Sociedad
Memorias que viajan: los adultos mayores redescubren el patrimonio de su propia tierra
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Un programa nacido en la mesa de Turismo de Ansenuza crece de 4 a 14 localidades en 2026. Desde abril hasta noviembre, adultos mayores de toda la región visitarán los pueblos vecinos guiados por sus propios pares, en jornadas que combinan historia viva, patrimonio redescubierto y un baile que nadie se pierde.
Había una iglesia centenaria que nadie miraba. Un museo que los propios vecinos no habían pisado jamás. Una planta industrial que lleva décadas en la ciudad sin que sus habitantes la conocieran por dentro. No era ignorancia: era la trampa de lo cotidiano, esa sensación de que lo que está cerca no necesita ser descubierto.
Fue en una de esas reuniones mensuales de la mesa de turismo de Ansenuza donde el diagnóstico se volvió incómodo y compartido. Los referentes de cada municipio lo decían con distintas palabras, pero todos señalaban lo mismo: el patrimonio local no lo conoce nadie, y los primeros en desconocerlo son los propios vecinos.
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“Nadie valoraba la iglesia centenaria que tienen, nadie valoraba que el museo era único en su localidad, porque era como lo vemos todos los días y es más de lo mismo”, cuenta Marcelo Orieta, encargado de Turismo y Comunicación de Altos de Chipión, que fue uno de los primeros en apostar por una solución. La propuesta tuvo la elegancia de lo obvio: hacer que adultos mayores de cada pueblo recibieran a adultos mayores de otros, y que fueran ellos –con su memoria, sus anécdotas, su historia vivida- quienes mostraran lo que tiene su tierra. Así nació, en septiembre de 2025, “Memorias que viajan”.
La primera vez que vieron lo que siempre tuvieron
Cuatro localidades se animaron en esa primera edición: Altos de Chipión, La Paquita, Villa Concepción del Tío y Freyre. Lo que siguió superó cualquier expectativa. En Freyre, vecinos de toda la vida visitaron por primera vez la planta de Manfrey -una de las industrias más importantes de la región- sin haber tenido antes ninguna posibilidad de ingresar. En La Paquita, adultos que vivían a apenas 12 kilómetros de Altos de Chipión confesaron que nunca habían conocido su museo ni su iglesia. En Villa Concepción del Tío, mucha gente descubrió la existencia de un santuario con historia propia a metros de donde vivían.
Pero el impacto más inesperado fue el que recayó sobre los propios anfitriones. “Cuando les contaban la historia de la iglesia, de cómo se había construido, de lo que habían hecho los colonos de ese momento, hasta ellos mismos se sorprendían porque no sabían que había tenido todo ese proceso. Descubrieron que la iglesia cumplía 100 años”, recuerda Orieta. Enseñar, descubrieron, es también una forma de aprender.
Cada jornada congregaba entre 70 y 75 personas: unos veinte adultos por localidad visitante más los vecinos anfitriones que salían a recibirlos. “Hasta el día de hoy entre ellos se hablan por mensaje o se llaman, con esta intriga de cuándo vamos a empezar este año, para volver a verse, aseveró Orieta.
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Un cronograma para 14 pueblos
Cuando los viajes empezaron a circular en redes sociales, las consultas no tardaron. “Nos iban a dejar afuera, nos decían algunos”, recuerda Orieta entre risas. La demanda habló sola.
Para 2026, el programa salta a catorce localidades: Freyre, Morteros, Balnearia, Brinkmann, Miramar, Altos de Chipión, Marull, La Paquita, Seeber, Villa Concepción del Tío, Colonia Vignaud, La Francia y El Tío, estos dos últimos son los primeros municipios de la ruta 19 en sumarse. El cronograma corre de abril a noviembre/diciembre, con viajes organizados de a 3 o 4 localidades por salida. Los adultos mayores fueron muy claros al respecto: quieren seguir generando lazos, conocer gente nueva, volver a verse.
A la canasta, SUM, parlante y baile
La logística es tan sencilla como efectiva. Los viajes arrancan cerca de las 8.30, con llegada al destino antes de las 10. La localidad anfitriona aporta un Salón de Usos Múltiples (SUM), mesas, sillas y agua caliente. El desayuno y el almuerzo son “a la canasta”: cada participante lleva algo para compartir -empanadas, pizza, mate-, una manera de construir comunidad sin cargar el costo a los municipios, que sí aportan transporte y choferes.
Y hay un elemento que no se negocia. “Hay algo que no puede faltar: un parlante con música. Bailamos desde que llegamos hasta que nos vamos”, dice Orieta.
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El respaldo institucional llega de la mano de Gustavo Tévez, hoy director de la Casa de Jubilaciones, que acompañó varios de los viajes y cuyo apoyo fue, según Orieta, uno de los motores para animarse a escalar la iniciativa. La presentación oficial en San Francisco se realizará en los próximos días en la Casa de Córdoba.
“Los adultos mayores aprenden mucho en estos viajes”, resume Orieta, “y sobre todo nos enseñan a nosotros de su historia y de lo que traen con ellos en su memoria.” Eso, en definitiva, es lo que hace “Memorias que viajan”: devolverle la voz a quienes más tienen para contar, y devolverle los ojos a quienes dejaron de ver lo que tienen cerca.
