Historias de Liga
Mariano “Mono” Medina: el central que hizo del fútbol una forma de estar en el barrio
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De Estrella del Sur a Sportivo, con La Florida en el corazón. "Mono" fue central durante casi 20 años y vivió el crecimiento del fútbol regional desde adentro. Recuerdos, nombres propios y una mirada crítica sobre el presente.
Por Leonela Zapata.
No se considera famoso. Al contrario. “Yo no soy famoso”, dice casi como si pidiera disculpas antes de empezar. Pero ahí está justamente el valor de su historia. La de un jugador de liga, de interior, de barrio. De esos que no salen en la televisión, pero que sostuvieron durante años el fútbol de la región.
Su recorrido empezó en Estrella del Sur, cuando la cancha estaba frente al Chapulín. “Ahí empecé, a los siete y jugué hasta los trece”, recuerda. Era la categoría ’75, la misma de Diego Garay, José Bulacio, Sergio Gandino, el “Kelo” Vélez, Ariel Márquez, los hermanos Bono, Ariel Giordano. Un equipo que se acostumbró a ganar. “Nosotros salimos campeones todos los años del Baby menos uno”, cuenta. Ese año Garay se fue a San Juan y terminaron terceros. Después volvieron a levantar copas, incluso en el clásico torneo de Freyre y en el Nacional. “La categoría setenta y cinco”, dice, y en esa frase cabe toda una generación.
A los 13 pasó a La Florida, el club con el que terminaría construyendo su identidad. Allí debutó en Primera con apenas 15 años. “Debuté en primera cuando tenía quince para dieciséis”, dice. Eran tiempos de Liga Amateur, de vestuarios con tipos grandes y experiencia acumulada. Al principio jugó de lateral, pero pronto encontró su lugar definitivo: “Yo jugaba de dos. De central”.
En ese plantel compartió equipo con Ricardo Benedetto, Julio Heredia, “Chocolate” Vivas, Américo, Julio Domínguez. “En ese tiempo eran todos jugadores conocidos”, recuerda. Él era el más chico, el que aprendía mirando, el que tenía que ganarse el lugar a fuerza de firmeza y silencio.
Luego llegó el paso por Florida de Clucellas, en la Liga Rafaelina, donde jugó un año en la A y otro en la B. Después regresó a La Florida hasta que, a fines de los ’90, dio un salto importante: Sportivo Belgrano.
En la “Verde” vivió una etapa intensa. Jugó el último año en la Liga Cordobesa —cuando el equipo peleaba por sostener la categoría— y el primero en la Liga Regional, donde fueron campeones. También disputó dos Argentinos B. Compartió vestuario con Juan Pablo Francia (que tenía apenas 15 años), Marcelo Frócil, “Pez” López, Luis Mansilla, Kity Cortez, la “Mosca" Casado, el “Loco” Posetto y Ariel Lencinas. “Juampi era re chico cuando empezó a jugar, apenas lo pusieron en primera”, recuerda.
No era el Sportivo de hoy. “Creció una barbaridad”, reconoce. “Es un club muy importante, muy representativo de la ciudad”. Hoy es socio y va a la cancha cada vez que puede. “Es el lugar donde todos los chicos quieren jugar”, dice.
Después de Sportivo, su carrera siguió el camino clásico del futbolista del interior: Antártida Argentina, Villa del Tío, Freyre, Porteña, Expreso del Trébol. En Antártida compartió plantel con “Plumero” Beldomenico, el “Bolita” Argentero, “Bachicha” Diale, Mariano López del Cerro, Darío Jiménez, el “Negro” Hidalgo, Luis Mansilla. “Jugué hasta los 33 o 34 años. Habré jugado como 19 años en primera”, calcula.
Siempre de central. Siempre en el fondo. Siempre cumpliendo.
Pero si hay una camiseta que lo define es la de La Florida. “Yo siempre fui de La Florida. Soy hincha de La Florida y simpatizante de Sportivo”, resume. Vivió toda su vida en barrio Hospital, a pocas cuadras. El club era parte del paisaje cotidiano, del camino de ida y vuelta, de las tardes de entrenamiento.
Cuando habla del presente del fútbol, el tono cambia. Se vuelve más reflexivo. “A esos clubes los mató cuando empezó la Regional”, analiza. Los costos crecieron, las exigencias también. “La Liga Amateur era otra cosa, era todo a pulmón. Rifas, locros, polladas”. Hoy, en cambio, el fútbol es más caro y más estructurado.
Le preocupa, sobre todo, el lugar de los chicos. “Antes nosotros no pagábamos un peso. Hoy tenés que ser socio y pagar 40, 50, 60 mil pesos”, dice. Y agrega: “Hay muchos chicos que se quedan en el camino”. No es nostalgia vacía, es la mirada de alguien que vio cambiar el sistema desde adentro.
También entiende que los tiempos son distintos. “Antes teníamos más entusiasmo. Había menos distracciones y más ganas de ir a entrenar. Hoy el colegio es más demandante, tienen menos tiempo. No es fácil para nadie”.
Fuera de la cancha, la vida siguió su curso. Hace 25 años que tiene un kiosco sobre el Interprovincial y desde hace cinco trabaja en la Municipalidad. El fútbol ya no ocupa los domingos como antes, pero sigue estando. En la charla con los clientes, en la tribuna cuando juega Sportivo, en los recuerdos que aparecen sin buscarlos.
Mariano “Mono” Medina recorrió casi dos décadas en Primera, pasó por varias camisetas y fue parte de equipos que marcaron época en la liga. Siempre desde el mismo lugar: el fondo de la defensa, el puesto que exige firmeza, lectura y carácter.
En una liga donde muchos nombres se mezclan con el paso del tiempo, quedan las trayectorias. La suya es la de un jugador que empezó en una cancha de barrio, que fue campeón con su categoría, que defendió clubes de la región y que nunca perdió el vínculo con el fútbol. A veces, eso es más que suficiente.
