Nacho y Alejo, orgullo charabón
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Ignacio Arca y Alejo Cejas, capitán y subcapitán de la M16 del San Francisco Rugby Club, fueron convocados para representar a Córdoba en los Juegos Evita, que se disputarán en Mar del Plata. Los jóvenes hablaron de sus comienzos, los sacrificios para entrenar con el seleccionado y sus sueños dentro del rugby.
Ignacio y Alejo tienen 16 años, son compañeros en Charabones y desde julio sumaron una exigencia a sus rutinas: viajar a Córdoba para entrenarse con el seleccionado provincial. La convocatoria los llevará a los Juegos Evita, que se disputarán del 2 al 7 de noviembre en Mar del Plata, donde competirán en rugby seven.
Nacho es capitán de la M16 del San Francisco Rugby Club y Alejo, subcapitán. Llegaron al mismo lugar por caminos diferentes. Nacho comenzó a jugar de chico, pasó un tiempo por el fútbol y regresó al rugby en M13. Alejo se incorporó a los 13 años, alentado por su padre, que quería compartir con él una experiencia que había marcado su propia vida.
“Mi papá quiso llevarme al deporte. Sentía que él quería que yo viviera lo mismo que había vivido con el rugby. Tiene un grupo muy lindo de amigos gracias a este deporte”, contó Alejo. Su entusiasmo tiene una explicación: “Es mi deporte favorito, sin dudas. Somos 15 contra 15 y no existe el individualismo. Si hay individualismo, vas a terminar perdiendo”.
Nacho señaló otro aspecto: “Es un deporte que inculca mucha disciplina y responsabilidad, sobre todo en los aspectos cotidianos de la vida. Te ayuda mucho en el día a día”. Esa responsabilidad se volvió indispensable para sostener los entrenamientos provinciales sin descuidar la escuela.
Al principio viajaban los miércoles. En septiembre comenzaron a hacerlo lunes y miércoles, con regresos a San Francisco a altas horas de la noche. “Teníamos que viajar, volver tardísimo y al otro día ir a la escuela. Nos acomodábamos los horarios como podíamos. Estudiábamos en el auto o nos la rebuscábamos porque sabíamos que era un compromiso para nosotros”, explicaron.
La competencia también los obliga a adaptarse. En Mar del Plata jugarán rugby seven, con siete jugadores por equipo y mayores espacios que en la modalidad habitual. “Hay mucho más espacio y también se nota mucho el cansancio físico. Tenés que intentar cubrir todos los huecos. Es un juego donde hay que usar mucho más la cabeza”, describieron.
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Los dos miran más allá de los Juegos Evita. Llegar alguna vez a Los Pumas es un sueño que no esconden. “Todo jugador de rugby tiene ese sueño. Es algo lejano, pero creo que con disciplina cada vez te podés acercar más”, dijeron. También valoran que jugar en una ciudad del interior no cierre las puertas: “Por más que seas un jugador del interior, eso no te impide llegar a la selección”.
Juani Mina, entrenador de la M16, sigue de cerca su evolución y destaca que la convocatoria reconoce mucho más que sus condiciones físicas. “Justo hoy veía videos y fotos del año pasado y pensaba en todo lo que han evolucionado. No solamente en lo deportivo y en lo físico, sino también en cuanto a la madurez. Los escucho hablar y me llena de orgullo saber que dos chicos con estas cualidades están a la cabeza del equipo”, expresó.
Para Mina, las capitanías son consecuencia de esa conducta. “Habla muy bien de ellos y también de sus padres y de la educación que tienen en sus familias. Es para sacarse el sombrero. Si siguen trabajando de la manera en que lo están haciendo, van a lograr lo que se propongan”, afirmó.
El profesor también describió cuánto cambió el panorama de las juveniles. Hubo temporadas en las que Charabones tuvo que unirse con Arroyito para completar equipos y otras en las que viajaba con planteles reducidos para enfrentar a clubes cordobeses mucho más numerosos. Ahora la M16 marcha segunda en su competencia y ya consiguió triunfos frente a rivales de la capital provincial.
“Antes viajábamos 12 o 13 chicos y enfrentábamos clubes que tenían 90 o 100 jugadores por categoría. Hoy somos uno de los rivales más duros del bloque juvenil”, recordó Mina. El crecimiento se refleja tanto en los resultados como en la cantidad de jugadores que participan de los entrenamientos.
El padre de Nacho Arca observa ese cambio desde la experiencia de las familias. “Antes, para los clubes de Córdoba, venir a San Francisco era casi un castigo por el viaje. Ahora realmente es un desafío. Y eso se lo ganaron los chicos y se lo ganó el club”, destacó.
A la mirada de Juani Mina se suma la de Maxi, el papá de Nacho, quien también acompaña de cerca el proceso del seleccionado. “Con Mario nos turnamos para viajar. Nosotros también tenemos trabajos, obligaciones y compromisos familiares, pero sabemos el esfuerzo que hacen los chicos. Estudian en el auto, llegan a acostarse a las dos o tres de la mañana y al otro día tienen que levantarse para ir a la escuela”, relató. Los viajes compartidos, además, fortalecieron el vínculo entre jugadores y padres.
Mario, el papá de Alejo Cejas, recordó los distintos lugares por los que pasó Charabones antes de contar con sus instalaciones actuales. “Por todos lados pasamos: cuando estábamos en el Parque, cuando estábamos en el anexo ahí por Chile. Yo creo que la evolución también vino con el contagio del rugby. Cuando Los Pumas empezaron a salir más a nivel internacional, se hizo más fácil para la comisión, para el club y para los profes. Se suma uno, se suma otro”, contó, al recordar también los entrenamientos en aquel baldío de la zona de 9 de Septiembre.
Los jugadores ven esa transformación de cerca. “Se nota muchísimo el cambio, tanto en lo deportivo como en la infraestructura. Ver que la Primera llega a instancias finales también nos motiva. Desde chicos tenemos el objetivo de algún día estar ahí y conseguir algo importante con esta camiseta”, señalaron.
El 1 de noviembre, Nacho y Alejo saldrán de San Francisco rumbo a Mar del Plata para vivir algo que hace unos años parecía lejano. Irán con la camiseta de Córdoba, pero también con un pedacito de Charabones. Con ellos viajarán las horas de entrenamiento, las noches de poco sueño, los apuntes abiertos en el auto y esos padres que estuvieron siempre, incluso cuando el cansancio pesaba. Porque detrás de estos dos chicos hay muchas personas que hicieron su parte para que hoy puedan estar ahí. Y seguramente, cuando entren a la cancha, más de uno en San Francisco va a sentir que también está jugando un poquito.
