Muerto el perro, se acabó la rabia
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En 1917, la municipalidad de San Francisco desarrolló una política terminal de envenenamiento de perros callejeros y de aquellos cuyos dueños no estuvieran al día con sus impuestos
La rabia es una virosis zoonótica que se transmite al ser humano a través de saliva de animales infectados, tanto domésticos (principalmente perros y gatos) como silvestres (murciélagos, zorros, etc.). Una persona infectada, que no recibe tratamiento inmediato, generalmente termina falleciendo. En el mundo se estima que mueren 160 personas al día por esta causa, razón por la que todos los 28 de septiembre se conmemora el Día Mundial contra la Rabia, en recuerdo del fallecimiento de Louis Pasteur, que desarrolló la primera vacuna contra esta enfermedad.
Según la Organización Mundial de la Salud, el perro es la principal fuente de muertes humanas por rabia, contribuyendo en hasta el 99% de todas las transmisiones de la rabia a los humanos. Un perro hidrófobo suele presentar síntomas como salivación excesiva, fiebre y comportamiento agresivo que lo hace proclive a morder y seguir transmitiendo la enfermedad. Al no haber cura para animales, la rabia representa una grave amenaza a la salud pública, por lo que la decisión para las mascotas infectadas suele ser sacrificarlas para detener la propagación.
En San Francisco, el 24 de febrero de 1917, un perro callejero infectado de rabia mordió a un niño, hijo de José Rognoni, zapatero reconocido. El animal fue sacrificado y se envió su cabeza al Instituto Pasteur de Buenos Aires, donde además se requirió la presencia del pequeño agredido, para su tratamiento.
Ante el riesgo que significaba tener animales callejeros con presunta circulación de rabia, las autoridades comunales fueron pragmáticas. De inmediato dieron comienzo a una campaña municipal de envenenamiento de perros que estuvieran en las calles sin sus respectivos dueños. Cuadrillas de empleados recorrían San Francisco, levantando animales y llevándolos para ser sacrificados. La política pública con respecto a las mascotas no se detenía allí: en aquella época, quienes tenían perros en sus casas además debían pagar un impuesto. Se anunció entonces que, el vecino que no estuviera al día con el tributo, también perdería a su animal.
Triunfo pírrico
El jefe comunal era Tristán Paz Casas, quien había asumido el año anterior, y al poco tiempo ya había querido renunciar por causas no del todo esclarecidas.
El contexto es importante. San Francisco se veía susceptible como ciudad de la furia. Pese a su fundación reciente, ya había superado crisis debidas al cólera y la peste bubónica, crisis que la habían hecho correr el riesgo de transformarse en pueblo fantasma. Los habitantes no querían saber más nada con enfermedades transmitidas por animales.
Transcurridos unos días de esta política terminal, las autoridades consideraron que, muertos los perros (se ignora el número), se había efectivamente terminado la rabia. Para fin de mes, las urgencias sanitarias volvían a derivar del mal estado del agua que se bebía, de la paupérrima higiene en conventillos y hogares, que causaba enfermedades como el tifus.
El triunfo contra la rabia, sin embargo, no le valió de mucho al intendente, ya que en el epílogo de ese año, en un muy polémico episodio, terminó siendo destituido por el Concejo Deliberante, desde donde se le criticaba el manejo de las finanzas públicas, incluyendo deuda en materia de salud pública con el Hospital y su director, Enrique J. Carrá.
La ciudad y los perros, hoy
Por suerte, en la actualidad se ha avanzado un poco. En 1954, el Congreso sancionó la Ley 14346, la "Ley Sarmiento", que establece penas para las personas que maltraten o hagan víctimas de actos de crueldad a los animales. San Francisco ya tuvo condenados por presunto maltrato de perros. Y además, por impulso originario de organizaciones que defienden la vida animal, ya rige aquí una ordenanza que declara a la ciudad como "territorio libre de pirotecnia", prohibiendo la venta y uso de todo tipo de artefactos de pirotecnia, desde estrellitas a fuegos artificiales en eventos públicos.
Asimismo, ya no hay impuestos para propietarios de mascotas. El envenenamiento ha sido reemplazado en materia de políticas públicas por acceso a la vacunación antirrábica y castraciones masivas. Eso sí, no existe aún cura para la rabia en animales. Una mascota infectada, lamentablemente, no sobrevivirá. La vacunación sigue siendo el método más eficaz de prevención. Vacunado el perro, se acabó la rabia.
