Análisis
Minibasurales: una mala costumbre
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El municipio anunció la intención de recuperar algunos sitios donde históricamente existieron estos minibasurales para para transformarlos en espacios de uso comunitario. Esto no puede chocar con la desidia de quienes continúan con arrojando desperdicios. El problema es cultural.
La información oficial proveniente del municipio señala que la Secretaría de Servicios Públicos llevó adelante varios operativos de limpieza y erradicación de minibasurales en distintos sectores de la ciudad. Se indicó que, en el período de una semana, agentes municipales debieron intervenir en más de 30 puntos donde se registraba acumulación de residuos.
Por ello, desde las áreas del Estado local relacionadas con esta problemática se reiteró el pedido a los vecinos para que tomen conciencia y eviten arrojar basura en lugares no habilitados, ya que esta práctica genera problemas ambientales y afecta el normal funcionamiento de los servicios.
En este punto, las declaraciones del funcionario encargado de la logística de maquinarias en el municipio brindaron un dato preocupante: habría en la ciudad casi 70 puntos crónicos, entre espacios públicos, sitios baldíos privados y canales de desagües que son utilizados por vecinos desaprensivos para arrojar residuos de todo tipo. Y esto sucede en numerosos barrios de la ciudad, incluso en sectores cercanos a la zona céntrica.
En reiteradas ocasiones se lo ha sostenido desde esta misma columna. En una ciudad en la que el servicio de recolección de residuos e inertes se cumple de modo regular, no se comprende y, mucho menos, tampoco se justifica que haya personas que arrojen basura en veredas, baldíos u otros sitios de la ciudad. El atentado contra la salud pública que esta conducta lleva implícita obliga a la acción más enérgica de las autoridades para sancionar a los desaprensivos que continúan ensuciando el lugar que habitan.
El problema es de índole cultural. La mala costumbre de arrojar desperdicios en cualquier sitio se mantiene, pese a las advertencias de la municipalidad y a las medidas que históricamente se han adoptado para evitar esta práctica. Por caso, la hemeroteca de este diario nos recuerda que, en 2011, se habían instalado seis cámaras móviles en distintos puntos estratégicos del ejido urbano donde se habían generado estos sitios de almacenamiento de basura. En aquella ocasión se multó a los infractores. Pero eso no alcanzó para eliminar la inconducta, porque inmediatamente aparecieron otros minibasurales fuera del alcance de aquellos dispositivos.
Resulta redundante insistir en que la acumulación de basura en sitios no adecuados convierte a estos lugares en focos de contaminación que son una amenaza para la salud pública y el medio ambiente. Difícil es comprender cómo algunos vecinos no tomen conciencia de los perjuicios de sus acciones en este sentido. Más aún: que mantengan su mala costumbre pese a los reclamos de las autoridades, las medidas de prevención que se adoptan y la queja de sus propios conciudadanos.
Es este el contexto en el que el municipio anunció la intención de recuperar algunos sitios donde históricamente existieron estos minibasurales para para transformarlos en espacios de uso comunitario. Este saludable objetivo no puede chocar con la necedad y desidia de quienes que no comprenden el valor de la sana convivencia ciudadana y continúan con arrojando desperdicios y afeando decenas de espacios urbanos.
