Muerte en Navidad: el caso que terminó en un juicio multitudinario
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En las primeras horas del 25 de diciembre de 1957, el festejo terminó con un muerto. Lo que era alegría y descorche terminó con disparos... de arma de fuego. En esta nueva entrega del ciclo “San Francisco, cuna de la mafia”, repasamos nuestros archivos para indagar sobre el caso “Tiberti”.
Por Manuel Montali | LVSJ
Noche Buena. Av. 9 de Septiembre 2137, frente al portón del domicilio de José Ramella. Un grupo de hombres festejaban y bebían de un par de porrones. José Ricardo Bazán, Antonio Idelfonso Vázquez, José Pacheco y un menor. Alrededor de las 3, llegaron en un camión Esteban Enrique Asteggiano, Alberto y Miguel Gallegos, y Miguel Tiberti.
Este último se bajó, abrió el portón y le pidió al grupo de personas que estaban al frente que se corrieran para dejar pasar el vehículo.
Alcohol, ánimos exaltados, palabras que van y vienen, y caos.
Por algún motivo (broma, pereza, mala disposición o lo que fuere), el grupo no quiso acceder al pedido o exigencia de Tiberti, que era un pibe de 25 años. Uno de los porrones, que habían seguido dando vueltas, estaba en manos de Bazán, que tenía 35. Bazán se lo tiró a ese pibe insolente, pero no le pegó a él, sino a uno de los Gallegos, lesionándolo en el rostro.
Tiberti, que era un pibe pero no bromeaba, extrajo entonces un Colt, caño largo, calibre 32, y le hizo un primer disparo a Bazán. Herido, el hombre intentó huir, y Tiberti le efectuó un segundo disparo, que casi con seguridad erró. De todas maneras, el primer balazo había sido suficiente para causarle la muerte un poco después, cuando ya estaba en camino al Hospital "J. B. Iturraspe".
El caos no terminó ahí.
Mientras tanto, Esteban Enrique Asteggiano había también salido en defensa del Gallegos herido. Sacó un cuchillo de la cintura y la emprendió contra Vázquez y Pacheco, episodio que no tuvo mayores consecuencias sobre todo porque este último asumió una actitud pacífica y pudo calmar los ánimos.
La policía llegó al lugar y secuestró el arma de fuego, el cuchillo y los dos porrones.
El juicio y el abogado estrella El caso fue a juicio a finales de julio de 1959. Y resultó un suceso porque los acusados fueron defendidos por un conocido penalista cordobés de aquellos años, Ernesto Gavier, una verdadera celebridad de la justicia mediterránea.
El 30 de julio, ante un importante público que se dio cita en la Sala de la Cámara Criminal de nuestra ciudad, cuando ya caía la noche, los jueces Orlando Paván, Alberto Tossi y Luis Abasto sentenciaron a Tiberti a dos años de prisión con suspensión de ejecución, al considerarlo responsable del delito de homicidio con exceso de defensa.
Astegiano fue condenado a tres meses de prisión en suspenso por la agresión con el cuchillo.
A Ernesto Gavier se le reguló la suma de diez mil pesos de honorarios por la defensa de Tiberti, y de dos mil pesos por el patrocinio de Astegiano. El reconocido letrado cordobés dejó la ciudad con su prestigio intacto, continuando un legado familiar en derecho que sigue extendiéndose hasta nuestros días... como también sigue la mafia, o a veces ni siquiera eso, porque sobra con la violencia, la común, la de todos los días.
