Mateo, Francisco y un hormiguero de amistad
:format(webp):quality(40)/https://lvdsjcdn.eleco.com.ar/Media/202202/Imagec67e95d0b90246c1ba9b4ad7e16562a1.jpg)
Los adolescentes son dos auténticos científicos especializados en la crianza de hormigas, juntos quieren crear una colonia tan grande como el lazo de amistad que los unió a ellos.
Por Ivana Acosta | LVSJ
La curiosidad mueve a los grandes científicos, tal es así que el interés y la observación son dos valores promovidos por la ciencia que aparecen en la vida de estas personas y los marcan para siempre, sin que haya un tiempo determinado para ello. Un caso testigo es el de Francisco Boeri y Mateo Argenti dos chicos de 14 y 13 años que se convirtieron en especialistas de la crianza de hormigas.
Ellos dos, en un mundo tan inquieto donde todo es tan fugaz e incierto, ponen un freno para observar por breves lapsos de tiempo si los animales que están criando pusieron huevos, si la reina se quitó sus alas, si el tubo de ensayo donde las alojaron está limpio o darles de comer. Juntos comparten una amistad, la curiosidad, la afición por... ¡las hormigas!
"Empecé a criar hormigas viendo videos en YouTube de gente que las cuidaba y me interesó el tema, le pegué la manía a él y salimos a buscar hormigas", dijo Francisco entusiasmado mostrando sus tubos con diferentes reinas.
Mateo inició hace algunos meses su propia experiencia de criador, ahora tiene una hormiga reina en un tubo de ensayo con dos algodones, uno por donde come y el otro que le impide salir. Las sacó especialmente de su caja y cobertores para presentarla en sociedad, con gran orgullo, mientras espera saber si está fecundada y si de esos huevos saldrán las primeras habitantes de su colonia.
Sin embargo, los científicos no se hicieron en un día ni al primer intento. Los dos adolescentes debieron despedirse de sus primeras hormigas reinas cuando empezaron con esta actividad.
Mateo contó que antes de tener ese espécimen que muestra tenía otra la que descubrió que no estaba fecundada y por eso la liberó en la naturaleza. Francisco agregó que algunas mueren simplemente porque no están listas para poner huevos o no están fecundadas, tal como le pasó también a él en su primera aventura.

Crían y observan la evolución de la colonia.
El inicio de todo
Los chicos se hicieron amigos en la escuela, un día Francisco vio a una hormiguita volando y se le hizo raro verla con alas y entonces se le prendió la chispa de la curiosidad: "Me puse a investigar y encontré el canal 'El mundo de las hormigas' y empecé a criar mi primera hormiga que lamentablemente murió, eso es algo que les pasa a los principiantes". Su interés contagió a Mateo y así ahora los dos están intercambiando datos sobre sus experiencias.
Ellos ayudan no solo a que la colonia crezca, sino que vivan cómodas y en armonía. Por ejemplo, en la naturaleza su expectativa de vida es de 4 años, pero en un hormiguero de acrílico y con los cuidados necesarios pueden vivir hasta 6 años mientras la colonia se expande.
El secreto, contaron, es "tener a la reina en la oscuridad y en un lugar sin vibraciones para que no se alteren" y pasarlas en el momento justo a un hábitat más grande.
Nosotros nos fuimos y estos dos pibes se quedaron hablando de hormigas como antes se hacía con el intercambio de cartas, bolitas o tazos. Los mueve la curiosidad, la amistad y un deseo tan noble como el de Francisco que dijo: "Yo lo que quiero es que con una de todas las reinas tener un hormiguero masivo porque es algo bonito, es como criar canarios, pero en vez de criar canarios criás hormigas".

