No aprendemos
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El ultimo fin de semana se terminó una nueva temporada de baby fútbol. Lamentablemente con una pequeña mancha. Una vez más, por la mano de los más grandes, terminan pagando los más pequeños, en este caso uno en particular.
Fue de público conocimiento el caso del jugador del Club Deportivo Oeste categoría 2005 que fue mal incluido, según lo que estipula el reglamento. El final mostró al Cado campeón, es cierto, pero no fue un festejo total. Porque hubo alguien que lo tuvo que ver desde afuera.
Los que en su momento dijeron desconocer que hacían algo fuera del reglamento, dejan muchas dudas hoy. Lo peor, es que no es la primera vez. Será que vale todo. Pero esto no termina ahí. Así como hay alguien que infringe las reglas, hay otro que lo comprueba. Ese otro, que empleó tiempo y dinero para demostrar algo que a la larga terminó siendo solo perjudicial para un niño. Sin olvidar a los padres, que poco colaboraron.
Lo cierto es que a los 12 años, un chico no puede saber lo que es la "doble afiliación", ni mucho menos conocer detalles reglamentarios. Eso es cosa de grandes. A los 12 un chico solo quiere jugar. No es acaso eso lo que siempre pedimos. Que jueguen, que sean felices. O solo pregonamos lo que después no queremos que hagan.
Tal vez en el momento que estaba disputando un partido de fútbol para otro club, debía estar encerrado en su casa jugando a la play o frente a la computadora. Y quizás hoy muchos estarían más tranquilos. No tendrían tiempo de andar quejándose, lamentando lo que se les viene, o haciéndose los distraídos por "desconocer" la situación a la que se exponían.
Quienes nos creemos para andar con el dedo acusador para todos lados. Si acá las rendijas son entre adultos, que se arreglen como tal. Con sanciones para los directivos, entrenadores, delegados, el que cobra entradas en la puerta, el que está haciendo los choripanes. Cualquiera, en definitiva. Pero no el más pequeño. A ese que le quitan la ilusión de poder estar adentro de una cancha de fútbol, que tal vez es lo único que quiera.
Mucho se dijo. Intereses de por medio, se entretejieron historias de todo tipo. Que la denuncia, que la sanción, que un club y el otro, que la Liga, que esto, que lo otro. Lo único cierto, es que hay un pibe que tuvo que ver los últimos 4 partidos de su equipo desde afuera. Lo alejaron de sus amigos. Por el momento, le sacaron la chance de festejar el título como hubiese querido. Desde adentro.
Lo más llamativo de todo, es que algunos siguen pidiendo sanciones contra el equipo. Que le quiten los puntos gritan por los rincones. Sin saber, o sabiendo pero haciéndose los desentendidos, que son los mismos clubes los que en su momento determinaron las reglas. Fueron ellos los que levantaron la mano pidiendo algo, que pocos meses después quieren borrar con la muñeca, porque ni al codo llegan.
Esto no es algo nuevo. Peleas de grandes que terminan empañando la fiesta de los chicos. Cuando será el tiempo de darnos cuenta que hacemos las cosas mal. Qué ejemplo les damos a los niños, dejándoles en claro la bronca que impera entre padres y dirigentes. Les enseñamos a odiar. Les mostramos que la trampa es una opción. A la vez, les queremos decir qué el de al lado gana solo justamente porque hace esa trampa y no porque tiene buenas armas. Que siempre vamos a tener una excusa para no aceptar la derrota. Qué nos escondemos en el simple discurso de pedir que se haga justicia, cuando en realidad queremos hacer daño.
Lo pasado ya pasó y hecho está, no se puede cambiar. Pero el futuro sí. Dejen jugar a los chicos, que no es lo mismo "jugar" con ellos.
