Mi hijo hace bullying: ¿cómo ayudarlo?
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La familia es la primera institución que forma a los seres humanos y, en el caso del bullying siempre se habla de lo que hay que hacer en el caso que un hijo sufra acoso escolar. Pero, ¿qué pasa cuando la situación es al revés?. El psicólogo Mauro Moyano explicó cuál es el rol de los padres y docentes en estos casos.
Isabel Fernández|LVSJ
"Te pido un favor, si un hijo mío te burla del tuyo, avísame. Primero te pido perdón, luego me ocupo de mi error como padre: permitir que mi hijo lastime a otro". La cita forma parte de una campaña que circula en redes sociales para ponerle fin al grave problema del acoso escolar, que causa un serio impacto psicológico en la persona afectada e incluso puede llevar al suicidio.
La familia es la primera institución que forma a los seres humanos y, en el caso del bullying siempre se habla de lo que hay que hacer en el caso que un hijo sufra acoso escolar. Pero, ¿qué pasa cuando la situación es al revés?.
Los padres con hijos que hacen bullying también pasan por una circunstancia difícil, ¿qué pueden hacer?. En esta vuelta a clases es importante estar atentos e informarnos para evitar este problema que daña tanto al niño que es víctima, como al que ejerce la violencia.
LA VOZ DE SAN JUSTO dialogó con el licenciado en Psicología Mauro Moyano (MP-4534), integrante de diversos equipos interdisciplinarios en educación quien remarcó que es importante que los padres y madres "dialoguen y compartan tiempo de calidad con sus hijos, se acerquen a las escuelas, que estén atentos y abiertos a las indicaciones, sugerencias que los docentes brindan. También hablar con ellos acerca de la diversidad en el espacio escolar, en donde el otro es diverso para mí y yo para el otro, respetando esas diferencias y aceptándolas como parte de la singularidad de cada uno".
"Los chicos aprenden más de nosotros por imitación y por el modo que nos manejamos en la cotidianeidad que por lo que le digamos conscientemente. Un mejor vínculo con ellos, además de gratificarnos como padres será muy útil a la hora de poner límites, y brindar apoyo", dijo.

Lic. Mauro Moyano
El psicólogo respondió una serie de inquietudes y esclarece cuál es el rol de los padres y la familia en la prevención del bullying.
- ¿Cuáles son las soluciones para los chicos que acosan? ¿Es una conducta que se puede revertir?
Es importante mantener una buena comunicación con los docentes de las escuelas, ellos están atentos a dichas situaciones y pueden desarticular dichas dinámicas. Se trata de un trabajo en corresponsabilidad de familia y escuela. También es fundamental el diálogo con nuestros hijos e hijas, fomentando el respeto y el buen trato hacia los demás. Y también reforzar los lazos de solidaridad ante una ocasional víctima, hay que tener en cuenta que una victimización adicional a las agresiones sufridas es el sentimiento de soledad y rechazo que estas generan; hacer sentir al agredido que no está solo es de gran ayuda. Los niños y niñas son sujetos en formación y como adultos tenemos que realizar todo lo que esté a nuestro alcance para revertir estas conductas; para promover lazos de solidaridad, y que puedan ponerse en el lugar del otro, lo que se conoce generalmente por empatía.
- ¿Por qué un chico se convierte en acosador?
El niño o niña que en un grupo cumple el rol de acosador, puede ser víctima de violencia en otro espacio y viceversa. El ámbito familiar como es lógico influye sobre manera en la forma que ellos se vinculan y forman lazos con el otro, la escuela es el espacio por excelencia en donde el niño y la niña se encuentran con lo no familiar, y también donde expresan sus dramas íntimos. Hay que considerar que el acoso escolar o bullying es un fenómeno que tiene ciertas características que lo distinguen de otros tipos de violencias. El término bullying hace referencia a una conducta grupal, donde éste acosa a un individuo en particular. Es decir que se trata de una manifestación que se halla entramada en lo grupal, donde pueden definirse roles y distinguirse líderes. Además, en el bullying, dicho grupo se ensaña con una misma víctima, esto hace mucho más dramático el panorama por su fijeza, la dinámica se repite y se mantiene en el tiempo. La vulgarización del concepto hizo que se utilice incorrectamente para designar todo tipo de agresiones que se dan en el ámbito escolar. Esta banalización del término también influyó, en mi opinión, a que se lo enlace a ciertas características concretas (físicas, mentales o sociales) de la víctima; cosa que no es necesariamente así, es decir que dichas características pueden ser reales, inventadas o ni siquiera existir. Aclarado esto, que se trata de un fenómeno grupal, y que los actores son niños que están en etapa de desarrollo hay que tener mucha cautela con las rotulaciones o los términos (en algunos casos psicopatologizantes) que utilizamos, para que no se cristalicen y terminen definiendo al sujeto (en este caso siempre un niño, niña y/o adolescente).
- ¿La tecnología agrava en estos tiempos el problema?
Sin dudas que lo agrava, porque si pensamos en la relevancia que han tomado en nuestras vidas (en niños, niñas y adultos por igual) los dispositivos y las redes sociales, sabremos que la situación no tiene límites, no existe un corte, llevamos la amenaza y el miedo en el bolsillo o en la mochila, no sabemos cuándo recibiremos una agresión o un maltrato. Antes de la aparición de estos dispositivos, por lo menos la situación se circunscribía, se limitaba a la escuela, finalizada la jornada escolar el niño, niña o adolescente volvía a su hogar y podía encontrar reposo. En la actualidad, no existe corte, el asedio se expande e invade todo tipo de intimidad, agravado por la importancia superlativa que cobraron dichos dispositivos de los cuales es casi impensable prescindir.
- Muchas veces los padres de un chico que acosa no saben que su hijo tiene esa conducta ¿Cómo nos damos cuenta que un chico molesta a los otros en la escuela, si es que los docentes no dicen nada?
Las causas pueden ser múltiples, los padres pueden reflejar problemas a nivel familiar o también pueden estar ausentes. La verdad es que es muy difícil, sino imposible, como adultos darnos cuenta de que un hijo o hija tiene esos comportamientos sin la ayuda y la información que puedan brindarnos las maestras, maestros y demás actores institucionales. Es por ello que es primordial el diálogo tanto con nuestros hijos e hijas como en el mantener una comunicación fluida con los docentes.

