Nicolás Russo: “Los clubes no son una empresa, cumplen una función social tremenda”
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El histórico presidente de Lanús presentará este sábado en la Feria del Libro de San Francisco Lanús, un sueño hecho realidad, una obra que recorre casi cuatro décadas de gestión deportiva e institucional. En diálogo con la radio, defendió el modelo de asociaciones civiles, cuestionó las sociedades anónimas deportivas, recordó las enseñanzas de Miguel Ángel Russo y reclamó cambios en la conducción del arbitraje argentino.
El fútbol argentino atraviesa un escenario de debates sobre el futuro de sus instituciones, la conducción de los arbitrajes, la formación de futbolistas y la sustentabilidad económica de los clubes. En medio de esas discusiones, Nicolás Russo tiene una posición construida a partir de casi cuatro décadas de experiencia en Lanús, una institución que pasó de competir en el ascenso a convertirse en protagonista del fútbol nacional e internacional.
El dirigente llegará este sábado a San Francisco para participar de la Feria del Libro 2026, donde presentará Lanús, un sueño hecho realidad, una publicación que reconstruye su trayectoria y los procesos que transformaron al club granate tanto en lo deportivo como en lo social.
En una entrevista radial previa a su visita, Russo repasó sus comienzos, destacó el valor del trabajo dirigencial amateur y defendió un modelo de gestión basado en el orden económico, la inversión en infraestructura y el desarrollo de las divisiones inferiores.
Pero también abordó cuestiones de plena actualidad: rechazó categóricamente las sociedades anónimas deportivas (SAD), respaldó la gestión de Claudio Tapia al frente de la Asociación del Fútbol Argentino y sostuvo que el arbitraje nacional necesita recuperar su credibilidad mediante cambios en su conducción.
De las tribunas de madera a un club de referencia
Russo comenzó a colaborar con Lanús en 1988, cuando tenía 29 años. Sus primeras tareas estuvieron vinculadas al fútbol juvenil y, posteriormente, se incorporó a la comisión encargada de reemplazar las antiguas tribunas de madera por estructuras de cemento.
Aquella comisión, presidida por Néstor Díaz Pérez, fue fundamental para iniciar la transformación del estadio.
“Cuando empecé en el club, las tribunas eran de madera y estaban hechos pelota los tablones. Se desarmó una tribuna y había que empezar con la de cemento”, recordó.
El proceso fue gradual y estuvo acompañado por una profunda transformación institucional. Según explicó, el crecimiento no se limitó a las instalaciones futbolísticas, sino que incluyó la adquisición de terrenos, la construcción de espacios recreativos y la ampliación de las actividades sociales.
Russo considera que esa evolución merece ser contada porque puede servir de experiencia para dirigentes de otras instituciones, independientemente del deporte que practiquen.
La idea de escribir el libro surgió, en parte, de los testimonios que había dejado Antonio Rotili, histórico presidente de Lanús. Su hijo le acercó una serie de recortes en los que se relataban las dificultades y decisiones que atravesaba la dirigencia para conseguir recursos y concretar obras.
Aquellos relatos lo llevaron a reflexionar sobre la importancia de dejar documentada la historia de una gestión.
“En el club uno tiene que agudizar el ingenio permanentemente, porque no está la plata que uno toca un botón y sale. Tenés que tener mucho ingenio y muchas ganas de generar cosas”, señaló.
Para Russo, los problemas institucionales suelen repetirse con el paso de los años. Cambian los protagonistas, pero las dificultades económicas, las negociaciones con futbolistas y la necesidad de encontrar recursos forman parte de una realidad compartida por numerosos clubes.
El sacrificio de los dirigentes y una enseñanza familiar
Uno de los aspectos que atraviesan el libro es el reconocimiento a los dirigentes amateurs, aquellos que dedican buena parte de su tiempo a sostener instituciones deportivas sin recibir una remuneración por esa tarea.
Russo reivindicó especialmente ese compromiso y reconoció que muchas veces implica sacrificios personales y familiares.
“Valoro al dirigente amateur, al que está por compromiso con el club, porque es un sacrificio enorme”, expresó.
En su caso, la relación con Lanús se extendió también a su familia. Contó que uno de sus hijos preside el fútbol juvenil, mientras que sus hijas, su hermano y su sobrino mantienen vínculos con la institución.
El dirigente también recordó a sus padres, inmigrantes que llegaron a la Argentina después de atravesar las consecuencias de la guerra y que construyeron una vida marcada por el trabajo.
“Mis viejos inmigrantes vinieron acá y lo único que pensaban era laburar. Ellos vivieron para trabajar”, relató. Su madre, recordó, tenía una frase que sintetizaba aquella mentalidad: “El club es para la noche, el día es para trabajar”.
Russo explicó que sus padres no terminaban de comprender por qué dedicaba tantas horas a una institución deportiva. Sin embargo, aquella dedicación terminó convirtiéndose en una parte central de su vida.
El orden económico como principio de gestión
A lo largo de su trayectoria, Russo adoptó una máxima que considera fundamental para administrar una institución deportiva: “Orden contra orden gana el mejor, pero orden contra desorden gana el orden”.
La frase, que aprendió durante sus primeros años como directivo, resume buena parte de su filosofía.
Según explicó, los clubes con mayores recursos económicos parten con una ventaja, pero una administración ordenada permite aprovechar mejor el dinero disponible y sostener proyectos de largo plazo.
“El que tiene más dinero tiene ventaja, pero el poco recurso que tenés hay que aplicarlo bien”, afirmó.
En Lanús, una parte de los ingresos provenientes de las transferencias de futbolistas se destina a infraestructura. Ese criterio permitió ampliar las instalaciones y consolidar una institución cuya actividad excede ampliamente al fútbol profesional.
Russo reveló un dato que refleja esa realidad: aproximadamente el 30% de los socios de Lanús no son hinchas del equipo, sino que concurren para utilizar sus instalaciones sociales y deportivas.
La institución dispone de espacios recreativos, gimnasios, piletas y predios destinados a distintas disciplinas.
“Lanús no es un club de fútbol, es un club social con fútbol”, sintetizó.
Esa característica adquiere especial importancia en una ciudad densamente poblada, donde los espacios recreativos cumplen una función relevante para las familias.
Miguel Ángel Russo, el hombre que le cambió la cabeza
Uno de los momentos más personales de la entrevista llegó cuando recordó a Miguel Ángel Russo, el entrenador fallecido que tuvo una influencia decisiva en su formación como dirigente.
El exdirector técnico escribió el epílogo de Lanús, un sueño hecho realidad, mientras que el prólogo estuvo a cargo del presidente de la AFA, Claudio Tapia.
Para Nicolás Russo, la participación del entrenador tiene un significado especial.
“Miguel fue alguien muy importante en mi vida. Aparte de ser amigo, fue quien me enseñó todo. Yo, como dirigente de fútbol, lo aprendí todo de Miguel”, sostuvo.
Recordó especialmente su mentalidad competitiva y una enseñanza que modificó la manera en que Lanús concebía el trabajo con las divisiones inferiores.
“Miguel nos enseñó que el fútbol juvenil e infantil es una inversión, no un gasto”, destacó.
También rescató su exigencia sobre la tarea cotidiana de los dirigentes: trabajar durante toda la semana, atender los detalles y garantizar que los futbolistas tengan las condiciones necesarias para competir.
Para Russo, esa transformación fue fundamental para construir un modelo que permitiera desarrollar jugadores propios, fortalecer el plantel profesional y generar ingresos mediante transferencias.
La importancia de las inferiores para sostener el fútbol argentino
El dirigente aseguró que el desarrollo del fútbol juvenil constituye una de las principales fortalezas de los clubes argentinos.
Explicó que la formación de futbolistas permite obtener resultados deportivos, pero también generar recursos económicos imprescindibles para sostener las estructuras institucionales.
Como ejemplo, señaló que Lanús necesita vender uno o dos jugadores por año para equilibrar su déficit operativo.
“Si no sacamos los jóvenes, ¿a quién vas a vender?”, planteó.
También advirtió que los clubes europeos modificaron sus estrategias de contratación y buscan incorporar futbolistas argentinos cada vez más jóvenes.
Mientras que anteriormente las transferencias solían producirse cuando los jugadores tenían 22 o 23 años, actualmente muchas operaciones involucran a jóvenes de 17, 18 o 19 años.
Según Russo, los clubes extranjeros buscan adquirir futbolistas con potencial de desarrollo para terminar de formarlos y valorizarlos en Europa.
En ese contexto, consideró que el sistema de formación argentino constituye una ventaja competitiva que debe protegerse.
Su rechazo a las SAD: “Vienen a hacer negocio”
Uno de los tramos más contundentes de la conversación estuvo dedicado a las sociedades anónimas deportivas, un modelo que Russo rechaza abiertamente.
El presidente de Lanús defendió el carácter de asociación civil de los clubes argentinos y sostuvo que la transformación en sociedades comerciales pondría en riesgo tanto su identidad como su función social.
“Estoy totalmente en contra de las SAD”, afirmó.
Russo argumentó que los inversores privados priorizan la rentabilidad económica, mientras que las asociaciones civiles reinvierten los recursos en infraestructura, actividades deportivas y servicios para sus comunidades.
Como ejemplo, mencionó la experiencia de Lanús, que desarrolló instalaciones recreativas, gimnasios y espacios destinados a distintas disciplinas.
También señaló que el club otorga unas 7.500 becas para facilitar el acceso al deporte a chicos y chicas de sectores vulnerables.
“Lanús, cuando hay una inundación en la ciudad, es el primero en abrir las puertas y cobijar a todos los que están mal”, destacó.
A su entender, esa responsabilidad comunitaria difícilmente pueda reproducirse en una institución cuya finalidad principal sea obtener ganancias.
El dirigente también cuestionó las comparaciones con los clubes europeos, al considerar que muchas instituciones extranjeras se concentran exclusivamente en el fútbol profesional y no cumplen el mismo papel social que los clubes argentinos.
Otro de sus argumentos estuvo relacionado con la identidad institucional y la participación democrática de los socios.
Russo planteó que un propietario privado podría tomar decisiones sobre los colores, la sede o el funcionamiento de una institución sin consultar a quienes construyeron su historia.
“Los socios pierden el derecho a elegir”, advirtió.
En contraposición, explicó que en Lanús los asociados con un año de antigüedad pueden participar directamente de las votaciones y que determinadas decisiones institucionales requieren aprobación de una asamblea.
Su respaldo a Claudio Tapia y la gestión de la AFA
Aunque expresó críticas sobre determinados aspectos del fútbol argentino, Russo respaldó la gestión de Claudio Tapia al frente de la Asociación del Fútbol Argentino.
Reconoció que inicialmente existían reparos entre algunos dirigentes de Primera División por la procedencia institucional de Tapia, vinculado a Barracas Central.
Sin embargo, aseguró que el tiempo modificó aquella percepción.
“Estábamos equivocados porque ha hecho una muy buena gestión”, sostuvo.
Entre los aspectos positivos, mencionó la administración económica de la AFA, el cumplimiento de las transferencias de fondos a los clubes y el trabajo desarrollado con las selecciones nacionales.
También destacó la captación de jóvenes futbolistas con ascendencia argentina que juegan en el exterior.
Según explicó, la AFA cuenta con observadores que siguen a jugadores en distintos países, especialmente en Europa, para incorporarlos tempranamente a los seleccionados juveniles.
Russo comparó el presente de esas categorías con la etapa de José Pekerman, a la que identificó como uno de los períodos más destacados de la formación de futbolistas argentinos.
“El arbitraje argentino debe recuperar la credibilidad”
Pese a su respaldo a la conducción de la AFA, Russo fue crítico con la organización del arbitraje.
Consideró que la Argentina cuenta con jueces de primer nivel internacional, pero sostuvo que resulta necesario modificar la conducción del sector.
“Para mí el arbitraje argentino es el mejor del mundo. Tenemos los mejores árbitros, pero hay que cambiar la conducción”, expresó.
El dirigente cuestionó especialmente el sistema de designaciones, al entender que en ocasiones se asignan partidos a árbitros que arrastran cuestionamientos recientes de determinados equipos.
A su juicio, esas decisiones generan un clima de desconfianza que termina condicionando el desarrollo de los encuentros.
Russo aclaró que no considera que todos los errores arbitrales respondan a irregularidades deliberadas. Por el contrario, remarcó que las equivocaciones forman parte del juego y que incluso los mejores árbitros pueden cometerlas.
Sin embargo, sostuvo que la pérdida de confianza provoca que cualquier fallo polémico despierte sospechas.
“El arbitraje debe recuperar la credibilidad, porque errores van a seguir pasando”, afirmó.
También señaló que la conducción arbitral necesita una renovación después de varios años de gestión, aunque expresó respeto por quienes actualmente desempeñan esa función.
Para Russo, el objetivo debe ser fortalecer el trabajo de los jueces y recuperar la confianza de los clubes, los futbolistas y los hinchas.
El básquet, otro vínculo entre Lanús y San Francisco
La entrevista también permitió recuperar una historia reciente que une a Lanús con San Francisco.
Durante este año, el equipo granate consiguió en la ciudad el ascenso a la Liga Nacional de Básquet, después de imponerse en la definición frente a San Isidro.
Russo recordó que Lanús tiene una importante tradición en esta disciplina y que durante la década de 1970 llegó a ser reconocido por su protagonismo basquetbolístico.
“Lanús era más conocido por el básquet que por el fútbol”, recordó sobre aquella época.
El dirigente reconoció que sostener equipos competitivos en esta disciplina representa un desafío económico, particularmente para instituciones del Gran Buenos Aires que no siempre cuentan con el respaldo de gobiernos provinciales o municipales.
También elogió el nivel de San Isidro y recordó la exigencia de aquella definición.
Actualmente, explicó, Lanús atraviesa una etapa de adaptación a la máxima categoría, con un plantel conformado para afrontar el nuevo desafío.
Una historia que busca inspirar a otros dirigentes
Más allá de los títulos, los ascensos y las obras realizadas, Russo considera que el principal valor de su libro está en compartir experiencias que puedan resultar útiles para quienes trabajan en instituciones deportivas.
La publicación reconstruye decisiones, dificultades y aprendizajes acumulados desde sus primeros pasos como colaborador hasta sus responsabilidades en la presidencia.
En ese recorrido aparecen también su historia familiar, la influencia de otros dirigentes, el trabajo con entrenadores y la convicción de que un club debe crecer sin perder su identidad.
La presentación en San Francisco será una oportunidad para compartir esas experiencias con dirigentes, deportistas, socios y lectores interesados en conocer cómo se construye y sostiene una institución deportiva.
Russo agradeció especialmente la invitación del intendente Damián Bernarte y destacó la importancia de la Feria del Libro de la ciudad.
“Para mí es un orgullo estar ahí”, expresó.
Su participación está prevista para este sábado 7 de noviembre, a las 19, en el escenario 2 del Superdomo, donde presentará Lanús, un sueño hecho realidad.
La propuesta permitirá conocer, desde la mirada de uno de sus protagonistas, cómo una institución que atravesó dificultades económicas y deportivas logró consolidar un modelo de gestión que combina competencia profesional, formación de jóvenes y compromiso con la comunidad.
