Ni corredores, ni humanitarios
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El autócrata sentado en el sillón principal del Kremlin no detiene su ofensiva, así como tampoco permite que los civiles evacúen las zonas de guerra. Y ofrece salidas que, ni por asomo, pueden entenderse como corredores humanitarios.
Mientras insiste en la irracional acción militar que invadió Ucrania, el gobierno de Rusia anunció que establecería corredores humanitarios que no ofrecen otra alternativa a la población ucraniana que dirigirse hacia los territorios ocupados por las fuerzas rusas. Por supuesto, esta "oferta" fue desestimada por las autoridades del país atacado, quienes siguen reclamando que se respeten los acuerdos para que la población pueda salir de la zona de conflicto.
La protección de los civiles y la entrega de ayuda humanitaria son elementos clave del derecho internacional y están protegidos por las convenciones que establecen las condiciones a respetar en los conflictos bélicos. Sin embargo, casi en vivo y en directo, el mundo entero vio cómo se masacró a una familia entera que escapaba de los ataques rusos. Y también de la decisión de ignorar los acuerdos alcanzados en las precarias conversaciones entre invasores e invadidos que establecían treguas para que la población civil pudiera refugiarse a través de corredores humanitarios. Nada de eso ocurrió: los bombardeos prosiguieron cuando la gente intentó irse y se denunció que la mayoría de los micros que iban a ser utilizados para evacuarla fueron destruidos.
Si no respeta el derecho internacional, poco se puede esperar del presidente ruso en el tema de la protección de los derechos humanos de la población de Ucrania. Los acuerdos de alto el fuego son violados sistemáticamente, los bombardeos contra civiles continúan y se asemeja a una burla la decisión de ofrecer canales de evacuación que directamente van a las zonas ocupadas por las fuerzas invasoras. La alternativa es, entonces, permanecer en ciudades sobre las que caen las bombas o refugiarse en territorio enemigo. La lógica permite concluir en que es una proposición de un cinismo inaceptable.
Claro que no sorprende este tipo de actitudes por parte de un régimen que nunca ha mostrado especial consideración por los derechos humanos. Mucho menos cuando las armas han sido el recurso para someter a varias poblaciones. Los antecedentes siniestros de la guerra en Chechenia y en Siria no ameritan la posibilidad de que Rusia actúe de otra manera en una guerra que inició contra un país independiente que no es considerado como tal por Putin.
En este marco, tampoco llamó la atención que Rusia se haya negado a comparecer este lunes en la apertura de audiencias ante la Corte Internacional de Justicia (CIJ) en el proceso en el que Ucrania pide que se ordene a Moscú detener su invasión. "El tribunal deplora la no comparecencia de la Federación Rusa durante estos procedimientos orales, dijo Joan Donoghue, juez presidente de la CIJ.
Mientras el estupor y la angustia se acrecientan al igual que la pérdida de vidas, las manifestaciones de repudio crecen a diario y la ayuda en los centros de recepción de los refugiados se intensifica, el autócrata sentado en el sillón principal del Kremlin no detiene su ofensiva, así como tampoco permite que los civiles evacúen las zonas de guerra. Y ofrece salidas que, ni por asomo, pueden entenderse como corredores humanitarios.
