Marcha del 3J
Ni Una Menos: “Cuando falla la institución, aparece una sociedad más comprometida”
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Más de 100 mil personas marcharon en Córdoba en una de las movilizaciones más multitudinarias de los últimos años que reavivó demandas históricas. Desde adentro de la marcha, el dolor, la bronca y la organización se mezclaron con una pregunta que sigue sin respuesta: ¿cuántas Agostinas más hacen falta para que las instituciones reaccionen a tiempo?
Por Cecilia Castagno | LVSJ
CORDOBA (Corresponsalía)-. “Que no sea en vano”. La frase, pronunciada por Elizabeth Heredia, abuela de Agostina Vega, resumió el sentimiento que recorrió las calles de Córdoba durante una movilización que, según informaron los organizadores y fuentes policiales, reunió a más de 100 mil personas. Fue un pedido de justicia por la adolescente de 14 años asesinada, pero también una exigencia colectiva para que ninguna otra familia tenga que atravesar el mismo dolor.
A lo largo de 13 cuadras, miles de personas acompañaron a la familia de Agostina. Hubo lágrimas, abrazos, aplausos y carteles. Hubo bronca. Hubo memoria. Y hubo una certeza compartida: el caso de la adolescente no sólo conmueve por la brutalidad del desenlace, sino porque volvió a exponer interrogantes sobre la respuesta institucional ante una desaparición y los femicidios.
“Que tomen en serio a las madres cuando van a pedir ayuda por sus hijas. Si después aparece, mejor. Pero si no, que investiguen desde el primer momento”, reclamó Elizabeth. También sostuvo que la madre de Agostina, Melisa Heredia, intentó aportar información y no fue escuchada. “Ella fue a denunciar la pérdida de su hija que había desaparecido y nadie la escuchó”, afirmó. Y agregó: “Queremos que haya justicia y que caigan todos los que tienen que caer porque ese tipo no lo pudo haber hecho solo”.
“¡Atrás de la barredora, atrás de la barredora!”. La orden que salió desde un megáfono funcionó como punto de partida para una columna inmensa que comenzó a avanzar lentamente. Era una marcha cargada de emociones, y atravesada por el dolor.
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Desde adentro, la sensación era difícil de describir. Filas y filas de mujeres, familias enteras, adolescentes, jubiladas y también muchos hombres. Algunos acompañaban a sus hijas, parejas o amigas. Otros marchaban solos. Todos parecían movilizados por una realidad que los interpela de manera cada vez más directa.
La presencia masculina fue una de las imágenes que los propios movimientos feministas reconocen como parte de los cambios culturales producidos en los últimos años. Cambios que, paradójicamente, avanzan empujados por tragedias que siguen golpeando a la sociedad.
La movilización coincidió con un nuevo aniversario de Ni Una Menos y estuvo atravesada por una sensación compartida: once años después de aquella primera marcha histórica, muchas de las demandas siguen vigentes.
“Mucho más organizadas”
Antes de la movilización, en el Archivo Provincial de la Memoria, LA VOZ DE SAN JUSTO dialogó con Yanina Luna, integrante del colectivo Ni Una Menos Córdoba. El escenario no fue casual. El excentro clandestino de detención D2, hoy convertido en espacio de memoria y derechos humanos, también resguarda las huellas de las luchas actuales.
Consultada sobre cómo atraviesa el colectivo este nuevo femicidio ocurrido en vísperas de una nueva conmemoración, respondió: “Totalmente conmovidas por el horror y a 11 años repitiendo las mismas consignas, pero a diferencia de hace 11 años, mucho más organizadas”.
Para Luna, el balance de estos años muestra avances y retrocesos. “Se crearon secretarías de género, protocolos. Este gobierno nacional de turno ha desarticulado todos esos marcos institucionales que habíamos logrado para proteger tanto a las niñas como a las mujeres. Pero creemos que se ha avanzado a nivel social”, sostuvo.
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Yanina destacó que ante casos como el de Agostina existe una sociedad más informada y movilizada. “Cuando vemos casos como los de Agostina, donde falla la institución, también vemos una sociedad movilizada y al tanto de que existen protocolos, que existe una herramienta como la Alerta Sofía y la reclaman”, explicó.
Las fallas que expuso el caso Agostina
Uno de los puntos centrales de la entrevista estuvo relacionado con la actuación institucional durante la desaparición de la adolescente. Para Luna, el problema no es la inexistencia de herramientas, sino su aplicación. “Los protocolos existen. Lo que está faltando es la aplicación de una mirada de género”, afirmó.
La referente cuestionó especialmente que la investigación se guiara por hipótesis iniciales vinculadas a declaraciones familiares. “No le corresponde a la madre saberlo, le corresponde a la institución tomar las medidas que se estipulan. Hay protocolos en el caso de desaparición de menores que es figurarse el peor escenario para evitarlo”, señaló.
También consideró que la Alerta Sofía debió activarse antes. “Cuando desaparece una menor se tiene que configurar el peor escenario. Lo que dice el protocolo es que si desaparece una menor se comunica para que no pueda salir de las fronteras. En el caso de Agostina fue luego de las 72 horas”, sostuvo. Remarcó la importancia de escuchar las denuncias y atender los antecedentes de violencia cuando existen señales previas.
A lo largo de la conversación insistió en una idea: “Necesitamos que la perspectiva de género se aplique transversalmente en las instituciones públicas, desde el colegio, a los espacios de trabajo, a los sindicatos y sobre todo en la Justicia”. Y “necesitamos no solamente mujeres con perspectiva de género, sino varones que piensen discutir en sus propios ámbitos qué pueden hacer para no convalidar las violencias de género”, agregó.
Estadísticas que explican la indignación
La magnitud de la movilización también encuentra explicación en cifras. Según un reciente informe de Mumalá Córdoba, el 75% de las mujeres asesinadas en los últimos once años en Argentina tenía orden de restricción; un 12% contaba con botón antipánico y un 9% había denunciado previamente a sus agresores. Además, el 60% de los 3.096 femicidios registrados entre el 3 en junio de 2015 y el 30 de mayo de 2026 fueron cometidos por parejas, exparejas o familiares.
“Fuera Quintero. Fuera Garzón”, se reclamaba en la marcha. Al ser consultada sobre los pedidos de destitución de los fiscales Iván Rodríguez y Raúl Garzón, además de otros funcionarios provinciales como el ministro de Seguridad de Córdoba, Juan Pablo Quinteros (Rodríguez había intervenido en una causa previa por violencia de género contra Claudio Barrelier), Luna cuestionó que el ahora imputado por el femicidio de Agostina hubiera recuperado la libertad.
La preocupación además alcanza a los proyectos que, según entiende, pueden desalentar las denuncias. Sobre la iniciativa impulsada por la senadora Carolina Losada vinculada a falsas denuncias, Luna sostuvo que “deslegitima la lucha, deslegitima los datos y tira para atrás años de construcción y de análisis en materia de género”. Además, remarcó que las estadísticas muestran que este tipo de casos “representan un porcentaje mínimo en comparación con el total de denuncias vinculadas a situaciones de violencia”.
Luna también apuntó a los discursos que, según consideró, buscan desacreditar al movimiento feminista. “El Gobierno nacional viene poniéndonos a las feministas y al feminismo en discusión y etiquetándonos de enemigas, cuando lo único que queremos nosotras es un país libre de violencia”, expresó. En ese sentido, señaló que “los feminismos han contribuido a visibilizar situaciones de violencia y a impulsar herramientas de prevención y acompañamiento para las víctimas”.
Mientras la columna avanzaba por las calles de Córdoba, las palabras de Elizabeth seguían resonando como una síntesis de todo lo vivido. La marcha fue por Agostina, pero también por miles de historias anteriores y por las que todavía pueden evitarse.
“La única forma de cambiar las cosas es haciéndose cargo de que la lucha esté en nosotras”, afirmó Luna. Y quizás por eso, entre los cánticos, los carteles y las lágrimas, la movilización dejó una imagen poderosa: la de una sociedad que sigue reclamando respuestas, justicia y prevención.
Porque once años después del primer Ni Una Menos, el dolor continúa. Pero también continúa la organización. Y en las calles de Córdoba, donde más de 100 mil personas caminaron detrás del nombre de Agostina Vega, volvió a escucharse un pedido que ya es colectivo: que no sea en vano.
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