Marta construye sueños propios y ajenos con sus manos de carpintera
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Marta Linarez la rompe trabajando la madera hace unos 20 años en el taller que comparte con su mentor y marido en barrio Jardín. Ahí todos saben dónde vive esta madre, ama de casa, empleada doméstica y señora carpintera.
Por Ivana Acosta | LVSJ
La familia de Marta Linarez viene del campo, ella única mujer en su familia está acostumbrada a los trabajos pesados y al aprendizaje permanente, nunca le hizo asco a nada como se dice popularmente. Hace unos 20 años se dedica a trabajar como carpintera en el taller y casa de familia que tienen en barrio Jardín, allá al fondo en Juan Díaz de Solís.
Su familia se completa con cuatro hijos y su esposo Héctor que tiene el mismo oficio desde hace varias décadas y un día dejó la fábrica en que estaba empleado para ser independiente. Trabajo nunca le faltó por suerte ya que su especialidad son los muebles, pero un día vino un encargo diferente y él estaba desbordado, miró a su compañera de vida e hizo una propuesta que transformó todo.
"Un día vino una señora que le pidió un trabajo a él (por Héctor) y como tenía mucho me preguntó si quería hacerlo. Me enseñó y me ayudó siempre y así empecé", contó Marta todavía sorprendida porque su historia se hizo popular gracias a una amiga del barrio.
Como la vida de muchas mujeres la de esta carpintera está dividida en el ejercicio de varios trabajos. Aparte del taller también va tres veces por semana a limpiar a una casa de familia y por supuesto que también atiende la suya propia.
Su rutina es ajetreada, pero disfruta de cada una de las tareas que realiza porque cada una emplea un desafío de organización notable: "La mayoría de las veces la mañana si tengo mucho trabajo hago una comida rápida, salgo a hacer los mandados y me pongo en el galpón a trabajar. A veces les pido que compren ya para comer, y ahora uno de mis hijos me ayuda mucho con el almuerzo, le estoy enseñando para que aprenda. A la tarde tengo todo el tiempo para trabajar en el taller haciendo mis cosas o ayudándolo a él".

Las máquinas aprendió a usarlas con la guía de su esposo pero también con gran agudeza visual (Manuel Ruiz / LVSJ)
Dos décadas atrás
A ciencia cierta la mujer no recuerda la fecha exacta en que ese pedido de realizar cajas de madera le fue ofrecido por su esposo, lo que sí sabe es que "empezó a practicar la carpintería hace muchos años, más de 20".
Héctor se dedica a trabajar la madera en cosas más grandes y ella le siguió el paso a su enseñanza y así no solo cumplió con ese encargo, sino que tiene su propia clientela y cuando no hay un pedido está trabajando con su esposo.
"Ahí empecé con sus sugerencias y apoyo y hoy trabajamos los dos en el galpón, a veces hay algunos chisperíos como en todo trabajo. - dijo entre risas cómplices con el hombre - Empecé a hacer lo mío, manualidades, y también le ayudo a él con los muebles. Aprendí mirando y con lo que me enseña todo el tiempo".
Primero fueron cosas chicas allá por el año 2000, le siguieron trabajos en negocios y así armó su clientela. En ese momento por ejemplo estaba con juegos didácticos de madera, cajas y en el galpón tiene porta macetas casi listos.

La mujer se le anima a pequeños y grandes proyectos
Paciencia
Nunca antes había hecho algo así Marta, pero le agarró cariño a este trabajo de carpintería, ella siempre se había identificado con estas tareas que parecen rústicas y sus años de vida en el campo antes de casarse y ser madre le ayudaron mucho.
"La señora donde trabajo siempre me pide que le enseñe. Todo el tiempo disponible trabajo con él o en los encargos que siempre aclaro no pueden ser con una fecha precisa cuando son grandes porque tengo el otro trabajo, hacer los mandados, la comida, mantener la casa", enumeró.
Su ventaja es que el taller está en la propia casa así que cuando se cansan con Héctor comparten los mates, se ponen al día con presupuestos y diagraman lo que resta hacerse, amén que ella también lleva adelante desde siempre todo lo administrativo del negocio.
Marta es una señora muy sencilla, fuerte e independiente. Su trabajo, perdón, sus trabajos la mantienen muy activa y con cada uno de ellos es feliz, no obstante, la madera es algo que le da una sensación indescriptible. Siente satisfacción con cada trabajo terminado, se apasiona cuando empieza sus obras y no se olvida de lo fundamental que es prestar atención a los detalles.

Héctor le pidió ayuda y ella empezó después su propio camino como carpintera.
