No es un hecho aislado
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¿Por qué debería sorprender la presencia de cocaína en una plaza de San Francisco cuando la historia reciente recuerda hechos similares? El hecho llama la atención por sus características poco rutinarias. Pero no es un evento ocasional o aislado. La droga llega a la ciudad por la acción de estructuras delictivas aceitadas, vínculos, mercados…, una trama que hace mucho tiempo dejó de ser ajena.
Días atrás, la plaza de barrio Bouchard fue escenario de un hecho de tinte policial con aristas que pueden parecer insólitas en un principio. Sin embargo, el hallazgo de un kilogramo de cocaína en ese sector verde, ubicado entre las calles Córdoba, Rioja y General Paz, es una señal que no puede minimizarse puesto que se trata de un episodio más de una amenaza persistente desde hace muchos años.
Estamos hablando de la venta ilegal, la acción de bandas de narcos y el consumo de drogas en San Francisco y lo que llamamos triple frontera. Una problemática que aflige y debería encontrar respuestas más efectivas por parte de las autoridades, tanto de Córdoba como de Santa Fe.
La pregunta surge como lógica derivación de un estado de cosas conocido: ¿por qué debería sorprender la presencia de cocaína en una plaza de la ciudad cuando la historia reciente recuerda hechos similares? Es cierto que el hecho llama la atención por sus características poco rutinarias. Pero no es un evento ocasional o aislado. La droga llega a la ciudad por la acción de estructuras delictivas aceitadas, vínculos, mercados y silencios que atruenan la conciencia y exigen decisiones.
Cada tanto, el conglomerado urbano que reúne a nuestra ciudad con Frontera y los barrios Acapulco y Veracruz de Josefina es el escenario de noticias similares a la que se produjo en barrio Bouchard. Basta remitirse a agosto de 1999, cuando, en cercanías del Aero Club, cayeron casi 400 kilos de marihuana en lo que se llamó la “lluvia verde”. Aquello no fue una anécdota pintoresca, sino la prueba de que la ciudad y zona son parte importante del circuito en el que se da el tráfico de sustancias ilegales.
A un cuarto de siglo de aquel recordado episodio y teniendo en cuenta que en los años recientes se han repetido los hallazgos de droga, el contraste temporal muestra que el fenómeno adopta distintas modalidades y persiste en el tiempo. En este marco, aun considerando que la droga hallada es una cantidad menor respecto de otros procedimientos, sería un error minimizar el suceso.
Cuando se descubre un gran cargamento de drogas, el impacto público es notorio. Pero el daño habitual está dado por la venta minorista, el consumo problemático, la violencia que puede aparecer en cualquier momento, la captación de jóvenes por parte de las organizaciones de narcotraficantes, la circulación de dinero ilegal, el deterioro de los vínculos sociales y la ineficacia de algunas estrategias que se “venden” como necesarias para acabar con el problema.
Frente a este panorama, la aparición de un kilogramo de cocaína en una plaza barrial no es un hecho aislado. No puede leerse como una situación excepcional. Ello, en virtud de que la problemática de la droga en nuestra ciudad y la región exige que no se minimicen o ignoren estos hechos. Es parte de una trama que hace mucho tiempo dejó de ser ajena.
