Miguel, te presento a Miguel: Luego de 30 años encontró a su padre en San Francisco
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Miguel Ángel Ayala estuvo en la víspera del día de Reyes recorriendo toda la ciudad con un noble objetivo: encontrar a su padre el cual no veía desde que era pequeño. "Fue como encontrar una aguja en un pajar", afirmó a LA VOZ DE SAN JUSTO.
Miguel Ángel Ayala nació en Ushuaia, su vida transcurrió luego en Río Grande, provincia de Tierra del Fuego. Su madre lo crió a él y su hermano y tuvo el apoyo de su padre del corazón. Sin embargo, para este joven de 33 años había algo que faltaba, una pieza trascendental.
Cuando tenía tres años sus padres se separaron, "nunca ninguno de los dos dijo nada malo del otro", sin embargo, algunos problemas los terminaron distanciando. Desde entonces nunca más supo Miguel Ángel de su padre del cual heredó un parecido físico y el mismo nombre.
"A los 11 años golpearon la puerta y eran unos hermanos míos de parte de mi padre, logré con el tiempo entablar una buena relación con ellos", comenta a LA VOZ DE SAN JUSTO Miguel.- Había una hermana que seguía su rastro y entre diálogo y diálogo la inquietud de saber qué fue de su padre se hizo grande.
"Mi papá era de Chaco, nosotros vivíamos en el sur y después vivimos un tiempo allá para después volver. Siempre que hablaba con mi mamá que me habló sólo un poco de él terminaba llorando. Mi mujer me dijo vamos a ir al norte y a buscar a tu papá", describe Miguel. Y allá fueron en una travesía que parecía difícil teniendo en cuenta que los recuerdos del joven sobre su padre eran vagos y databan de hace 30 años.
Era "el otro" San Francisco
Cuando Miguel le comentó a su hermana que iría a buscar a su padre le comentó que "estaba cerca" porque "estaba viviendo en San Francisco". Sin embargo, después de algunas aclaraciones supo que en realidad Miguel Ángel padre, está radicado en nuestra ciudad - la del Este cordobés - desde hace unos quince años.
"Mientras hablábamos con mi familia, llegó mi papá del corazón y preguntó 'quién vivía en San Francisco'. Le dije que ahí podía estar mi padre biológico. Él tuvo una
buena reacción, me acompañó y confortó porque igual que mi mamá vieron que
tenía que realizar ese viaje. Dejé a mis hijos con mi mamá y
viajamos con mi esposa. Salimos el miércoles a Villa Dolores, de ahí a Córdoba
y llegamos a San Francisco", menciona entre lágrimas que van y vienen.
A bordo de un taxi comenzó a recorrer la terminal, las calles de la ciudad, los vagones del ferrocarril y todo Frontera. No había peligro, ni dinero que pudieran parar esa sed de querer reencontrarse con su padre. Así fue que llegó a la policía y aunque lo intentó no pudo obtener una imagen que facilitara la búsqueda. "Hablé en la radio y una chica se acercó a la policía ella me comentó que lo conocía. Habló con otro amigo y le dijo 'que hacía media hora había estado con él'. Entonces tomamos un taxi y fuimos", explica emocionado por el recuerdo.
Su padre no estaba cerca, sin vivienda y en situación de calle fue acogido en la casa de una familia en cercanías de Monte Redondo, allá donde se confunden la ruta y el frigorífico. "Lo vi detrás de una ventana y supe que era mi papá. Tenemos mucho parecido físico, pero es el calco del rostro de mi hermano que dejé en el sur", afirma.
Reencontrarse con aquel padre que lo alzaba y le daba besos de niño para este joven fue verdaderamente como "cerrar el círculo".
