Judiciales
“Me sentía captada”: el duro testimonio que complicó a Argüello y al resto de los imputados
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La mujer, considerada por la fiscalía como una de las presuntas víctimas de trata de personas, declaró hoy en el juicio contra el pastor evangélico. Habló de miedo, control, aislamiento y falta de recursos para abandonar la comunidad. También aseguró que su hija era presionada para trabajar y que los integrantes debían obedecer las órdenes de Elías Argüello y Daiana Herrera.
CORDOBA (Corresponsalía)-. La tercera audiencia del juicio oral contra el pastor evangélico y youtuber sanfrancisqueño Elías Argüello dejó este miércoles uno de los testimonios más comprometedoras para la situación procesal de los acusados. Ante el Tribunal Oral Federal N°2 de Córdoba declaró LC, considerada por la fiscalía como una de las presuntas víctimas de trata de personas con fines de explotación laboral dentro de la organización Dimensión Cielo.
A diferencia de otros testimonios escuchados en las audiencias previas, la mujer describió un escenario de sometimiento psicológico, control cotidiano, aislamiento social y dependencia económica que, según relató, le impedían abandonar la comunidad. Su declaración involucró directamente no solo a Argüello sino también a Daiana Herrera (pareja de Argüello), Ricardo Matías Mercado, Maximiliano Mercado y Marcos Matías Burini, también juzgados en el proceso.
LC declaró sin la presencia de los imputados en la sala y en distintos momentos se mostró quebrada, especialmente al hablar de su hija de 10 años, con quien convivió dentro de la organización en una vivienda de San Francisco entre mayo y diciembre de 2019.
“Me sentía captada”, afirmó durante uno de los pasajes más fuertes de la audiencia.
La mujer explicó que llegó desde Córdoba para integrarse a la comunidad y que trabajó en “Barritas y Más”, uno de los emprendimientos vinculados a Dimensión Cielo junto a “Visiter 7”, “Costumbres Light” e “Inmobiliaria Ciudad”. Según declaró, vendía alrededor de “10 mil pesos por día” y todo el dinero era destinado al denominado “fondo común”.
“Hacía unos 10 mil pesos por día. Todas las noches se contaba la plata”, relató.
También sostuvo: “Era consciente que trabajaba para Elías. Teníamos que decir que éramos una comunidad con un fondo común”.
Según describió, nunca recibió una remuneración personal por ese trabajo y tampoco podía decidir libremente sobre gastos o compras. “A mí nunca me dieron paga de ese dinero. No podíamos comprar nada, no nos dejaban. Teníamos que consultar todo antes”, aseguró.
Uno de los ejes centrales de su declaración fue el miedo que, según dijo, condicionaba cada aspecto de la vida dentro del grupo.
“Yo tenía miedo, pero económicamente no tenía recursos para irme”, expresó ante los jueces.
LC sostuvo que progresivamente se fue alejando de su familia y de sus amistades. “Me alejé de mi familia, de mis amigos. Psicológicamente y físicamente tenía miedo”, señaló.
En otro tramo de su testimonio aseguró que dentro de la comunidad existían reglas estrictas de convivencia y obediencia. “No podía haber secretos entre nosotros. No podíamos hacer amistades fuera de nuestro entorno”, dijo.
Además identificó a Argüello como la máxima autoridad del grupo. “Elías era el único que daba instrucciones. Él era el enviado de Dios en la tierra y Daiana, la profeta. Ella también daba instrucciones”, manifestó.
La mujer también describió mecanismos permanentes de control. Indicó que en la vivienda había cámaras manejadas por Argüello y sostuvo que existía vigilancia sobre los integrantes de la comunidad.
En relación con la atención médica, declaró que no acudían a profesionales de la salud. “Si teníamos algún problema de salud, no íbamos al médico. La única que nos medicaba era Daiana por WhatsApp”, afirmó sobre Herrera, quien no es médica.
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Otro de los momentos más delicados de la jornada se produjo cuando LC habló de la situación de su hija. Allí se quebró frente al tribunal. “Elías dijo que ella debía trabajar en la producción, pero ella tenía que ir a la escuela. La querían hacer trabajar”, sostuvo.
También relató las condiciones de vida dentro de la vivienda. “Éramos seis personas durmiendo en una habitación”, recordó. Agregó que la niña “estaba encerrada casi todos los días, sin amigos” y que “solo podía escuchar música cristiana” y no usar celular.
Además, declaró que otras jóvenes vinculadas a la comunidad vivían en la casa del country Ayres del Golf, donde, según afirmó, “cuidaban a los hijos de Argüello y Daiana y hacían tareas de limpieza”.
Según indicó, tras salir de la comunidad la menor continúa con secuelas psicológicas. “Tiene ataques de pánico y está con tratamiento psicológico”, afirmó.
LC también describió episodios de maltrato verbal dentro del grupo y apuntó especialmente contra Herrera. “Daiana trataba muy mal a las chicas. Si bien el daño psicológico de Elías era grave, el maltrato verbal de Daiana también”, declaró.
Además aseguró que todavía hoy siente temor por algunas personas vinculadas a la organización. “Tengo miedo por algunas personas que decían que darían la vida por Elías, decían que venían del cielo”, manifestó.
En otro tramo recordó que Argüello consumía drogas. “Elías fumaba mucha marihuana y tomaba muchas pastillas”, dijo.
La mujer relató además cómo fue la salida definitiva de la comunidad. Según contó, tomó la decisión cuando advirtió que su hija estaba siendo influenciada por el grupo. “Me di cuenta que mi hija estaba siendo más captada que yo”, expresó.
Contó que abandonó la vivienda durante la madrugada junto a la niña y con ayuda externa consiguió dinero para viajar primero a Unquillo y luego a Buenos Aires, donde residía el padre de la menor.
“El día que me fui, Elías me dijo que si me iba tendría consecuencias. Él decía que ahora la comunidad era mi familia”, recordó.
También señaló que antes de abandonar la casa revisaron sus pertenencias. “Antes de salir de la casa me revisaron el bolso para asegurarse que no me llevaba nada”, declaró.
Según relató, existía además una regla de aislamiento respecto de quienes abandonaban el grupo. “Una vez que alguien dejaba la casa no podía hablar más con el resto de la comunidad. Teníamos que bloquear de todos lados al que salía”, indicó.
LC aseguró que desde un primer momento sintió situaciones extrañas dentro de la organización: “Desde que llegué a San Francisco todo me parecía raro, pero ya no tenía dónde regresar”.
También sostuvo que su familia intentó intervenir. “Mi familia sabía que estaba en un lugar raro, querían ir a buscarme, sacarme de ahí, pero yo no reaccionaba”, dijo.
Respecto del rol de los otros acusados, indicó que “los Mercado y Burini” manejaban el emprendimiento inmobiliario vinculado a la organización.
Otros testimonios
Durante la audiencia anterior había declarado otra testigo identificada como MK, alias “Samara”, quien ofreció una versión distinta sobre el funcionamiento de Dimensión Cielo. La mujer relató que se mudó desde Córdoba a San Francisco en 2019 luego de entablar una relación de amistad con Argüello y Herrera y aseguró que la convivencia comunitaria era voluntaria.
“Me gustaba el ambiente familiar, la comunión entre todos”, sostuvo. En esa jornada además declararon otras supuestas víctimas LP (alias “Ari”), MB (alias “María”), DSF (alias “Anita”) y EMA, en tanto que se acordó la incorporación por su lectura del testimonio de GF (alias “Josué”).
M.K. afirmó además que participaba de distintos emprendimientos comerciales y que existía un fondo común administrado entre varias personas. “Todos teníamos una cuenta bancaria de la que podíamos disponer para gastos personales”, dijo.
También negó haber sido captada para integrar la organización. “Se hablaba de captación, que Mercado me había llevado con Elías, pero ambos conocimos casi al mismo tiempo a Elías”, señaló.
La fiscalía, sin embargo, sostiene una hipótesis distinta. En el requerimiento de elevación a juicio, la fiscal federal María Marta Schianni acusó a Argüello de haber “captado, trasladado y acogido con fines de explotación” a distintas personas mediante engaños y manipulación vinculada a la salvación espiritual.
Según la acusación, las presuntas víctimas eran persuadidas para romper vínculos familiares, cambiar sus nombres y trabajar en emprendimientos ligados a la organización bajo extensas jornadas laborales, sin salario o con pagos mínimos y bajo control psicológico y religioso.
El juicio continuará la próxima semana.
