Sociedad
Mónica Ferreyra: “Los sueños no tienen fecha de vencimiento
:format(webp):quality(40)/https://lvdsjcdn.eleco.com.ar/media/2026/01/monica_ferreyra.jpeg)
Ingeniera en Sistemas, modelo, sobreviviente de cáncer de mama y candidata oficial a Miss Córdoba 2026, decidió volver a empezar cuando muchos creen que ya es tarde.
Por María Laura Ferrero | LVSJ
Tiene 46 años, es ingeniera en sistemas, trabaja en una empresa de seguros de San Francisco y atravesó un cáncer de mama que le cambió el cuerpo y la forma de mirar la vida. Cuando los mandatos parecían marcar un final, Mónica Ferreyra eligió volver a empezar. Retomó el modelaje, se formó en Córdoba y fue seleccionada como candidata oficial a Miss Córdoba 2026 San Francisco, con un mensaje claro: los sueños no tienen fecha de vencimiento.
Su historia está profundamente arraigada a la ciudad: nació en barrio Roca, pasó parte de su infancia en barrio Consolata y, al momento de esta etapa vital, residía en barrio Procrear. “Siempre fui de acá”, solía decir, con una convicción que atravesaba todo su relato.
Cursó la escuela primaria en la Escuela Sarmiento y completó sus estudios secundarios en el Colegio Superior San Martín. Luego tomó una decisión que marcaría su recorrido profesional: estudiar Ingeniería en Sistemas en la UTN Facultad Regional San Francisco. No fue una elección sencilla. “Era una carrera difícil, exigente, pero era lo que podía estudiar acá. Mis padres no podían pagarme una carrera fuera de la ciudad y yo tenía claro que quería formarme”, había contado.
Como tantas historias de la clase media argentina, la suya estuvo atravesada por el esfuerzo, la constancia y la certeza de que el estudio era una herramienta clave para construir independencia.
:format(webp):quality(40)/https://lvdsjcdn.eleco.com.ar/media/2026/01/monica_ferreyra.jpg)
Adolescencia en las pasarelas
Antes de los sistemas, el código y el desarrollo web, Mónica había conocido el mundo del modelaje. Su vínculo con las pasarelas comenzó en la adolescencia, a los 15 o 16 años, cuando los desfiles locales tenían un protagonismo fuerte en la vida social de San Francisco.
Se formó en la escuela de Claudia Mina y participó de desfiles, eventos, presentaciones en boliches y programas de televisión local durante los años 90. “Era otra época, con otras exigencias. La altura, el cuerpo, las medidas eran determinantes. Yo entraba en ese perfil”, recordó.
Sin embargo, el modelaje siempre convivió con otras prioridades. “Nunca lo pensé como una carrera principal. Era algo que me gustaba, pero la vida me fue llevando por otro lado”, reconoció.
Elegir una profesión y sostenerla en el tiempo
La Ingeniería en Sistemas terminó ocupando el centro de su vida adulta. Se recibió a mediados de los años 2000 y comenzó a trabajar en distintas empresas de la ciudad. Uno de los recorridos más extensos fue en el Molino Bovero, donde permaneció cerca de diez años y pasó por áreas como calidad, logística y gestión comercial.
“Fue una etapa de muchísimo aprendizaje. Siempre desde el perfil del ingeniero, pero aprendiendo a gestionar, a organizar, a resolver”, explicó.
Tras su desvinculación en 2014, atravesó un momento de quiebre que luego se transformó en oportunidad. Al salir a buscar trabajo, descubrió que ya podía elegir. Ese proceso la llevó a Compañía de Seguros El Norte, donde se incorporó al área de Desarrollo de Sistemas y continuó desarrollándose profesionalmente.
En paralelo, sostuvo otra de sus pasiones: el aprendizaje de idiomas. Estudió inglés durante más de 15 años, rindió exámenes internacionales y también se formó en portugués, idiomas que vinculó a su interés por la conexión global, los viajes y el contacto con otras culturas.
:format(webp):quality(40)/https://lvdsjcdn.eleco.com.ar/media/2026/01/monica_ferreyra_1.jpg)
El diagnóstico que cambió la mirada
En 2021, en plena pandemia, Mónica viajó a Córdoba para realizar controles médicos de rutina. Allí recibió una noticia inesperada: cáncer de mama. Aunque se controlaba periódicamente, el diagnóstico fue un cimbronazo profundo.
Atravesó una mastectomía bilateral, una posterior reconstrucción con prótesis y tratamiento con medicación. El diagnóstico temprano evitó quimioterapia, pero el impacto físico y emocional fue intenso. En 2023 tuvo una recaída que profundizó el proceso interno.
“Ahí me vi sin partes de mi cuerpo. Fue lo más difícil. Aprender a aceptarme y a quererme de nuevo llevó tiempo”, reconoció. Esa experiencia la obligó a replantearse prioridades. “Entendí que ya no podía seguir postergando lo que me hacía bien”.
Volver al ruedo y romper mandatos
Después de atravesar la enfermedad, decidió retomar el modelaje. En San Francisco no encontró espacios de formación para adultos, por lo que comenzó a buscar alternativas en Córdoba. Allí se topó con límites de edad y prejuicios.
En 2024 ingresó a una escuela de modelaje en Córdoba y fue la alumna de mayor edad del grupo. Lejos de sentirse excluida, la experiencia resultó transformadora. Más tarde se incorporó a una agencia inclusiva, donde encontró un espacio sin límites de edad, género ni estereotipos corporales.
“Ahí entendí que el modelaje también podía ser un lugar de contención y compañerismo”, señaló.
Reconocimiento inesperado
Hacia el cierre del año, durante una actividad interna de la agencia, ocurrió una anécdota que terminó de confirmar que el esfuerzo silencioso también deja huella. En ese encuentro, el director de la escuela anunció un reconocimiento que no había sido votado por las alumnas, sino decidido por él.
El premio fue para Mónica Ferreyra. El motivo: la puntualidad.
“Se lo doy a Mónica porque viene desde San Francisco. Viaja casi 200 kilómetros y siempre es la primera en llegar”, explicó ante el grupo. La escena la tomó por sorpresa. Para ella, llegar a horario era simplemente parte de su compromiso: organizar colectivos, prever demoras, salir con tiempo y compatibilizar su rutina laboral con la formación.
Ese gesto se convirtió en una confirmación profunda. “Ahí me di cuenta de que hay gente que ve tus pasos, que ve cuando hacés las cosas bien, incluso cuando nadie las aplaude”, reflexionó después. La anécdota condensó una convicción que atravesó toda su historia: hacer bien las cosas, aun cuando implique más sacrificio, siempre termina dando frutos.
Candidatura con propósito
La posibilidad de postularse a Miss Córdoba surgió de manera casi inesperada. A través de una compañera se enteró de que Miss Universo había ampliado sus criterios y priorizaba perfiles con historias de vida, liderazgo y compromiso social.
Se presentó a la entrevista virtual y fue confirmada como candidata oficial. Formó parte de un grupo de 38 mujeres de toda la provincia y fue la única representante de San Francisco.
Desde el inicio dejó en claro que su candidatura no se sostenía solo en la pasarela. En sus redes se presentó como ingeniera en sistemas y modelo profesional, una mujer atravesada por la resiliencia, la evolución personal y el deseo de inspirar.
Representar a la ciudad
Para poder continuar en el certamen, Mónica comenzó a buscar sponsors que le permitieran afrontar los costos de la competencia y representar a San Francisco. Vestuario de gala, traslados, producción y capacitaciones formaron parte de una inversión que asumió con responsabilidad.
“Quiero representar a mi ciudad, llevar su nombre y su identidad”, expresó, apelando al acompañamiento de comercios, empresas y emprendedores locales que desearan sumarse a su camino.
Un mensaje que trasciende la corona
En su presentación pública, Mónica sostuvo una idea que atravesó toda su historia: los sueños no tienen fecha de vencimiento. Convencida de que la verdadera belleza es una acumulación de vivencias, aprendizajes y valentía para reinventarse, buscó inspirar a otras personas a no ponerse límites.
No busca solo una corona. Busca demostrar que la madurez no es un final, sino un escenario donde los sueños se vuelven más firmes y auténticos.
