Bochas
María del Carmen Almada, una vida dedicada a las bochas
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A los 52 años, María del Carmen Almada es una de las referentes indiscutidas de las bochas en San Francisco. Su historia deportiva se construyó lejos de los flashes, a base de constancia, años de competencia y un vínculo con el juego que nació temprano y nunca se interrumpió. Más de cuatro décadas dentro de la cancha la convierten en una de esas figuras que sostienen la tradición bochófila de la ciudad, atravesando generaciones, clubes y etapas muy distintas del deporte.
Su primer contacto con las bochas no fue en una cancha formal ni bajo el marco de la competencia federada. Fue en el campito, siendo apenas una niña, acompañando a sus padres a campeonatos recreativos. En ese contexto, casi como un juego familiar, empezó a tirar las primeras bochas, sin imaginar que ese gesto simple marcaría el rumbo de toda su vida deportiva.
El salto a la competencia oficial llegó en la adolescencia. A partir de allí comenzó un recorrido que la llevó por distintos clubes de la ciudad, siempre vinculada al desarrollo federado de la disciplina. Sportivo Belgrano fue su punto de partida formal, luego continuó en San Isidro y, tras el cierre de la cancha de esa institución, encontró continuidad en Unión, donde sigue compitiendo en la actualidad. Ese recorrido, sostenido en el tiempo, es reflejo de una carrera sin interrupciones, marcada por la permanencia y la adaptación.
Desde sus primeros años, la modalidad individual se transformó en su espacio natural dentro del juego. Allí encontró el formato que mejor expresa su carácter competitivo y su manera de plantarse dentro de la cancha. “Yo soy bochadora”, dice, con una definición breve que sintetiza su identidad deportiva y su principal virtud: el bochazo, ese tiro que requiere precisión, decisión y templanza.
Los resultados acompañaron ese camino. A lo largo de su trayectoria, María del Carmen acumuló títulos provinciales en parejas y tríos, además de actuaciones consistentes a nivel nacional. El subcampeonato argentino logrado en 2014 aparece como uno de los hitos más importantes, pero no el único. También hubo participaciones destacadas en torneos disputados en distintas provincias del país, con presencias frecuentes en instancias decisivas, semifinales y cuartos puestos que ratificaron su regularidad competitiva.
Entre esos logros, sobresale además una experiencia poco habitual dentro de la disciplina: su participación en torneos masculinos, donde incluso logró quedarse con un campeonato individual. Un dato que habla de una personalidad competitiva que nunca reconoció límites impuestos y que siempre respondió dentro de la cancha, sin estridencias ni discursos grandilocuentes.
Detrás de cada torneo, sin embargo, aparece una realidad conocida en el mundo de las bochas. Viajes largos, estadías, traslados y gastos que, en muchos casos, deben ser afrontados por los propios jugadores. “Hay veces que tenemos que financiar nosotros”, resume, al describir una situación que atraviesa a gran parte de la disciplina y que pone en valor el compromiso de quienes la sostienen.
Esa lógica del esfuerzo también atraviesa su historia fuera del deporte. Desde muy chica trabajó junto a su familia en actividades comerciales vinculadas al ámbito rural y, con el paso del tiempo, continuó desempeñándose de manera independiente. “Cuando era chica Íbamos con mi papá y mi mamá en una jardinera, salíamos a los campos, comprábamos bidones, todas esas cosas. Ya de grande siempre trabajé por mi cuenta” sostiene.
Durante años recorrió distintos pueblos realizando operaciones de compra y venta, manteniendo siempre una rutina laboral paralela a la competencia deportiva. Una constancia que explica, en parte, la solidez de una carrera construida sin pausas.
En el plano personal, su vida también estuvo marcada por un cambio profundo. Es mamá de corazón de Paulina, una niña que llegó a su vida siendo muy pequeña y que hoy tiene 11 años. “Me cambió la vida”, afirma, al hablar de una experiencia que redefinió prioridades y rutinas. Paulina tuvo su primer acercamiento a las bochas en la escuelita, un gesto que refuerza el vínculo entre generaciones y deja abierta la posibilidad de continuidad.
Al repasar su historia deportiva, aparece inevitablemente el recuerdo de una tradición hoy desaparecida: los premios en oro. Medallas que en su momento formaban parte de los torneos y que hoy serían impensadas. “Yo sabía ganar medallas de 10 o 12 gramos de oro”, evoca, al referirse a una época en la que el reconocimiento tenía un valor simbólico y material muy distinto, y que hoy forma parte de la memoria grande del deporte bochófilo.
Ese recorrido tuvo un nuevo reconocimiento recientemente, cuando fue distinguida con el premio San Francisco de Asís a la mejor jugadora de bochas de la ciudad, durante la Fiesta del Deporte 2025 organizada por el Círculo de Periodistas Deportivos de San Francisco. La distinción no fue una novedad en su trayectoria: ya había recibido el mismo galardón en 2014, tras su actuación a nivel nacional. “Me puso muy contenta”, admite, consciente del peso que tiene ese reconocimiento en una ciudad con fuerte tradición bochófila.
La confirmación de que San Francisco será sede del Mundial de Bochas en 2027 despertó en ella una alegría especial. “Fue una alegría enorme”, confiesa, destacando el valor histórico de que el máximo evento de la disciplina se juegue por primera vez en la ciudad. Más allá de cualquier expectativa personal, celebra el impacto que tendrá para el deporte local y para quienes lo sostienen desde hace décadas.
Pensando en lo inmediato, María del Carmen ya proyecta su participación en el Provincial +50 que se disputaría en San Francisco, uno de los grandes objetivos del año. Con más de 40 años dentro de la cancha, sigue siendo un ejemplo de constancia, compromiso y pasión silenciosa. Su historia no se explica solo en títulos o premios, sino en la permanencia, en la fidelidad al juego y en esa manera de sostener a las bochas desde el hacer cotidiano, generación tras generación.
