Más que una simple etiqueta
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La ley puede ayudar a la educación alimentaria de la ciudadanía para decidirse por opciones saludables en las góndolas. Y, es posible, marque una tendencia para que la industria de los alimentos trabaje en mejorar la composición nutricional de sus productos.
La Cámara de Diputados de la Nación convirtió en ley el proyecto que obliga a los productores de alimentos envasados a incluir un esquema de etiquetado frontal con octógonos negros que adviertan sobre los excesos en materia de azúcares, sodio, calorías y de grasas saturadas y totales.
El proyecto establece que el sistema de advertencia nutricional contendrá las leyendas "Exceso en azúcar", "Exceso en sodio" o "Exceso en grasas saturadas", etc. Además, que los valores máximos de calorías, azúcares totales, grasas saturadas y sodio deberán cumplir con el perfil de nutrientes de la Organización Panamericana de la Salud (OPS) -aprobado en octubre de 2014-, que es justamente una herramienta para clasificar los alimentos procesados y ultraprocesados con exceso de nutrientes. Por lo mismo, la iniciativa prohíbe -entre otras cosas- toda forma de publicidad, promoción y patrocinio de los alimentos y bebidas envasados con al menos un sello de advertencia que esté dirigida especialmente a niños, niñas y adolescentes, así como la comercialización en escuelas, entre otras disposiciones.
Más allá de cuestionamientos puntuales, provenientes de algunas industrias alimenticias, es positivo que exista una ley que brinde información precisa a los consumidores respecto del contenido potencialmente perjudicial de algunos productos. El octógono negro se utiliza en numerosas partes del mundo y ha tenido mayoritaria repercusión positiva, aun cuando en algunas latitudes no estuvo exento de polémicas.
Esta estrategia se ha implementado de manera obligatoria en muchos países de la región, como Chile, Ecuador, México, Uruguay y Brasil, aplicando distintos modelos de perfiles nutricionales y con resultados en su mayoría positivos, aunque con algunas particularidades. En el país trasandino, por ejemplo, luego de casi una década de vigencia de la norma, se destacó que las compras de bebidas y cereales azucarados disminuyeron un 25% y un 9% respectivamente. En Perú, como contrapartida, una investigación determinó que el 70% de los colegios seguían vendiendo este tipo de alimentos, lo que significa que no se cumplía la norma.
Precisamente, la anomia que desde hace tiempo caracteriza a la sociedad Argentina puede constituirse en un obstáculo para el éxito esta ley favorable a una nutrición correcta. Una norma que, además, podría haberse completado mejor abriendo el juego a otras leyendas para brindar más información al consumidor. Por ejemplo, en el mercado ecuatoriano los productos tienen un sistema de semáforo que indica mediante color "Alto en azúcares", "Bajo en grasas saturadas", dando un panorama quizás más completo.
De todos modos, la ley sancionada es un avance trascendente en materia de información nutricional. Y así debería ser valorada por la población en sus decisiones de compra. El octógono negro sería más que una simple etiqueta. Puede ayudar a la educación alimentaria que debe poseer la ciudadanía para decidirse por opciones saludables en las góndolas. Y, es posible, marque una tendencia para que la industria de los alimentos trabaje en mejorar la composición nutricional de sus productos.
