“Me jubilo y voy a vivir a las sierras”: ellos lo dijeron y lo hicieron
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En una etapa de la vida, es común escuchar esta frase. LA VOZ DE SAN JUSTO entrevistó a dos familias que decidieron dejar todo y mudarse a la tranquilidad de la montaña y el río, donde otro aire y proyectos los esperaba. Ellos son parte de una tendencia que revela que en los últimos 20 años, las sierras de Córdoba han crecido en habitantes por encima del promedio provincial.
"Cuando me jubile, voy a vivir a las sierras". Es un una frase común entre muchas personas que se acercan a la edad jubilatoria o simplemente transitan la mutad de su vida y quieren cambiar de aire.
En busca de tranquilidad, seguridad, contacto con la naturaleza, persiguieron un sueño y se mudaron adonde el aire tiene aroma de peperina, menta y lavanda.
Básicamente esta es la historia de Norma y Hugo y Graciela y Adelio.
Una nueva vida en Bialet Massé
"Aquí encontramos nuestra paz interior", expresa a LA VOZ DE SAN JUSTO Norma María Busso, de 61 años, mientras disfruta de un exquisito mate en el patio de su casa, a dos cuadras del centro de la localidad serrana de Bialet Massé, donde desde octubre de 2016 vive junto a su esposo, el oficial retirado Héctor Hugo Gallegos, de 60 años. Dejaron San Francisco, su casa de barrio Roque Sáenz Peña para cumplir el anhelo de vivir entre montañas y ríos.
Durante la entrevista, de fondo puede escucharse el canto de los pájaros, el tero y el ladrido de una perra que el matrimonio adoptó hace poco tiempo.
En su hogar de Bialet, también cerca del río Los Labios del Indio, Norma y Héctor encontraron la tranquilidad y la salud que buscaban. "Tengo un problema en las piernas y me cuesta mucho caminar, pero acá pareciera que el clima me ayudara a soportar mis dolores. Mi hija a veces me pregunta qué edad creo tener y yo siento que tuviera 20 años menos", confiesa Norma.
La mujer es muy creyente y a su oración religiosa diaria, se suman las energías de la naturaleza que, asegura, la acarician y alivian los dolores dela edad. "La vida acá es diferente. Me levanto temprano, rezo y medito mirando las sierras porque es un lugar lleno de energías positivas para nosotros. Agradezco esta posibilidad de vivir aquí. Hay muchos problemas de salud en la familia, pero en las sierras todo se vive distinto".
Agregra: "El paisaje desde mi casa, las aves, las plantas, todo es maravilloso".

En el barrio Suncho Huainco, en Cosquín, uno de los lugares que maravillan a Norma y Héctor
Nuevos aires
Hace 17 años que Héctor está retirado de la Policía de la Provincia de Córdoba y la idea de instalarse en las sierras siempre estuvo latente. "La idea era que cuando me jubilara, venía a vivir a algún lugar de las sierras de Córdoba; previo vender nuestra propiedad y poder comprar una casa aquí", relata el hombre, con la paz que le contagia el lugar que eligió para vivir otra etapa de su vida.
Dos de los cuatro hijos de la pareja también fueron a vivir a Bialet Massé y eso los terminó de convencer. "Hicimos la operación inmobiliaria de nuestra casa en San Francisco y listo, nos mudamos", recuerda Héctor.
De un día para el otro, los Gallegos vendieron su casa y se mudaron con su hija a Bialet, su "lugar en el mundo".
"Había suficientes motivos para mudarnos a las sierras. De mi parte -señala Héctor-, necesitaba cambiar de ambiente y Punilla era la zona ideal para mudarnos. Todo está cerca; tiene mucha belleza geográfica y me daba la tranquilidad que buscaba. Costó convencerla a Norma pero ahora ella está enamorada del lugar".
"Yo no estaba demasiado convencida en mudarnos, porque eran más de 34 años de vivir en San Francisco y había que dejar todo: la rutina, los amigos... Costó hasta que descubrimos que las sierras son un paraíso", afirma Norma.
"Somos muy andariegos. A la mañana nos levantamos, preparamos el mate y vamos por ahí. Siempre descubrís algo nuevo en las sierras", añade entusiasta.
Norma asiste a los talles de Cáritas y al coro de Cosquín y en los ratos libres, elaboran churros con una receta clásica de la familia, una delicia, que de tanto en tanto, ofrecen a los turistas.
En la actualidad, "en Bialet Massé viven cuatro veces más personas que hace cuatro años, tanto parejas mayores como jóvenes".
En temporada turística, "aprendimos a movilizarnos por las calles de tierra alternativas a las que hace la gente habitualmente y listo, no hay problema. En las sierras te olvidás de todo lo malo".
Según estadísticas de 2017, la población de las Sierras creció con la inmigración interna. En los últimos 20 años, las sierras de Córdoba han crecido en habitantes por encima del promedio provincial, sobre todo en las regiones de mayor desarrollo turístico. Traslasierra y Calamuchita fueron centro de ese fenómeno.

Graciela, su esposo Adelio y su hijo Emanuel, en La Falda
De Valtelina a La Falda
Graciela Visio, de 55 años, y Adelio "Chiqui" Mensa, de 60, viven desde hace seis años en barrio Parque Jardín, en pleno centro de La Falda.
Ellos decidieron dejar su negocio de ramos generales en el pueblo de Colonia Valtelina y se fueron a proyectar un nuevo futuro con un complejo de cabañas en Villa Giardino, a 6 kilómetros de su nueva casa.
"Seguimos trabajando pero es otra cosa en las sierras de Córdoba", cuenta Graciela.
Tanto ella como su marido disfrutan de una nueva vida en La Falda. "Al principio costó migrar, porque en Valtelina conocíamos a todos, pero cuando uno se muda, tiene que habituarse al lugar donde va".
La pareja encuentra en La Falda todas las comodidades y la cercanía del pueblo les permite trasladarse a Villa Giardino a manejar su emprendimiento familiar. "Vamos y venimos todo el tiempo. También tenemos cerca otros lugares como Capilla del Monte, San Marcos Sierras, La Cumbre y Cosquín".
Para Graciela, el lugar contribuye a su salud. "Sufro de alergias. Mi mamá era asmática y aunque hace 17 años que voy al médico, desde que vivo acá, hace seis, no sufro por mis alergias", narra a este diario.
Proyecto familiar
La familia Mensa está compuesta por Graciela, Adelio y su hijo Emanuel. El joven, un ingeniero soñador, siempre fue un apasionado del paisaje serrano y de muy chico deseó vivir allí. "Ema nos decía que cuando fuera grande, se iba a comprar un terreno en las sierras para tener su casa con nosotros, y así fue".
Emanuel se enamoró de una joven de La Falda y sus deseos se empezaron a materializar. "Ya estaba estudiando en San Francisco y su futuro parecía estar en la ciudad. Nosotros estábamos solos en Valtelina y no teníamos nada que perder; por eso nos propuso empezar un emprendimiento familiar en las sierras y aceptamos".
Los Mensa vendieron todo en Colonia Valtelina y viajaron más de 300 kilómetros hasta La Falda. "Invertimos en Giardino para las cabañas y nos compramos una casita en La Falda. Ahora cuesta que Ema nos visite seguido -viaja desde San Francisco- pero con el tiempo, vamos a vivir todos acá como una gran familia", relata Graciela.
Al aguardo de la jubilación, Graciela y Chiqui aconsejan las sierras para disfrutar la tercera edad. "Si la gente se jubila y quiere comprarse una casita en las sierras, que lo haga. Acá se puede sentar en la vereda, ver la gente pasar y disfrutar del clima. Las sierras son lindas en todas las estaciones del año y siempre hay algo nuevo por descubrir", dicen como mensaje final.
