutiérrez. Por la agresión, que causó la rotura de dos vidrios de la camioneta, fueron demoradas siete personas identificadas como integrantes de la seccional neuquina de ATE, un bastión cercano al kirchnerismo. Además se secuestraron dos autos.
Varias aristas tiene el caso. En primer lugar, la supuesta fragilidad de la custodia presidencial. Porque se afirmó que el mandatario quiso cambiar la ruta para "comprar alfajores". Alguien de seguridad debe advertirle a Macri que esto no es conveniente en ningún caso y que, si bien el contacto con la gente es parte de la actividad política, no es menos cierto que las repercusiones ante posibles agresiones más graves serán mucho más serias para la Argentina toda.
En segundo lugar, la cultura de la violencia está instalada en el país y agiganta la "grieta". A los más acérrimos opositores al presidente no les pareció de ningún modo equivocado el proceder de estos manifestantes. Algunos de ellos, que hacen de la violencia un modo de vida como el líder de Quebracho, Fernando Esteche, incluso justificaron y hasta elogiaron el ataque en las redes sociales. Otros, que pretenden guardar las formas, no tuvieron ninguna palabra pública, cuando correspondía el rechazo plano y contundente. Aquí cabe como pocas veces aquello de que "el que calla, otorga".
Quienes no creen en la democracia como sistema de gobierno han utilizado siempre las metodologías violentas para tener visibilidad social. Y a ellos les cabe todo el peso de la ley si se comete un delito. El arrojar una piedra contra un automóvil en movimiento configura una violación flagrante de las normas penales, no importa quién se conduzca en el vehículo. Pero en este caso, además, se atentó contra la investidura presidencial y, por ello, debiera caer sobre los autores la Justicia con todo su peso.
El mismo reclamo se formuló desde esta columna en agosto pasado cuando se produjo aquel hecho similar en Mar del Plata. Reiterar aquellos conceptos es, creemos, una manera de volver a fijar posición en este sensible asunto: "En una democraciaes bienvenida siempre la discusión, el debate e incluso la confrontación, pero en el marco de una convivencia civilizada, respetuosa de la ley y defensora de las instituciones de la República. En este clima caliente en el que se desenvuelve la política nacional, es necesario tomar posición y condenar a los violentos. Permanecer indiferente es la actitud menos recomendable para el ejercicio de la ciudadanía".Naturalizar la violencia es un síntoma severo de degradación social, muy peligrosa por cierto.
