Entrevista
Mirta Veritá: “Si no hay motivación, el alumno difícilmente responda”
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La docente y licenciada presentará su nuevo libro “Aprender con sentido” este jueves 9 de abril en la Biblioteca de Hermanos Maristas. En diálogo con LVSJ, reflexionó sobre los desafíos actuales de la enseñanza, el rol de las emociones y la necesidad de construir aprendizajes significativos.
La docente y escritora Mirta Graciela Veritá presentará su libro “Aprender con sentido” el próximo jueves 9 de abril a las 19 en la Biblioteca del Colegio Sagrado Corazón de los Hermanos Maristas. La actividad se plantea como un espacio abierto de intercambio y reflexión sobre la educación actual.
Antes del evento, la autora dialogó con LA VOZ DE SAN JUSTO y compartió las ideas centrales de una obra que, según explicó, tiene su origen en la práctica cotidiana dentro del aula.
“Esto surge de la práctica docente, es decir, de la práctica del aula”, señaló Veritá, quien cuenta con una extensa trayectoria en los niveles primario, secundario y terciario, especialmente en la formación docente.
Profesora para la Enseñanza Primaria, en Psicología y en Ciencias de la Educación, además de licenciada en Educación y en Filosofía, la autora también se encuentra cursando una maestría en Ética y Cultura, desde donde profundiza una mirada humanista de la enseñanza.
Repensar el aprendizaje en el siglo XXI
Consultada sobre el concepto que da título a su libro, Veritá explicó que “aprender con sentido” no es una idea nueva, pero sí una necesidad vigente. “Argentina tiene tres siglos en las aulas. Tenemos el siglo XIX en la infraestructura, el siglo XX en las teorías del aprendizaje y hoy el siglo XXI con las tecnologías”, sostuvo.
En ese sentido, remarcó la importancia de integrar estos elementos sin perder de vista el objetivo central: que el aprendizaje tenga significado para el estudiante.
“El aprendizaje con sentido tiene que ver con el aprendizaje mismo. Hoy sabemos que no hay cerebro que aprenda si no tiene intencionalidad y una buena motivación. Si no hay eso, el alumno difícilmente responda”, afirmó.
Uno de los ejes del libro es el rol de las emociones en el proceso educativo. Para Veritá, no se trata de un aspecto accesorio, sino de una condición fundamental. “Hoy uno aprende con la cuestión emocional, tanto del adulto que está frente al aula como de los niños o jóvenes. El proceso es siempre con otros”, explicó.
Y agregó: “Las estructuras que generan emociones también generan nuevos pensamientos. La memoria no puede ser solamente repetitiva, tiene que trascender”.
En esa línea, también hizo referencia a la diversidad en las aulas actuales: “La neurodivergencia implica reconocer que todos los procesos son diferentes. El docente tiene que ver individuos, no grupos homogéneos”.
La autora también abordó las dificultades concretas que atraviesan los docentes en la actualidad, desde la rutina hasta la falta de recursos. “Las aulas son complejas, siempre lo han sido. Pero hoy hay múltiples factores que nos atraviesan”, indicó.
Al mismo tiempo, reflexionó sobre el rol social del docente: “Si uno analiza lo económico y el prestigio social, el maestro ha ido perdiendo lugar. No es lo mismo que en otras décadas”.
Sin embargo, destacó que el aula sigue siendo un espacio clave de transformación: “Es nuestro lugar, donde podemos actuar y generar cambios”.
Tecnología: ¿aliada o problema?
Lejos de plantear una postura restrictiva, Veritá se mostró a favor de incorporar las herramientas tecnológicas al proceso educativo. “La tecnología no la podemos dejar de lado, porque forma parte de la cotidianeidad. Si la escuela va por una vereda y la vida por otra, no funciona”, sostuvo.
También se refirió al debate actual sobre el uso del celular en clase: “No lo dejaría de lado. El docente tiene que capacitarse para estar a la altura y trabajar con esas herramientas”.
Uno de los puntos más críticos que planteó la autora es la desconexión que muchos jóvenes sienten con la escuela. “Las respuestas se las tenemos que dar los adultos. El joven pide un referente”, afirmó. Y agregó una escena cotidiana: “Muchos dicen ‘me aburro’. Y se aburren porque no hay sentido en lo que hacen”.
Para revertir esta situación, propuso generar espacios de diálogo y construcción conjunta: “El aprendizaje tiene que tener una intencionalidad negociada con el otro”.
Leer, cuestionar y construir sentido
En cuanto a las prácticas concretas, Veritá destacó el valor de la lectura como herramienta central. “Uno tiene que buscar textos que interpelen. Si no hay interpelación, el aprendizaje no se logra”, explicó.
Según describió, el objetivo es que el estudiante no solo comprenda, sino que dialogue con el contenido: “Los textos te preguntan. Cuando los leés, vos también les preguntás y ahí se genera el aprendizaje”.
Asimismo, subrayó la importancia de adaptar las propuestas a cada contexto: “No se puede enseñar lo mismo en todas las escuelas. Las realidades son diferentes”.
Otro de los conceptos que atraviesa su propuesta es el aprendizaje colaborativo. “El proceso es de a dos, incluso entre pares. Hay alumnos que avanzan más rápido y pueden ayudar a otros”, indicó.
Veritá retomó la idea de “andamiaje”, de Lev Vygotsky, donde el acompañamiento mutuo fortalece el aprendizaje: “Genera un clima de trabajo y colaboración muy interesante”.
Una educación que interpele
Veritá resumió su enfoque pedagógico en una idea central: la necesidad de construir aprendizajes significativos.
“El aprendizaje tiene que ser un proceso individual, siempre con otros, en un contexto que tenga sentido”, insistió.
También advirtió sobre la importancia de integrar lo nuevo sin descartar lo anterior: “No todo lo pasado fue malo. Hay que incorporarlo a lo actual”.
“Desde la lectura, que es lo elemental”, remarcó la autora al referirse a las prácticas concretas que propone en su libro. Explicó que no se trata de cualquier tipo de material, sino de textos que logren generar una verdadera conexión con los estudiantes. “Uno tiene que buscar textos que a los jóvenes y a los niños realmente les hagan ruido y los interpelen. Si no hay interpelación en el aprendizaje, el aprendizaje no se logra”, sostuvo.
La entrevistada también hizo hincapié en la importancia de enseñar a leer en profundidad. Esto implica comprender, cuestionar y resignificar lo leído, transformándolo en una experiencia personal. En este marco, la escritura aparece como una extensión natural de ese proceso. Aunque no siempre se la jerarquiza en las aulas, Veritá la considera clave para consolidar el aprendizaje.
“Todos hemos llegado a hacer procesos de aprendizaje que tienen que ver con marcas, con códigos individuales”, dijo, al referirse al valor de escribir, subrayar, tomar apuntes y dejar huellas propias sobre los contenidos.
Estas prácticas, lejos de ser mecánicas, permiten que cada estudiante construya su propio recorrido de comprensión. “Eso que se dice que del apunte de otro no se puede estudiar, es así”, afirmó.
Entre lo digital y el papel
En un contexto atravesado por la tecnología, la autora propuso evitar posturas extremas y apostar a la integración de herramientas.
“Los grandes sistemas educativos del mundo han vuelto al papel”, señaló, al tiempo que defendió la convivencia entre lo digital y lo analógico.
Para Veritá, el uso de libros físicos, la escritura a mano y el contacto directo con el texto siguen siendo fundamentales en el proceso de aprendizaje. Al mismo tiempo, reconoció que las nuevas tecnologías forman parte de la realidad cotidiana de los estudiantes y deben ser incorporadas de manera crítica.
Incluso vinculó estos cambios con el avance de la inteligencia artificial: “Tengo que evaluar si el alumno fue capaz de elaborar un buen proceso para preguntarle a la IA”, explicó, poniendo el foco en el pensamiento y no solo en la herramienta.
Y concluyó: “Tenemos que generar procesos que interpelen, que cuestionen y que permitan a cada alumno construir su propio sentido en el aprendizaje”.
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