Nadal “Garros”
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El Ex Tenista sanfrancisqueño, Pablo Cantagalli, narró la siguiente descripción, sobre un nuevo instante épico de Rafael Nadal, en el mundo del tenis. Una opinión calificada, exclusiva para LA VOZ DEPORTIVA
Partido de tercera ronda del abierto de Francia - Roland Garros - del año en curso. Escenario principal, Philippe Chatrier, debatiendo a dos nacionales que dividían el corazón de los parisinos. Par de jugadores que serían la envidia de cualquier nación de mediana potencia tenística pero que juntos jamás han logrado siquiera estar en la discusión por un máximo trofeo de Grand Slam. Gael Monfils, la pantera, y el exquisito Richard Gasquet animaban un entretenido duelo, de esos que, sin embargo, no alcanzarían a poner nerviosa a la gente de boleterías por exceso de ventas en los tickets disponibles. Desterrado, exactamente al frente del coloso central, Rafael Nadal cumplía con uno de sus tantos aburridos compromisos en la Cancha 1, una especie de tasita, en la que los mejores del mundo, a lo sumo, (por lo menos en mi época de jugador hace 25 años atrás) apenas dirimían sus encuentros de dobles.-
Semejante decisión ante tan evidente y tamaña hazaña deportiva que se imaginaba probable de lograr por el mallorquín Rafael Nadal en los "Bois de Boulogne" solo puede ser propia de una estupidez sin igual o dimanada de un exacerbado nacionalismo francés, en el que, como rasgo distintivo, todo lo suyo está por encima de cualquier proeza del tipo que se imagine de alguien que jamás será igualado.
Español y suizo nuevamente, como en aquella recontra épica final de Australia vivida hace pocos meses atrás, para dar broche de oro al torneo francés por excelencia. Pero un pequeño detalle que hizo trizas otra esperanza de batalla sin cuartel. No era Roger Federer precisamente el helvético llamado a definir Roland Garros, quien muy sabiamente, dio descanso a la máquina de treinta y seis años de antigüedad, para poder seguir con chances de dar históricos zarpazos en los torneos donde la superficie es más dócil con el calendario que lleva a cuestas, por caso el próximo Wimbledon que se avecinará y donde "Rafa" estimo validará credenciales aunque no se encuentre en su terreno favorito.
En cambio un querible y notable competidor, Stan Wawrinka, saltaba a la cancha con un cansancio evidente a cuestas, producto de una larguísima y desgastante semifinal ante Andy Murray, con la misión, por increíble que parezca, de no quedar notoriamente en ridículo, ante una verdadera máquina de engullir tenistas cuando la superficie se pinta de color naranja.
Luego de un inicio donde los nervios dominaron levemente la escena, con un Nadal llamativamente descoordinado en ese ingreso, principalmente en los porcentajes de eficacia de primeros saques, lo que daría a pensar en el agigantamiento de la esperanza del suizo para jugar con chances los games de mayor presión para el zurdo, sobrevino como tanta otras veces un espectáculo que en rara forma podría calificarse de privilegio, en tanto que, haciendo comparativos, cada vez que Nadal asomó en una definición parisina nunca, hasta el día de la fecha, hemos sido capaces de presenciar ya sea en vivo o por la televisión, extremas contiendas como la vista en tierra de canguros, o bien en el verde césped de la catedral del tenis donde, por caso, Roger Federer con éste mismo protagonista (de éstas líneas) o bien con Andy Roddick animaron duelos en donde hasta la última pelota las apuestas podrían haber seguido abiertas; por el contrario cada una de ellas, salvo la que tuvo como actor a nuestro coterráneo y compatriota Mariano Puerta y alguna mejor resistencia de Federer en otra, terminaron por demolición, casi aburriendo en el final, haciendo parecer fácil y chiquito lo inmenso.-
La progresión del partido luego de un 2 iguales inicial, en donde a pesar de lo expresado más arriba, Nadal olió rápidamente que Stan recibía su pelota tan alta como para incomodarlo sin soluciones a mano, y tan rápida que la secuencia de piernas siempre lo encontraba en la emergencia, con falta de pasos de ajuste, definitivamente fundamentales para sentir que se le puede pegar a la pelota a la misma velocidad que el rival con similar grado de seguridad. Y eso fue más que suficiente para saber que tónica de partido se debía jugar. Bolas pesadas para llevar hacia atrás a Wawrinka y con la cancha más "grande" aceleración lograda a través de golpes más rectos que desarticulaban cualquier posibilidad que el rival de turno, pegara más rápido, que muy bien lo hace dicho sea de paso, afirmado y detenido sobre piernas que encuentran el punto exacto y bajando el centro de gravedad para largar las "bombas", a las que Stan, nos tiene normalmente acostumbrado.-
Un cartel final que estampó el 6-2 6-3 6-1, fue lo único que pudo tumbar al manacorí al suelo, aunque no como resultado de una derrota sino ganado por la emoción. Ese baño único en el polvo de ladrillo, elemento con el que bañarán el cajón del español el día que Dios decida que regrese a "su" mundo o planeta (como si fuera un extraterrestre en la tierra), en honor a todas sus batallas ganadas, dio lugar a otro acto de rigor marketinero (permítaseme el criollismo), cual fuere la aparición de Tío Toni, el mentor del español, en la ceremonia de premiación (esto de la mano del anuncio del entrenador de Rafa anunciando de que es la última temporada que acompañará desde el boxes de su sobrino); lo que en definitiva y de todos modos es toda una alusión a lo que es el español. Un ejemplo de superación, de "producto de laboratorio" bien entendido, que ya desde que irrumpió en el circuito siendo casi el único capaz por muchos años de echar un manto de sombra sobre el más grande de la historia (Federer), se propuso hasta el punto de la obstinación de sacar más rápido y mejor, de que su revés no sea un golpe de "aguante", defensivo o de transición, sino por el contrario un rayo de alta precisión, que asimismo su derecha invertida sea un dilema indescifrable, a partir de un raro eje corporal semivertical de disparo, desafiando los libros escritos por los más sabios enseñadores de éste deporte, y por sobre todo estirando ese músculo, el cerebro, hasta límites que todavía nadie pudo encontrar. Porque ahí encontramos el punto para ir llegando al final (y en esto sumaremos al mejor de todos para muchos Roger Federer). Fue primero un duelo personal, para transformarse con el tiempo en otra secuencia con algunos pocos invitados de lujo para el convite de ases (Djokovic y Murray especialmente y algún comensal temporal en el que damos un "poroto" muy bien ganado a Juan Martín Del Potro). Y cuando todo parecía acabar, incluso por el empuje fresco de la nueva generación que parecía traer de la mano el búlgaro Grigor Dimitrov, pero que ha perdido el testimonio a mano de dos que se vienen agigantando como Dominic Thiem y el alemán Zverev, renacieron los dos más grandes de la historia (ahora la afirmación se impone sin dudas antes vedada por el capricho de los números habidos entre Nadal y Sampras, aunque en mi opinión la versión del "matador" era más grandiosa que la del americano, la que se diluía justamente en el polvo de ladrillo), suizo y español, en orden de prioridad en cuanto a sus proezas para muchos, que nos dejan con una nueva incógnita. Hasta donde serán capaces de llegar? Hoy, increíblemente, ni el más aventurero apostador podrá dar lugar a respuesta certera, con todo lo que ello significa.-
Por lo pronto en breve lapso Wimbledon llamará a la cita nuevamente a todos, las mejores raquetas del planeta otra vez allí, pero con el regreso del suizo a los courts y en la superficie que más veces lo vio ganador en los torneos majors no queda más por decir. Señores, la mesa está servida. Donde los reyes de la alta aristocracia inglesa dieron vida al tenis (aunque ello se discuta con fundamento), el choque de fuerzas que hasta principios de éste año era una utopía, y que gracias a Dios además de Australia entregó unos capítulos más, quizá vuelva a ser realidad.
