“Necesitamos disciplina e inmunización”
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El doctor Hugo Pizzi, renombrado infectólogo y docente universitario dialogó con LA VOZ DE SAN JUSTO sobre la situación epidemiológica y apuntó muy fuerte contra las fiestas clandestinas: "actúan cual terroristas sanitarios".
Con 23 libros sobre infectología escritos, el doctor Hugo Pizzi, es una voz más que autorizada para hablar sobre la situación sanitaria actual en el marco de la pandemia del coronavirus. En diálogo con LA VOZ DE SAN JUSTO, el también docente universitario, manifestó que los ejes fundamentales para mejorar el panorama ya de por sí complicado son la disciplina para acatar las medidas y aumentar el ritmo de vacunación.
Pizzi criticó muy duramente a las fiestas clandestinas, a las que responsabiliza por el aumento de casos y la propagación de las nuevas cepas, de las cuales advirtió sus alarmantes índices de contagio y letalidad, sobre todo en los más jóvenes.
- ¿Cómo ve el panorama epidemiológico actual?
La situación actual es más complicada que la del año pasado, cuando nos estábamos defendiendo de un virus desconocido que no pudimos dominar, principalmente por indisciplina. En todo este tiempo esa indisciplina llevó a que el virus aproveche y mute. Cuando el virus ingresa a un organismo, el único objetivo que tiene es dividirse porque quiere persistir. En ese intento va reproduciéndose y sacando tantas fotocopias que hay algunas que le salen mal: eso es una mutación. Hay cientos de esos errores de réplica. Algunas pasan desapercibidas, mueren y desaparecen. Pero hay otras que tienen una contundencia inusitada y de pronto son 70 veces más contagiosas y 30 veces más letales que las del año pasado. Me refiero a dos: la inglesa Kent y la Manaos de Brasil.
- Estas afectan especialmente a personas más jóvenes...
La característica de agravio que tienen estas cepas nos están ocasionando dificultades que los brasileños nos venían diciendo hace un mes y medio porque atacan mucho a los jóvenes. Por más que tengan un sistema inmune equilibrado y armónico, eso les juega en contra. Esto porque hacen un cuadro explosivo de citoquinas tan agudo y tan delicado que -como nos habían advertido- en 24 horas ya hay que internarlos y colocarles el respirador. En un adulto mayor, que tiene un sistema inmune que funciona más lentamente, el mismo agravio produce menos daño.
- ¿Cómo cambiaron las nuevas cepas a la situación sanitaria?
Si uno entra a una terapia y saca una foto será muy distinta a la de meses atrás. Antes uno encontraba al obeso, al hipertenso, al diabético, al que tenía enfermedades de tratamiento oncológico. Hoy al lado de ellos hay camas con jóvenes atléticos que tienen puesto un respirador artificial.
- ¿Ve un cambio de actitud en la gente ante esta segunda ola?
El DNU del presidente evidentemente nos puso en una meseta muy alta, pero la indisciplina nos sigue complicando. Una encuesta dice que el 65% de la población siempre se cuidó, el 25% son los jóvenes indolentes que jamás prestaron atención ni ayudaron en nada. El otro 10% es ese núcleo duro que quemaban barbijos en el Obelisco, que brindaban por las muertes, los anti-cuarentena que trajeron el sarampión de nuevo y desenchufaron varios freezers con millares de vacunas. Los indisciplinados de los jóvenes y el núcleo duro del 10% el daño que nos hicieron es irreparable. ¿Si los ataca a ellos ahora cambiarán? No lo sé. Pero ya hay muchos que se preocupan que están a las puertas de los hospitales haciendo cadenas de oración por los amigos internados que tienen 18, 21, 30 años.
- ¿Qué papel tienen las reuniones sociales?
Se hizo un trabajo que detectó la trazabilidad de las fiestas clandestinas. Yo estuve en varios operativos y en Córdoba los hisopados que se hicieron en esas reuniones daban un índice de contaminación de entre 10 y 15%. Esos chicos, que son muy jóvenes, son dependientes absolutamente de sus padres. O sea que su padre es el que financia la búsqueda del virus: le da la plata para que vaya a buscar el virus. Después vuelven contaminados y tiran la bomba, se comportan cual terroristas sanitarios. Pero no queda solo en los padres o hermanos. Si nos basamos en el último censo, en la mayoría de los hogares argentinos -por déficit habitacional- los chicos viven con sus abuelos. Es mucho más complicada la situación que se crea a partir de una fiesta clandestina.
- Esta segunda ola coincidió con el regreso de las clases presenciales ¿tiene alguna relación?
Le aseguro que no. Estuve yo en la redacción de los protocolos, en las mesas de asesoramiento. Dentro de las escuelas prácticamente no sucedió nada en todo el país. Es más: no llegó al 1% el índice de contagios a nivel nacional. Cuando había un caso se separaba a la burbuja y esto funcionó muy bien. Lo que a mí me llamó la atención en los primeros días fue que había más riesgo en los padres que estaban abigarrados afuera que adentro de la escuela. Tuvimos que decirles a los directivos que cambien un poco el horario de salida y a los padres que vayan unos minutos antes, no que fueran una hora antes a charlar.
- ¿Qué opina del ritmo de vacunación?
Debería ser mucho más rápido. Pero también hemos tenido muy mala suerte. Los millones de vacunas de Oxford que fueron hechas en Pilar, Buenos Aires, se enviaron a México y estuvieron paradas por falta de filtros y envases. Ahora ya están listas, pero no las mandan por un tema de papeleo de frontera. Cuando eso se libere vamos a tener muchas más vacunas a disposición.
- ¿Qué opina de la estrategia de diferir la segunda dosis?
La decisión fue acertada porque una sola dosis ya te saca de la muerte y de la internación. En el caso de la Oxford está comprobado que poner la segunda dosis a los 120 días da un aumento de los anticuerpos muy superior. En el caso de la rusa, nos comunicaron desde Gamaleya que con una ventana de 90 días no hay ningún problema. La buena noticia que ya está lista la versión light, que es una sola dosis, con alta efectividad y no requiere tanta refrigeración como las otras, esto favorece mucho a la logística.
- No queda otra que seguir con los cuidados...
Hay que ser cuidadosos con lo que hacemos, respetar las medidas. Las reuniones deben ser de familiares, no más de 10 personas. El virus se mantiene en el aire, se deposita en el piso y después a las dos horas por leyes térmicas se suspende nuevamente. Eso lo dijimos desde el principio porque manejamos la epidemia del 2009. Los bioingenieros de nuestra Universidad ayudaron mucho, hicieron estudios en cámaras especiales. La OMS lo reconoce ahora, pero ya se perdió mucho tiempo.
- ¿Ve una luz al final del túnel?
Yo lo veo muy complicado. El paradigma sería inmunización más disciplina. Eso sería fundamental. De lo contrario, esto nos va a llevar mucho tiempo. El DNU dice que las medidas quedan a criterio de los gobernadores y a su vez de los intendentes. Quizás estos, por la cercanía con la gente se dan cuenta de que hay que tomar recaudos y eso cambie un poco el panorama.
